20 septiembre 2010

José Antonio Labordeta ya no camina despacio por los días…


José Antonio Labordeta ha muerto en Zaragoza esta madrugada, la del 19 de septiembre de 2010, día en que el transeúnte comienza a escribir este modesto homenaje a ese hombre que no ha sido únicamente un poeta, un cantautor, un político, un andariego, sino que, genio y figura, ha traspasado con la humildad y la dignidad que siempre le caracterizaron el umbral a través del que se llega a la auténtica libertad, aunque no aquella que él deseó tanto y reivindicó con la palabra y la voz.

El transeúnte, privilegiado una vez más, tuvo ocasión de estar presente en el multitudinario y emotivo homenaje que se le rindió en el monasterio de Veruela con motivo del IX Festival Internacional de Poesía del Moncayo, el último día del pasado mes de julio. De ello dejó constancia en La Nausea, ese río de cultura que hacen fluir sus buenos amigos Marian Raméntol Serratosa y Cesc Fortuny i Fabré (ved aquí su crónica).


Momento final del homenaje a J. A. Labordeta en la iglesia del Monasterio
de Veruela, el 31 de julio de 2010. De izquierda a derecha: junto a
la fotografía de Labordeta que presidió el homenaje, el cantante Paco Ibáñez,
el poeta Ángel Guinda, el cantante y guitarrista Luigi Maráez, la cantante
catalana Marina Rosell, el cantante aragonés Pablo Guerrero, el poeta
argentino Carlos Vitale y el poeta estonio Jüri Talvet, entre otras personas.

(Foto © Albert Lázaro-Tinaut)

Nacido en Zaragoza el 10 de marzo de 1935, “en el seno de una familia pequeño-burguesa e ilustrada; en mi casa igual se leía a Virgilio que a Lautréamont” –según dice él mismo en su “Autorretrato”–, José Antonio Labordeta, hermano del poeta Miguel Labordeta (1921-1969),
supo mirar sin resentimientos hacia el pasado con la intención de entenderlo y de entender el mundo en el que se ubicaba, al mismo tiempo que procurando entenderse a sí mismo, y ese acto de introspección, individual y colectiva, es el que le permitió lanzarse hacia un futuro prometedor y superador tanto del pasado limitador como del presente limitado”, como afirma uno de los estudiosos de su obra, Mario Ruiz Arganda [1], quien añade que la voz del poeta se convierte así en un testimonio, personal y colectivo, comprometido y solidario, de lo cotidiano.
Caricatura de J. A. Labordeta por Gusi Bejer,
publicada en El Cultural (8 de febrero de 2007).


Comprometido y solidario son, en efecto, los adjetivos que mejor definen la personalidad de José Antonio Labordeta. Compromiso y solidaridad, además de sensibilidad y amor, son las cualidades que transmiten sus poemas, sus canciones, esa obra suya de la que se han apropiado legítimamente las gentes de su querido Aragón que tanto le quieren (así, en presente), como quedó de manifiesto en el homenaje al que el transeúnte ha aludido.

Eso lo refleja muy bien Antón Castro en el texto que escribió a modo de prólogo en la antología de Labordeta Mal de amor. Canciones [2] al referirse a sus años mozos, cuando en la década de 1950 participaba con su hermano Miguel y otros poetas en las reuniones de la Peña Niké de Zaragoza, cobijo de artistas, periodistas, escritores e idealistas, entre ellos Vicente Cazcarra (1935-1998), que más tarde sería secretario general del Partido Comunista de Aragón. Dice Antón Castro que José Antonio Labordeta “lucía ya bigote y la gallardía de un viejo campesino: cantaba alto y fuerte. Cantaba por todos: era voz, eco y estandarte. Era el profeta en el viento muy a su pesar, porque siempre se ha confesado inseguro de casi todo, un dudante que ni quería construirse una trayectoria ni sabía qué iba a hacer mañana”.


J. A. Labordeta en un acto político
a finales de la década de 1970.

Sin embargo, J. A. Labordeta –un cascarrabias irónico, como él mismo se definió– jamás compartió las supuestas virtudes del comunismo, sino que acabó decantándose por un socialismo de algún modo utópico, sin la menor sombra de leninismo: de esas ideas nacería, primero, el Partido Socialista de Aragón (1976) y, más tarde, la Chunta Aragonesista, por la que fue elegido diputado en Madrid los años 2000 y 2004.

En el Congreso de los Diputados demostró sus firmes convicciones democráticas, que le llevarían a enfrentarse verbalmente, en marzo de 2003, con los parlamentarios del Partido Popular –entonces en el poder, con José María Aznar como presidente del gobierno– cuando desde los escaños de esa formación política empezaron a burlarse de él; lo hizo espetándoles tres palabras contundentes que se han hecho famosas: "¡A la mierda!" (es interesante a este respecto el artículo que publicó más tarde Juan Cruz en el diario El País; véase aquí ese artículo y aquí, el vídeo de la célebre intervención parlamentaria de Labordeta).


Viñeta firmada por Carlos Azagra, publicada por El Periódico
de Aragón
, que alude irónicamente la intervención
de J. A. Labordeta en el Congreso de los Diputados
de Madrid el 5 de marzo de 2003 y, a la vez,
a su rechazo del régimen franquista.

“¿Cómo y por qué se hizo cantante?”, se interroga retóricamente Antón Castro en el prólogo citado, y explica que cuando el rey Juan Carlos le preguntó de dónde le venía eso de ser cantautor, Labordeta le contestó, no sin ironía: “Ya ve, de cantarles a las chicas de la Sección Femenina en un alberge de Canfranc” [3].


El presidente del Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias,
deposita la Medalla de Aragón, a título póstumo, sobre
el féretro de José Antonio Labordeta en la capilla ardiente
instalada en la Palacio de la Alfajería de Zaragoza.
(Foto: EFE / Heraldo de Aragón)

Poco más añadirá el transeúnte en esta crónica de urgencia: sólo transcribe los versos de tres de las canciones más populares de José Antonio Labordeta [4], convertidas por los aragoneses en auténticos himnos a su áspera tierra, acompañados de enlaces a sus respectivas audiciones.

Albada [audición]

Adiós a los que se quedan,

y a los que se van también.

Adiós a Huesca y provincia,

a Zaragoza y Teruel.


Esta es la albada del viento,

la albada del que se fue,

que quiso volver un día

pero eso no pudo ser.


Las albadas de mi tierra

se entonan por la mañana,

para animar a las gentes

a comenzar la jornada.


Arriba los compañeros

que ya ha llegado la hora

de tener en nuestras manos

lo que nos quitan de fuera.


Esta albada que yo canto

es una albada guerrera,

que lucha porque regresen

los que dejaron su Tierra.

(De Cantata para un país, 1979)


Banderas rotas [audición]


He puesto sobre mi mesa

todas las banderas rotas,

las que nos rompió la vida,

la lluvia y la ventolera
de nuestra dura derrota.


Rota permanece aquella

que levantamos al cielo

pensando que la justicia

crecería como un vuelo
de gaviotas en el mar

y vimos cómo al final

sólo nos quedó el recuerdo

de un mástil desarbolado
y unos jirones de tela

rotos por el vendaval.


