miércoles, 13 de agosto de 2014

De los desastres de la guerra

Uno de los 82 grabados de la serie Los desastres de la guerra
de Francisco de Goya, realizados entre 1810 y 1815 y editados 
por primera vez en 1863.

El transeúnte pretende ir publicando en esta bitácora una serie de entradas con textos en los que se narren, con mayor o menor crudeza, las atrocidades las guerras, que es quizá donde los seres humanos mejor demuestran aquello de que “el hombre es un lobo para el hombre”, expresión que utilizó por primera vez el comediógrafo latino Plauto dos siglos antes de nuestra era [1]. Se valdrá para ello tanto de lo que los historiadores denominan fuentes primarias (relatos de primera mano escritos por protagonistas u observadores in situ) como fuentes secundarias (las de los propios historiadores, periodistas u otros autores que, sin haber sido testigos de los acontecimientos, hayan investigado sobre ellos).

Prisioneros de un campo de concentración soviético 
sometidos a trabajos forzados por el régimen estalinista 
después de la segunda guerra mundial.

Las guerras han sido un contiuum en la historia de la humanidad desde los tiempos más remotos, hasta el punto de que resultaría muy difícil, si no imposible, encontrar en el mundo auténticos períodos de paz global, por breves que fueran. Las guerras, además, no concluyen con el fin de los enfrentamientos armados, sino que prosiguen durante las posguerras: venganzas, vejaciones, juicios sumarios, ejecuciones, encarcelamientos, reclusión en campos de concentración o reeducación, trabajos forzados a los que se solía (y se suele) someter a los denominados “presos políticos”, es decir, a los perdedores, deportaciones, etc. A veces, incluso, las posguerras no son más que treguas entre dos conflictos (podría considerarse así el período entre las dos guerras mundiales, durante el que Alemania e Italia estuvieron planeando resarcirse de su derrota en la primera, utilizando la guerra civil española para la experimentación de nuevos armamentos). 

Presos políticos españoles formando en el patio 
del penal de Ocaña en 1952.
(Foto © Jaime Pato)

En la España de los últimos dos siglos (por no retroceder más en la historia) tenemos buenas pruebas de crueles posguerras, entre ellas los años que siguieron al “fin” de la guerra civil (1939): los triunfalistas "XXV Años de Paz" que proclamó a los cuatro vientos la propaganda del régimen franquista en 1964 ocultaban deliberadamente las atrocidades cometidas tras la victoria de las “tropas nacionales” (los sublevados contra la República en 1936): miles de prisioneros hacinados en cárceles infectas, en condiciones atroces, donde morían hombres y mujeres en condiciones infrahumanas (una de esas víctimas fue, precisamente, el poeta Miguel Hernández, en 1942); presos sin sueldo y con alimentación muy deficiente obligados a trabajar durante larguísimas jornadas en obras públicas (el Valle de los Caídos fue construido, en gran parte, por presos políticos); juicios sin defensa y ejecuciones sumarias, entre otras la del expresidente de la Generalitat de Catalunya Lluís Companys, refugiado en Francia, detenido por la Gestapo durante la ocupación alemana y entregado a las autoridades del régimen; extraños “accidentes fortuitos” en las comisarías de policía, donde se torturaba, y “suicidios de detenidos” que supuestamente se arrojaban por las ventanas de los edificios policiales… Añádase a eso la lucha del maquis, la guerrilla antifranquista que continuó combatiendo en los montes hasta mediados de la década de 1960, y consiguió incluso invadir el Valle de Aran en 1944 y establecer allí un muy efímero régimen republicano. Podrían añadirse muchos otros desmanes, además de una fuerte represión.

Hasta el 11 de septiembre de 1945, 
el saludo fascista “a la romana” 
fue obligatorio, impuesto por Falange 
Española, en todo el territorio español.

Jorge Semprún dijo hace unos años en una entrevista [2] que "la guerra es la ocasión histórica masiva de hacer el mal y justificarlo”. El escritor austriaco Karl Kraus afirmó, con su especial vena satírica, que “las guerras empiezan porque los diplomáticos mienten a los periodistas y luego se creen lo que leen”. Y el poeta francés Paul Valéry escribió, muy juiciosamente, que “la guerra es una masacre entre gentes que no se conocen para provecho de gentes que sí se conocen pero no se masacran”.

Sobre la guerra se ha escrito y teorizado mucho, y sobre las guerras, más. En este sentido tiene plena vigencia la aseveración de que la historia que explican los vencedores es la que luego se divulga a través de las escuelas y la propaganda, de modo que esa evidente parcialidad se acaba convirtiendo, para la mayoría de la población de un país, en la única verdad (la verdad “oficial”).

Un cruento episodio de la guerra civil estadounidense (1861-1865).

Un clásico en la materia, el militar prusiano de principios del siglo XIX Carl von Clausewitz, dice en su ensayo De la guerra [3], sin cortarse un pelo, que la guerra es “la continuación de la política por otros medios”. Por aquella misma época, el político saboyano Joseph de Maistre, con un refinamiento atroz, afirmaba en un libro titulado Las