He puesto sobre mi mesa…


Rota permanece aquella

que ponía libertad

y que aupamos convencidos

que al terminar la batalla

ésta íbamos a ganar;

pero todo fue una amarga

e inútil desesperanza

cuando vimos que las huellas

de los grilletes dejaban

duras marcas sin borrar.


He puesto sobre la mesa…


(De Trilce, 1989)



Canto a la libertad [audición]


Habrá un día en que todos
al levantar la vista

veremos una tierra

que ponga libertad.


Hermano, aquí mi mano,

será tuya mi frente,
y tu gesto de siempre

caerá sin levantar

huracanes de miedo

ante la libertad.


Haremos el camino

en un mismo trazado,

uniendo nuestros hombros

para así levantar

a aquellos que cayeron

gritando libertad.


Habrá un día en que todos…


Sonarán las campanas

desde los campanarios

y los campos desiertos

volverán a granar

unas espigas altas

dispuestas para el pan.


Para un pan que en los siglos

nunca fue repartido

entre todos aquellos

que hicieron lo posible

para empujar la historia

hacia la libertad.


Habrá un día en que todos…


También será posible

que esa hermosa mañana

ni tú, ni yo, ni el otro

la lleguemos a ver;

pero habrá que empujarla

para que pueda ser.


Que sea como un viento

que arranque los matojos

surgiendo la verdad,

y limpie los caminos

de siglos de destrozos

contra la libertad.


Habrá un día en que todos…


(De Recuento, 1995)



[1] José Antonio Labordeta: Hundiendo en las palabras la huella de los labios. Poesía y canción. Edición literaria de Mario Ruiz Arganda. Tarazona, Olifante, 2010.

[2] José Antonio Labordeta: Mar de amor. Canciones. Edición de Antón Castro. Tarazona, Olifante, 2010.
[3] La Sección Femenina fue una rama del partido Falange Española (el único tolerado por el régimen franquista, ya que era afín a su ideología), creada en 1934 por Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, y oficializada por el general Franco en 1937 para crear el Servicio Social de la Mujer, equivalente al servicio militar obligatorio para los hombres. Todas las jóvenes españolas debían pasar un período de instrucción en dicho Servicio para convertirse en “buenas patriotas, buenas cristianas y buenas esposas”. Esa obligación quedó derogada en 1977. En la localidad pirenaica de Canfranc, al norte de Aragón, había uno de los numerosos albergues destinados a las muchachas que cumplían el “Servicio Social”.

[4] Las letras de estas canciones están reproducidas de la edición de Antón Castro antes mencionada.


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14 septiembre 2010

Las “máquinas” de energía positiva y la irónica provocación de Mihael Milunovic

Mihael Milunovic con su obra Sucesión (2007),
en chapa de abedul y acero inoxidable.

El pasado día 10, el transeúnte tuvo el privilegio de vivir una experiencia extraordinaria: amablemente invitado por la Fundació Vallpalou de Lleida –creada en julio de 2008 por la pintora Teresa Vall Palou–, pudo permanecer todo el día en la sede de aquella entidad artística y convivir tanto con algunos miembros del Patronato (Teresa Vall Palou, Joan-Francesc Ainaud, Joan Marí) como con el artista que inauguraba aquella tarde su exposición Accumulate / Acumular, Mihael Milunovic, y el prestigioso historiador del arte húngaro Lóránd Hegyi, director del Musée d'art moderne de Saint-Étienne Métropole (Francia), que actuaba como presentador del artista y de su obra (es elogiable la tarea de L. Hegyi como divulgador del arte contemporáneo de la Europa central y oriental).

Fue una experiencia única para el transeúnte ver, mientras mantenía una conversación con él, cómo Milunovic acababa de montar sus objetos de cobre y vidrio –“máquinas buenas”, las denomina–, que poco a poco iban adquiriendo las formas con que las había concebido.

Las cuatro "máquinas buenas" de Milunovic.

Pese a que firma sus creaciones simplemente como Milunovic, Mihael Milunović (que es su nombre escrito correctamente con la grafía serbocroata) es un artista polifacético nacido en Belgrado en 1967, en el seno de una de las innumerables familias mixtas que se habían formado en la antigua Yugoslavia (padre montenegrino, madre croata y algo de sangre albanesa, dijo cuando el transeúnte le preguntó cuál consideraba que era su nacionalidad: “Soy belgradense; el país donde nací ya no existe, no me siento vinculado a ningún grupo étnico”). Se formó artísticamente en la Academia de Bellas Artes de la Universidad de Belgrado (1987-1995) y finalizó sus estudios de especialización en la École nationale supérieure des Beaux-Arts (ENSBA) de París cuando en 1995, después de la guerra en el espacio ex yugoslavo, se estableció en Francia. Ahora reside en Bruselas, aunque viaja con frecuencia a Belgrado y ha expuesto sus obras tanto allí como en otras ciudades de Serbia.

Pulmones mecánicos (2009),
tinta sobre papel.

Milunovic, que hizo su primera exposición individual precisamente en Belgrado, en 1995, y que más tarde ha presentado su obra en numerosos países, es un auténtico artista poliédrico. Después de haberse dedicado inicialmente a la pintura, ha experimentado con la escultura, el dibujo, la fotografía, las instalaciones, el sonido, el vídeo y los objetos –las “máquinas”–, y ha seguido una trayectoria muy coherente que, a primera vista, puede parecer difícil de interpretar, sobre todo a quienes no estén algo familiarizados con la historia y las diversas realidades político-sociales de los países que durante más de cuatro décadas estuvieron sometidos a regímenes comunistas.

“Tout pour moi devient allégorie” (‘para mí todo se hace alegoría’), afirmaba en su primera época belgradense, cuando aún se dedicaba a la pintura, siguiendo el motivo poético de Baudelaire cuando se refería a los viejos faubourgs parisinos, y permanece fiel a esa idea, aunque la alegoría inicial tenga ahora otros matices: la política, las ideologías, las religiones, el consumismo y, sobre todo, los símbolos, son severamente cuestionados en su obra más reciente, lo cual convierte al artista en un provocador, un crítico implacable de todo lo que nos rodea y que constituye la gran mentira global (para usar la terminología generalizada en nuestros días) con la que se manipula a las masas, tanto políticamente como potenciando los impulsos consumistas.

Instalación Límites (2007), chapa, cables eléctricos y neón.

Como dice muy acertadamente Joan-Francesc Ainaud en uno de los textos que aparecen en el catálogo de la exposición, en las obras de Milunovic podemos percibir un denominador común: “la transgresión de los límites y tabúes para establecer un diálogo crítico con su (y nuestro) contexto moral, filosófico e histórico”. Y eso se manifiesta en algunas de sus creaciones “mediante una deconstrucción subversiva de la simbología nacional (escudo, emblema, signo)”, simbología sobre la cual, y sobre el uso que hace de ella el poder político, apropiándosela, el artista ironiza.

Por eso, y con pretendidos efectos “taumatúrgicos”, Milunovic crea (siempre irónicamente, pese a aparentar cierta credulidad) y presenta por primera vez en esta exposición cuatro “máquinas buenas” de pequeñas dimensiones (unos 50 centímetros de altura; unos objetos que podrían equivaler a aquellos iconos o imágenes de santos portátiles en pequeños armarios hechos a medida, que en este caso son recipientes de vidrio transparente) y de funcionamiento simbólico: Captor, Acumulador, Generador y Conspirador. Todos ellos, según él, transmisores de energía positiva.

Conspirador (2010),
cobre, vidrio y aluminio.

Lóránd Hegyi se refiere, en el mismo catálogo, al radicalismo de Milunovic con imágenes y objetos que producen un impacto emocional en el espectador, pero insiste en el hecho de que también “lo enfrentan a incómodas y provocadoras referencias procedentes de la historia y la política, la religión y la mitología, los contextos ideológicos y el onírico simulacro de la vida cotidiana de las nuevas sociedades de consumo”, y añade que “evidentemente, él trabaja con narrativas típicas de las llamadas experiencias poscomunistas, narrativas que cobran una determinación específica en la situación postyugoslava y posiblemente sean aún más confusas debido a que al público occidental le cuesta seguir sin dificultad la sofisticada estructura de citas y referencias a la historia y la política contemporáneas de la Europa central y del Este”.


Presentación de la exposición durante el acto inaugural,
el 10 de septiembre de 2010. De izquierda a derecha:
Joan Marí, director de la Fundació Vallpalou;
Lóránd Hegyi; Joan-Francesc Ainaud, director
artístico de la fundación, y Mihael Milunovic.

Desde este reiterado punto de vista, precisamente, al transeúnte le parece interesante la aproximación que nos propone Mihael Milunovic a estas concepciones, que poco tienen que ver con los estereotipos que se nos han presentado a menudo de aquellas sociedades que hasta hace poco más de veinte años constituían la “otra Europa”; una parte considerable del continente que se aproxima a nosotros, con muchas dificultades pero decididamente, y que hemos de entender si queremos construir una Europa común, tarea todavía difícil, pero probablemente posible o, por lo menos, esperanzadora.


Mihael Milunovic
Accumulate / Acumular

Fundació Vallpalou
Calle Roger de Llúria, 2, bajos, Lleida
10 de septembre - 30 de octubre de 2010










Fotografías de Albert Lázaro-Tinaut.
Haced clic sobre las imágenes para ampliarlas.

13 septiembre 2010

((SIN COMENTARIOS))

© El Roto, en el diario El País, Madrid, 13 de septiembre de 2010.
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27 agosto 2010

Ronda en el recuerdo y en su historia

El centro de Ronda. En primer término, la plaza de toros.
En el centro, el Puente Nuevo, y al fondo, el nucleo
antiguo de la ciudad.


El transeúnte intenta congregar recuerdos de su primer y único viaje a Ronda, hace ya la friolera de… cuarenta años. Se desplazó allí desde Sevilla –donde había sido destinado como recluta del ejército–, invitado por su amigo y compañero de confinamiento Juan Gil, con quien se ha reencontrado al cabo del tiempo gracias a las redes sociales que pueblan el ciberespacio.

En cuatro décadas, huelga decirlo, los recuerdos se hacen imprecisos, se extravían en los laberintos del cerebro, pero algunos momentos continúan gratamente frescos en la memoria de este transeúnte. El del autobús en el que viajaba, por ejemplo, que se iba desvencijando a medida que recorría a velocidad de mulo una carretera polvorienta, de asfalto raído y torpemente remendado, y que pareció quedarse sin aliento mientras ascendía con insoportable estrépito una cuesta en las proximidades de la localidad gaditana de Algodonales, cuyos contrastes de teja y cal asomaban al fondo del paisaje. El vehículo se detuvo en lo alto de una loma con el motor humeante, y hubo que apearse mientras el conductor, entre improperios y súplicas a la Virgen de su devoción, trataba de reparar una avería con la que parecía estar muy familiarizado ante la mirada de tres o cuatro hombres que observaban con curiosidad y las manos cruzadas a la espalda las entrañas de la vieja máquina.


Algodonales, en la sierra de Líjar,
al noreste de la provincia de Cádiz.

(Foto © Andalucian Adventure.com)



La larga espera, bajo un sol de justicia, propició, como ocurre en estos casos, y más en Andalucía, c
onversaciones espontáneas, chistes y chismes. No faltaban los amistosos ánimos al improvisado mecánico, seguidos de las inevitables muletillas (que suelen escandalizar al resto de peninsulares) inseparables del lenguaje local.

A pesar de todo, el viejo cacharro con su paciente conductor y “to’l ganao”, como decía una mujer sin edad que se encargó de animar la espera, llegó a Ronda. Fue una más de las experiencias de un viajero todavía no muy experimentado, pero no la primera. Al entonces joven transeúnte aquello le pareció muy auténtico, digno del “color local” que tanto había entusiasmado a los viajeros franceses de hace un siglo y medio. Sin duda, la reciente lectura del Voyage en Espagne de Gauthier influía mucho en las fantasías de aquel muchacho curioso y anheloso de pequeñas aventuras. Aquella Andalucía, donde el analfabetismo era todavía una sangrante lacra y la miseria una realidad palpable, representaba para él, bien educado en una Barcelona gris, aunque permanentemente activa en lo cultural, un mundo lleno de secretos cuyo descubrimiento le cautivaba, como le habían cautivado sus gentes desde que llegó allí, su hospitalidad, su generosidad, su desapego de lo superfluo siempre que no tuviera que ver con el fervor religioso (en el que los elementos paganos, heterodoxos y excéntricos saltaban a la vista) que hervía en su sangre.



Vista de las huertas de Los Molinos
desde el mirador de la Alameda del Tajo.

(Foto © spain.on-map.net)

Los recuerdos que el transeúnte conserva de Ronda son momentos, lugares, personas, emociones, una sesión de cine en la que se quedó dormido de puro cansancio, un sol que caía a plomo sobre los tejados, el “Balcón del Coño”[1], en el parque de la entonces llamada Alameda de José Antonio, ahora Alameda del Tajo (con su bello quiosco), que se asoma sobre las abruptas paredes del espectacular precipicio de más de 180 metros de altura sobre las huertas de Los Molinos. Tierras abruptas en las que camparon a sus anchas bandoleros y contrabandistas –como los famosos “Tempranillo” y “Tragabuches” –, algunos retratados por Gustave Doré, cuando en la primera década del siglo XIX Napoleón las amenazaba, y que no abandonaron su provechosa labor hasta bien entrado el siglo XX. El Museo del Bandolero es una institución en Ronda.

El bandolero José María “El Tempranillo”
(1805-1833) retratado por el pintor
británico John Frederick Lewis
a principios de la década de 1830.
De él dijo Prosper Mérimée: “En
España manda el Rey, pero en Sierra
Morena manda'el Tempranillo".


Y poco más allá del mirador, el Puente Nuevo (del siglo XVIII), sobre la garganta del tajo formada por el río Guadalevín, que une el casco antiguo con los barrios altos y que conservaba entonces un tipismo acorde con la leyenda mítica forjada por los viajeros románticos, ejemplificada por el mesón que ocupaba su interior, cuyo personal atendía vestido de bandolero. Y ascendiendo por la calle de Tenorio, con sus viejas casas colgantes que dan, por su parte trasera, al precipicio, se llegaba hasta otro magnífico mirador, el del Campillo.


Detalle del monumento a Rainer
Maria Rilke, en los jardines
del Hotel Victoria de Ronda.

(Foto © Miguel Borrego)


El transeúnte recuerda lugares que ahora le costaría mucho situar, con sus asnos, aguaderos, lavanderas y unos árboles aún jóvenes que apenas daban sombra. Recuerda su breve paseo hasta el lujoso Hotel Victoria, donde se había alojado Rainer Maria Rilke, en cuyos jardines se levanta hoy un monumento al poeta, y los paseos al caer de la tarde por el centro de la ciudad, que aprovechaban los jóvenes en busca de pareja para piropear y cortejar a las muchachas, que simulaban despreciarlos en ese universal juego de las seducciones. Y recuerda, cómo no, a una muchacha francesa que practicaba alegremente para nosotros un pícaro y muy ingenuo exhibicionismo sobre un banco, en una plazoleta desierta.


Los rondeños se sienten orgullosos de su plaza de toros, muy probablemente la más antigua del mundo (fue edificada en el siglo XVIII) y la que tiene el ruedo más grande. El ambiente taurino está muy presente en la ciudad, que se considera la cuna de la tauromaquia moderna, y goza de gran tradición. No en vano era rondeño el más histórico de los toreros, Pedro Romero (1754-1839), a quien retrató Goya con su hermano José.


Luis Cernuda en la Alameda de Ronda (1934).

No ha olvidado el transeúnte un aperitivo al que invitó a Juan y a unos cuantos amigos suyos junto a los mismísimos muros de aquella vieja plaza, con lo mejor de lo mejor, gambas y otros frutos de mar incluidos (un pequeño lujo para la época), y la sorpresa que tuvo cuando pidió la cuenta: no podía creer que todo aquel banquete regado con decenas de cervezas y algún fino costara menos de 40 pesetas de entonces (lo que hoy serían apenas unos 25 céntimos de euro). Pese a que por Ronda hubieran pasado personajes de la talla de Prosper Mérimée, Gustave Doré, Washington Irving, Rilke, el poeta Luis Cernuda, Dionisio Ridruejo (que estuvo allí desterrado en la década de 1940), Orson Welles o Ernest Hemingway [2], la ciudad estaba aún lejos de convertirse en la meta turística de nuestros días, uno de los lugares más visitados de Andalucía.


Ronda de noche.
(Foto © Perkins McQuail)

Estos recuerdos, a los que no va añadir más datos sobre la ciudad, fácilmente localizables en la Red, le sirven al transeúnte para referirse a la reciente publicación de un curioso libro: La historia de Ronda en versos, cuyo autor, Juan Antonio Ordóñez (rondeño de la cosecha de un año trágico: 1936) ha escrito en octavas y versos endecasílabos de rima asonante, a modo de romance. Sin pretensiones literarias, pero “sin caer en el uso de ripios ni de reiteraciones”, como dice en la carta que le escribió el erudito eclesiástico Gonzalo Huesa después de haber leído el manuscrito –y que publica póstuma a manera de prólogo–, Ordóñez relata la historia de la ciudad desde la época prehistórica hasta la actualidad, haciéndonos saber desde el principio algo que llama mucho la atención, y es que

Nuestro lugar bajo el mar
se encontraba en los comienzos,

cuando el mundo despertaba

de un largo y profundo sueño.


Hay fósiles en las rocas

y vestigios en el suelo

que demuestran que las aguas

cubrieron a Ronda en tiempos.


Restos de la ciudad Romana de Acinipo,
conocida como Ronda la Vieja.

(Foto © T. Hines)


Aunque el autor insista en que ha escrito el libro para los rondeños y para quienes conocen bien la ciudad, se trata, sin duda, de una rara curiosidad a lo largo de la cual se puede recorrer, así versificada, la larga vida de Ronda. El texto está ilustrado con numerosísimas fotografías en blanco y negro, algunas de indudable valor histórico, dibujos y mapas de situación, lo cual supone, sin duda, un rico valor añadido. Además, se destacan en negrita los nombres, topónimos y conceptos más relevantes.



Arco de Felipe V, que sustituyó
a una antigua puerta árabe
en 1742.
(Foto © Fernando / Picasa)

Tal vez Juan Antonio Ordóñez se haya sentido algo incómodo a la hora de narrar los tiempos más recientes (“El presente”) sin herir susceptibilidades, por lo que la obra pierde un poco de ritmo e intensidad a partir de la postguerra civil, es decir, cuando él era todavía un adolescente. Ello, sin embargo, no quita mérito al conjunto, que se lee con gusto y del que se obtiene mucha más información de lo que pudiera parecer. En este sentido, la obra es seria y honesta, y no estorba en la biblioteca del viajero inquieto.

No abundan las historias locales libres de toques eruditos y aparato crítico, por lo que este libro ofrece una oportunidad atractiva, amena, incluso divertida, a cualquier profano de conocer la historia de Ronda. Además, resulta una invitación simpática para ir a visitar aquella hermosa ciudad andaluza. Al transeúnte, por lo menos, se le han despertado las ganas de regresar allí, al cabo de cuarenta años.



Juan A. Ordóñez
La historia de Ronda en versos

Edición del autor, Ronda, 2010
236 páginas

ISBN: 978-84-614-1684-4

Precio de venta: 20 euros
Pedidos al autor: juorlopez@gmail.com







[1] Para quienes no conozcan el lugar, hay que aclarar que es la denominación popular de un mirador sobre la cornisa rocosa, desde el que se contempla un espléndido paisaje a los pies del promontorio, situado a más de 700 metros sobre el nivel del mar. La tradición sostiene que era frecuente que los visitantes exclamaran “¡Coño!” cuando se asomaban desde allí, por primera vez, al precipicio.


[2] Hemingway, muy amigo del torero Antonio Ordóñez (1932-1998), a quien seguía en sus giras, visitó con frecuencia Ronda. Welles, otro gran amigo de Ordóñez, quiso ser enterrado en la finca que éste tenía en Ronda y que hoy pertenece a sus herederos. Hemingway escribió: “Es a Ronda a donde habría que ir, si vais alguna vez a España a pasar una luna de miel o con una amiguita. La ciudad entera y sus alrededores son un decorado romántico”.


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22 agosto 2010

¿Abuso o manipulación?


El transeúnte se ve obligado a informar que durante los últimos días esta bitácora está recibiendo cientos de visitas desde un servidor situado en la localidad de Centerville, en el estado de Tennessee (Estados Unidos). Proceden, concretamente, del servidor AMAZON.COM, y ello se puede apreciar en las imágenes que se muestran, tomadas en el día de hoy (el transeúnte se excusa por su mala calidad; si se pincha sobre ellas, pueden ampliarse para ver mejor los detalles).



Es difícil entender las razones de este abuso, que podría considerarse incluso manipulación para incrementar (¿por qué?) el número de visitas desde los Estados Unidos, que se ha duplicado en tres días. El transeúnte cree oportuno poner en evidencia este hecho, que falsea el número total de visitas a esta bitácora (17570 desde la fecha de instalación del contador, el 6 de diciembre de 2009, de las cuales 1027 procedentes de los Estados Unidos, cuando hace cuatro días las del país norteamericano apenas alcanzaban las 500).

¿Qué extraños intereses se ocultan tras este importante flujo de visitas? ¿Se trata únicamente del capricho de un blogger? Si alguno de los lectores de esta bitácora ha tenido experiencias parecidas, se agradecerá que lo comente.


15 agosto 2010

Post scriptum. Prensa, humor y confusiones toponímicas


Un mes y medio después de haber escrito su comentario sobre las confusiones toponímicas, en el que ponía en entredicho la deontología periodística, llega a conocimiento del transeúnte a través de Le Courrier des Balkans una evidencia que, si no fuera porque afecta a un hecho trágico (el terremoto de Haití, en enero de este año) –e incluso a pesar de ello– debería convertirse en paradigmático de las malas prácticas de la profesión y de la falta de rigor de agencias de prensa y medios, que divulgan noticias sin contrastar su veracidad.

En su edición del 20 de enero de 2010, la web satírica en rumano Trombon publicaba la increíble noticia titulada “Romania a tramis ajutoare in Tahiti” (‘Rumanía ha enviado ayuda a Tahití’, ver aquí), firmada por Ionut –Ionut Fortea, uno de los redactores de la publicación en línea–, que reproducimos traducida:

"En Tahití se produjo ayer un incidente cómico, cuando un batallón de tropas de montaña de Rumanía provocó hilaridad en la paradisíaca isla de la Polinesia Francesa.

Debido a una lamentable confusión del Ministerio de Defensa, se cambió el destino de la ayuda para las víctimas del terremoto de Haití, de modo que un batallón de tropas de montaña y 2000 toneladas de alimentos, agua, mantas y medicamentos fueron enviados en dirección totalmente opuesta, es decir, a la isla de Tahití, situada en el Pacífico Sur.

'Me dicen que no hay necesidad de convertir esto en un espectáculo. Quiero decir que hay nombres que se parecen mucho: Haití, Tahití, Mahití, Papití [por Papeete], y ¡vaya mierda!, suenan igual', afirmó el ministro de Defensa, Gabriel Oprea, a times.ro.”

Ni siquiera la foto trucada (cosa que resulta muy evidente y que el transeúnte reproduce al comienzo de este Post scriptum) hizo sospechar a algunos medios de comunicación que se trataba de una broma de mal gusto. La “noticia” se propagó por casi todo el mundo, y hasta se hizo eco de ella el Canal+ francés de televisión, cuyo programa Édition spéciale bromeó sobre la incompetencia de las autoridades rumanas, pese a que el semanario Courrier International ya había advertido de su probable falsedad.

Y para muestra, otros tres botones: un video del canal de televisión mexicano Televisa (aquí), otro del canal boliviano eju.tv (aquí) y el de otra cadena televisiva hispana que se encuentra en Youtube (aquí). Una sencilla comprobación de la fuente de la información, cuya línea editorial es clara y utiliza, para más inri, la supuesta agencia times.ro, que imita astutamente el estilo periodístico del diario británico The Times, habría bastado, por lo menos, para levantar sospechas.

La escasa formación de las nuevas generaciones de periodistas parece no tener remedio. Ayer mismo, la versión digital del prestigioso diario barcelonés La Vanguardia informaba sobre el incendio que destruyó más de 1100 hectáreas en el municipio de Barjas, en la provincia de León: en el titular, la localidad castellanoleonesa aparecía con el nombre de la madrileña Barajas, error que no fue corregido pese a los diversos comentarios de los lectores. Alegarán, quizá, que la mitad de la plantilla estaba de vacaciones, o culparán de ello a un infeliz becario…

¿Ver para creer o leer la prensa para no creer? He aquí la cuestión.

Foto: Trombon / times.co.

09 agosto 2010

[Marginalia] La armónica heterogeneidad narrativa de Alberto Baeyens

Alberto Baeyens.

En Aragón va saliendo a la luz la obra de una nueva generación de narradores y poetas que despuntan como promesas para la literatura en castellano. Alberto Baeyens es uno de esos narradores, que en el libro Naturaleza casi muerta ofrece una muestra heterogénea, pero a la vez armónica, de su capacidad literaria.

Nacido en Zaragoza en 1981, Alberto Baeyens de Arce, filólogo, periodista y escritor, se licenció en Filología Hispánica y se interesó en un principio por la literatura medieval, como demuestra su ensayo “El ‘Mortal enemigo’: el diablo en la obra de Gonzalo de Berceo”,* y ahora ejerce el periodismo en Zaragoza Televisión.

De Naturaleza casi muerta se ha dicho en Lecturalia que “supone un conjunto de momentos breves que transcurren tangencialmente por los círculos de la rutina. Todo en este libro recuerda a esas personas calladas que viven al margen del mundo guardándose las joyas que tiene la vida en su gabardina de rebajas. Alberto Baeyens es un coleccionista de momentos, un escritor silencioso que a lo largo de su vida ha ido tomando nota de esos instantes que resumen una vida. Un trabajador incansable, un escritor que fotografía la vida”.

El transeúnte, después de haber leído el libro y de haber rastreado en lo todavía escaso que se ha dicho sobre su autor, coincide con esta apreciación, pero también con quienes ven en su escritura una cierta melancolía, producto tal vez de su interés por la cultura francesa, por Verlaine, por la chanson, por lo que representó París en las dos décadas anteriores a su nacimiento. Francia y el Brasil de los años sesenta y setenta han tenido para él, según sus propias declaraciones, un atractivo muy particular, fácil de descubrir a lo largo de las páginas de este libro, compuesto por relatos más bien breves, incluso microrrelatos.

Para que el lector pueda formarse una idea de la expresión literaria de Alberto Baeyens, el transeúnte transcribe a continuación uno de esos relatos, “Les feuilles mortes”, en el que intercala fragmentos del poema del mismo título que escribió Jacques Prévert y musicó Joseph Kosma en 1945, una canción que interpretarían luego, entre otros, Juliette Gréco (escuchadla aquí en una grabación de 1967), Yves Montand y Édith Piaf y que, traducida su letra al inglés, divulgarían, también entre otros, Nat King Cole, Frank Sinatra y Barbra Streisand; y que además adaptarían para el jazz Miles Davis y Duke Ellington, por ejemplo. Una canción que ha estado incluso en el repertorio de cantantes líricos de renombre como Plácido Domingo y Andrea Bocelli.

Naturaleza casi muerta y su autor prometen. El transeúnte recomienda su lectura.

* Publicado en Memorabilia. Boletín de Literatura Sapiencial, Universidad de Valencia, núm. 6 (2002). Puede leerse en línea a través de este enlace.


Les feuilles mortes

Cae la noche y se la ve esperar en la calle con un frío que pela. Hay ruido y luces de autobuses llenos de números y líneas imposibles. Cruza los brazos con gesto de molestia y mueve las rodillas con un tic nervioso, a lo mejor porque hay algo más allá, y eso inquieta a cualquiera, o a lo mejor porque se le están congelando los huesos.

Les feuilles mortes se ramassent à la pelle.
Tu vois, je n’ai pas oublié…


Pasan los minutos como peces que remontan un río y aparece un coche que no ha pasado la ITV desde el 99. Aunque parece que es azar, se para justo delante de ella. En el interior hay una sombra de alguien que promete, promete demasiadas cosas, tantas que ella abre la puerta del copiloto y se mete dentro.

Et la mer efface sur le sable
Les pas des amants désunis.


El coche, con muchas multas en su vida mecánica y muchos semáforos en rojo, desaparece camuflado con los demás, bajo la atenta mirada de los edificios, las ventanas y los portales. Varias calles torciendo a la izquierda primero, luego recto alguna que otra manzana, a la derecha y de nuevo a la izquierda.

Tu étais ma plus douce amie
Mais je n’ai que faire des regrets


El destino del viaje solo lo conocen los dos pilares del puente bajo el que se cobija el coche. Y dentro del coche, miles de secretos, de besos que fueron apasionados, como la pasión de las primeras vaces sabiendo que son las últimas. Puede que también haya palabras, pero para qué desgastar las cuerdas vocales si solo importan los sentimientos. Después, la misma tristeza de siempre.


Alberto Baeyens
Naturaleza casi muerta

Editorial Eclipsados, Zaragoza, 2009
88 páginas
ISBN: 978-84-937308-6-4








25 julio 2010

La Iglesia chilena: su reino sí es de este mundo

El presidente de la República de Chile, señor Sebastián Piñera, reunido
con el presidente de la Conferencia Episcopal chilena, el obispo
Alejandro Goic Karmelic, y con el cardenal Francisco Javier Erráuriz,
arzobispo de Santiago, en presencia del Ministro Secretario General
de la Presidencia de Chile, señor Cristián Larroulet.

(Foto © Presidencia de la República de Chile)


Gaspar II, que ha dejado un comentario interesante a la entrada anterior de esta bitácora, ha tenido la gentileza de enviar al transeúnte por correo electrónico el texto íntegro del documento emitido el pasado 21 de julio por el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile, lo cual es muy de agradecer; documento que el transeúnte reproduce abajo.

La viñeta de Erlich que publica esta bitácora recoge el titular de la noticia publicado por el diario El País de Madrid el 22 de julio, titular que no hace en absoluto honor a lo que debería ser el buen periodismo, ya que no refleja estrictamente el contenido del documento, sino que hace hincapié solamente en la solicitud de indulto para los militares condenados por crímenes durante la dictadura pinochetista.


De un tiempo a esta parte, el transeúnte ha venido observando ciertas tendencias amarillistas en la hasta hace pocos años “prensa seria”, y opina que un titular como este tiende al amarillismo propio de un típico tabloide anglófono, sin duda con la sesgada intención de atraer lectores y vender más ejemplares, lo cual dice poco a favor de unos rotativos que, por diversas razones, han ido perdiendo la pretendida independencia deseada por quienes los fundaron. Se equivocan al tender hacia el sensacionalismo, porque lo único que consiguen es perder la fidelidad de sus lectores de toda la vida, entre los que el transeúnte se cuenta. La influencia de las empresas editoriales y los intereses de éstas pesan ahora demasiado sobre el trabajo de los redactores y, por ende, sobre el prestigio profesional de éstos como elaboradores y garantes de la información.

Aun así, al transeúnte le parece fuera de lugar que la jerarquía religiosa tenga la desfachatez de pedir el indulto para quienes secundaron a un dictador sanguinario y colaboraron a dejar un rastro de dolor en muchísimas familias chilenas, al tiempo que impedían que cicatrizara una llaga que afectaba a la credibilidad de las instituciones de un país que había tenido el honor de figurar entre los más democráticos de la América latina. Ya no se trata sólo de la jerarquía católica, pues según comenta Gaspar II al transeúnte, “al día siguiente de presentado este documento, la iglesia evangélica, la cual representa a un número no menor de chilenos que profesan alguna religión (15% aprox.), entregó una solicitud en términos muy similares a los de la iglesia católica”.

Que las iglesias velen por el respeto a sus fieles, a los humildes, a los derechos humanos…, entra (o debería entrar) sin duda en sus obligaciones. En cambio, que traten de intervenir en cuestiones propias de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial e inmiscuyan al mismísimo presidente de la República, es inaceptable, porque se arrogan el poder fáctico e influyente que siempre han pretendido tener. Y doblemente, además, por lo que respecta a la jerarquía católica, cuando es bien sabido que ésta se mantuvo a las órdenes del dictador, como la Iglesia de Roma ha hecho siempre con quienes, como ella misma, ejercen la intolerancia de los totalitarismos fascistoides: respaldó a Hitler y Mussolini, respaldó al dictador Franco y no reprobó la sangrienta y horripilante represión en Chile, ni la no menos terrible que poco después tuvo lugar en la Argentina, por citar sólo algunos casos.



El general Augusto Pinochet saludando al papa Juan Pablo II
a la llegada de éste a Chile en visita oficial, en 1987.

(Foto © biocrawler.com)

Prueba de ello es que permitiera que el papa Juan Pablo II visitara Chile en abril de 1987 y respaldara públicamente la dictadura militar impuesta por Augusto Pinochet (conviene no olvidar, precisamente ahora, que aquella polémica visita papal tuvo lugar a instancias de los obispos chilenos, que en una carta dirigida al pontífice el 16 de julio de 1985 decían textualmente: "Los Obispos de Chile solicitamos por unanimidad vuestra visita pastoral a nuestra patria"). Muestra de aquella estancia de seis días de Juan Pablo II en tierras chilenas son los videos –difundidos por los servicios de propaganda del régimen pinochetista– de la recepción del pontífice en el Aeropuerto Internacional Comodoro Arturo Merino Benítez de Santiago (1 de abril de 1987, ver aquí) y de la comparecencia de ambos mandatarios en el balcón del palacio presidencial de La Moneda para saludar al público congregado frente a él (ver aquí).*

* Llama ahora mucho la atención que el cardenal Roberto Tucci, encargado durante años de la organización de los viajes del papa Juan Pablo II, afirmara en diciembre de 2009, en una entrevista publicada por el Osservatore Romano, que “Pinochet engañó al papa Wojtyła” y que el dictador “lo hizo asomar al balcón del palacio presidencial contra su voluntad”. Vale la pena leer, en este sentido, lo que publica el Diario de las Américas el 23 de diciembre del pasado año. ¡Curiosos estos mensajes vaticanos, enviados con retraso y, sobre todo, cuando conviene a los intereses de la denominada Santa Sede!


Chile, una mesa para todos en el Bicentenario

I.- UN SIGNO DE CLEMENCIA

Como ciudadanos y pastores queremos comprometernos con los esfuerzos de nuestro país por la paz: tanto por la paz que se abre espacio en nuestros corazones, como por aquella que anhelamos para las familias y todos los habitantes de nuestra Patria. Sabemos que la paz es obra de la justicia, pero estamos convencidos que también contribuyen a ella el perdón y la misericordia.


Por eso tenemos que seguir avanzando, como país, por los caminos de la justicia social, aquella que se construye sobre los derechos humanos y cuya alma es la dignidad del hombre y de la mujer, de la familia y de los niños, de los jóvenes y los ancianos. No escatimemos esfuerzos ni medios en la conquista de la seguridad y la paz ciudadanas. Apoyemos decididamente el trabajo de los tres Poderes del Estado en su lucha contra la delincuencia.


Pero para construir la paz, también debemos recurrir a la clemencia y al perdón. Por eso, en el contexto del Bicentenario, apreciando la libertad que otorga el Estado de Derecho, los pastores de la Iglesia Católica queremos ofrecer una nueva colaboración, a nuestro parecer necesaria, en el ámbito de los derechos humanos. Nos referimos a los derechos fundamentales de quienes han sido condenados, y a un indulto que nuestra sociedad puede conceder como expresión de la actitud humana y enaltecedora que construye la paz ciudadana y ayuda a la reconciliación.


Con ese objetivo, en el mes de agosto de 2009, los miembros del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile, presentamos a la Excma. Señora Presidenta de la República, Dra. Michelle Bachelet, y en el mes de abril del presente año, a Su Excelencia el Presidente de Chile, don Sebastián Piñera, una reflexión titulada «Misericordia y clemencia: signos del Bicentenario. Petición de la Iglesia Católica de Chile». En ese documento expusimos los fundamentos para un posible indulto, precedidos de una introducción acerca del sentido del Bicentenario de Chile, celebrado en el hoy de nuestra historia, haciendo memoria agradecida del pasado y asumiendo compromisos que lo proyecten hacia el futuro.


Citando al Papa Juan Pablo II, señalamos que nuestro jubileo del Bicentenario quiere tener un significado positivo. «Al igual que la misericordia de Dios, siempre nueva en sus formas, abre nuevas posibilidades de crecimiento en el bien, celebrar el Jubileo significa también esforzarse en crear nuevas ocasiones de recuperación para cada situación personal y social, aunque aparentemente parezca irremediablemente
comprometida» («Mensaje Jubileo en las cárceles», nº 4).

En nuestro mensaje, con el aval de tantos hombres y mujeres creyentes que acompañan a quienes han delinquido, recordábamos que el Papa nos advertía que abstenerse de acciones promocionales en favor del recluso significaría reducir la prisión a una suerte de venganza social.


II- EL HORIZONTE DE NUESTRA PETICIÓN DE INDULTO


Los creyentes en Cristo recordamos que Él ha inaugurado una historia basada no sobre la indiferencia, ni sobre la venganza, ni menos sobre la guerra, sino sobre el amor hasta el extremo del perdón. Quisiéramos que esta historia, respetando el sentido de la justicia, alcance a las personas que están encarceladas. Por ello, quisimos compartir las siguientes reflexiones para solicitar a las autoridades del país, con ocasión
del Bicentenario, un indulto a personas privadas de libertad. Los recordamos brevemente:

1. El País del Bicentenario quiere ser un país desarrollado, por lo mismo, reflexionemos acerca de un sistema penal y carcelario más humano. Como la delincuencia es una preocupación constante de la ciudadanía, queremos promover aquellos valores y aquella forma de convivencia que la evitan. Entre ellos, debemos procurar la rehabilitación y reinserción social de quienes han causado quiebres y daños en la
sociedad por sus crímenes y delitos. En contraste con este propósito, muchos recintos carcelarios no procuran oportunidades verdaderas y suficientes de rehabilitación a los internos, incluso las nuevas cárceles. Por el contrario, sabemos que con frecuencia los recintos penales son un hábitat más violento y deshumanizante que aquéllos que favorecieron el desarrollo de la delincuencia. Tales ambientes, tampoco propician la conversión interior ni los deseos de cambio en las personas. «La cárcel –decía Juan Pablo II– no debe ser un lugar de deseducación, de ocio y tal vez de vicio, sino de redención» («Mensaje Jubileo en las cárceles», nº 7).

2. Prestémosles atención a los internos más débiles, a los que están gravemente enfermos o son adultos mayores. Para ello valoremos en su integridad los derechos humanos, especialmente el derecho a la vida, cuya conciencia es progresiva en nuestra Patria, pero aún insuficiente. Es imprescindible defender la vida, sobre todo la vida indefensa, ante quienes la amenazan; crear condiciones favorables para que se viva y se
trabaje conforme a la dignidad humana, y prestar especial atención a quienes, por estar en prisión, ven vulnerados sus derechos a una atención sanitaria apropiada o, incluso, a una muerte digna. Decíamos entonces que «la celebración del Bicentenario de la Patria puede ser un momento privilegiado para ejercer nuestra misericordia subsanando posibles distorsiones del sistema de justicia. En este contexto, comprendemos el enorme valor que tendría un gesto de clemencia hacia quienes, dentro del cumplimiento de sus penas, llevan un sufrimiento aún mayor a causa de su edad, salud y soledad».

3. Trabajemos para una promoción integral de los reclusos. En efecto, recordábamos que «si un sistema penitenciario busca sancionar un mal cometido con un castigo proporcional y, a la vez, rehabilitar al agresor para que se transforme en un bien para la sociedad, resultaría incomprensible no considerar acciones promocionales a favor del recluso. La prisión no tiene solamente un fin reivindicativo. En la legislación se contemplan rebajas de pena y estímulos para quienes, dentro de la normativa, demuestran un comportamiento apropiado y, pese a las dificultades y falta de oportunidades, cumplen con lo requerido por el sistema penal».


Por eso, en nuestra reflexión hacíamos un llamado:


a) A quienes tienen el conocimiento técnico y las facultades pertinentes, a promover integralmente la rehabilitación y reinserción de aquellos que, a pesar de sus condiciones vitales, muchas veces indignas, quieren salir del círculo de la delincuencia y la marginación del que hoy son parte.


b) A resolver definitivamente el drama de las cárceles de Chile: el estado estructural de un gran número de recintos penitenciarios, la superpoblación de los internos, las tensiones de convivencia marcadas por la agresividad y el temor, la discriminación y las luchas de poder, las dificultades y los conflictos que deben enfrentar quienes custodian a los internos, cuya magnitud la gran mayoría de los chilenos y chilenas desconocen.


c) A generar programas de acompañamiento hacia quienes salen de prisión y que muchas veces no descubren otro horizonte que la reincidencia, debido a la falta de oportunidades y al estigma que tienen que cargar.


4. Como comunidad eclesial estamos empeñados en que el Chile del Bicentenario se convierta, de verdad, en una «Mesa para todos»: mesa del pan, del trabajo, de la fraternidad, de la libertad, de la equidad, del respeto por la dignidad de cada cual. Este propósito nos obliga a fijarnos en quienes no están gozando de la mesa común, ya sea por los efectos del terremoto, por carecer de empleo, por vivir en la pobreza extrema, o bien, por ser jóvenes en situación de vulnerabilidad social. Todos tienen derecho a un puesto de honor en la mesa de todos. Entre quienes no son acogidos en la mesa de todos, están aquellos que llaman nuestra atención por estar privados de libertad.

Pedir un indulto que los beneficie, no es contrario al apoyo que damos al compromiso de las autoridades del país, que quieran velar por nuestra seguridad, luchando para que la delincuencia y el narcotráfico, con su alta cuota de violencia y muerte, no corroa el “alma de Chile”, y procurando una justicia pronta y eficiente para quienes atenten contra la integridad de otros chilenos, malogrando así los esfuerzos de lograr la paz y
el espíritu fraterno que debe caracterizar a la mesa para todos.

Pero sabemos que en Chile, también con los reclusos de diversos penales, tenemos una deuda que compromete el respeto por sus derechos humanos. No podemos tener cárceles inhumanas ni seguir permitiendo el hacinamiento, con toda su secuela de males. Se trata de personas humanas como todos nosotros. Es cierto, han cometido faltas, delitos y hasta crímenes, pero no por eso podemos negarles la dignidad que Dios les confirió desde el día de su gestación. El sólo recurso al encarcelamiento sin otras
medidas, como por ejemplo el trabajo remunerado para quienes caen en estas situaciones, no basta para que rediman sus vidas y puedan reincorporarse plenamente a la sociedad. En este ámbito tenemos una conversación pendiente como país.

III- EL INDULTO CON OCASIÓN DEL BICENTENARIO


Al presentar esta petición, no ha sido nuestro ánimo poner al Gobierno de Chile, ni al actual ni al anterior, en una situación de incomodidad ante la realidad de las personas recluidas y de las víctimas. El contexto de una sana laicidad reconoce las competencias propias del Estado y aquellas de las confesiones religiosas. Por esta razón, sólo presentamos algunas ideas que pueden enriquecer el espíritu y la práctica de nuestra convivencia y hacemos una petición, pero sin proponer un articulado de ley, tarea que corresponde a la autoridad política. Anhelamos que estas reflexiones sean discutidas por los ciudadanos y por nuestras instituciones, y que cada una asuma la responsabilidad que le corresponde.


En lo que se refiere a quienes están privados de libertad, dentro del respeto a la Constitución y a los Tratados Internacionales suscritos por Chile, solicitamos a las autoridades del Estado, en particular al Señor Presidente de la República y al Gobierno que preside, así como a los Honorables miembros del Parlamento, considerar y estudiar las siguientes proposiciones:


1. Que los condenados por sentencia ejecutoriada –con las restricciones que la autoridad competente considere prudente establecer como, por ejemplo, delitos de sangre–, que en los últimos años hayan tenido buena conducta en los recintos carcelarios, y no constituyen un peligro para la sociedad:


a. Puedan ver reducidas parcialmente sus penas privativas o restrictivas de libertad.


b. Además de lo señalado, que se conceda una reducción adicional a quienes tengan más de 70 años de edad.


c. Igualmente, que a las mujeres que tengan uno o más hijos menores de 18 años se les conceda también una reducción adicional.


d. Que a las personas condenadas privadas de libertad que padezcan alguna enfermedad invalidante, grave e irrecuperable, se les conmute su pena por otra, que no deba cumplir en las condiciones más aflictivas de la cárcel.


e. Que a los enfermos terminales, debidamente comprobados por la instancia competente, se les condone el saldo de las penas que les resten por cumplir.


2. Que se mejoren sustancialmente las condiciones de vida de quienes cumplen penas privativas o restrictivas de libertad, aumentando las horas de convivencia fuera de sus celdas, favoreciendo el trabajo remunerado y el acceso a la enseñanza, el deporte, la cultura, y al auxilio espiritual. A pesar de los esfuerzos realizados en diversos gobiernos anteriores, no se ha logrado satisfacer estas necesidades, requiriéndose hacia adelante decisiones urgentes que la autoridad competente debiera ir adoptando por el bien común de la sociedad. Asimismo, considerando las especialmente difíciles circunstancias del ambiente laboral en que se desempeñan, y en el contexto del conjunto de los funcionarios públicos, que se mejoren las condiciones de vida, de convivencia y de trabajo de los gendarmes y empleados por el sistema penitenciario; éstas irían en directo beneficio de la dignidad y rehabilitación de los privados de libertad.


3. Que se modifique la legislación que se refiere a las penas, en lo que atañe a los condenados de edad muy avanzada y a quienes estén gravemente aquejados de una enfermedad terminal. Proponemos que se les condone la pena o que puedan cumplir el resto de su condena junto a su familia o en instituciones asistenciales. Este cambio o condonación de la pena se concedería siempre, salvo que el organismo competente excluya este beneficio para un reo determinado por juzgarlo un peligro para la sociedad.


4. No sería completa la “mesa para todos” si no considerásemos en esta petición a quienes cumplen penas por delitos contra los derechos humanos cometidos durante el Régimen Militar. Es un tema que debemos poner sobre la “mesa de todos” para conversarlo con la seriedad que corresponde, especialmente en el Parlamento de la República. No olvidemos que no todos ellos tuvieron igual responsabilidad en los crímenes que se cometieron. A nuestro parecer no cabe ni un indulto generalizado ni un rechazo general del indulto para todo ex uniformado condenado. La reflexión debe distinguir, por ejemplo, el grado de responsabilidad que le cupo a cada uno, el grado de libertad con que actuó, los gestos de humanidad que tuvo y el arrepentimiento que ha manifestado por sus delitos.


IV- EN EL CAMINO DEL EVANGELIO: JUSTICIA Y CLEMENCIA


No somos nosotros quienes debemos dictar las leyes, pero creemos que podemos interceder para dar paso a la “justicia con clemencia” como connotados juristas lo han pedido en el pasado. Es decir, velando por el imperio de la justicia –nada más injusto que la impunidad– y salvaguardando el pleno imperio de los derechos humanos en materia de crímenes de lesa humanidad, creemos que se pueden dar pasos de
clemencia.

Sabemos que estas peticiones tendrán opiniones encontradas. Las respetamos, especialmente cuando vienen de personas que sufrieron en carne propia o en sus familiares más cercanos los delitos condenados. Sólo solicitamos dar el paso de pedir justicia sin ensañarnos en el castigo, que nunca puede reparar totalmente el mal causado. Y solicitamos también, hablando al corazón de cada uno, que consideremos de qué manera quisiéramos ser tratados si estuviéramos en la situación de los condenados, y con qué espíritu fraterno podremos construir el futuro de Chile si no somos capaces de hacer gestos decisivos de reencuentro y reconciliación.


Más allá de los ordenamientos jurídicos y de sus interpretaciones, el mismo Jesús nos enseñó con su testimonio y su palabra, que la lógica del perdón es la única que restaña las heridas, devuelve la confianza e inaugura tiempos nuevos para quienes tienen la valentía de concederlo y de pedirlo. Nos conmueve el solo hecho de pensar que Jesús clavado en la cruz de la injusticia, antes de morir, pide al Padre que perdone a quienes lo han crucificado.

Ésa es la lógica y la pedagogía que anhelamos para cada uno de nosotros y la gracia que pedimos por intercesión de la Virgen del Carmen, Madre de todos los chilenos y chilenas, sin excepción alguna, pero especialmente de aquellos que por diversas causas atraviesan horas de angustia y de dolor.

EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE


- Alejandro Goic Karmelic, Obispo de Rancagua, Presidente
- Gonzalo Duarte García de Cortázar, Obispo de Valparaíso, Vicepresidente

- Francisco Javier Errázuriz Ossa, Cardenal Arzobispo de Santiago

- Ricardo Ezzati Andrello, Arzobispo de Concepción

- Santiago Silva Retamales, Obispo Auxiliar de Valparaíso, Secretario General


Santiago, 21 de Julio de 2010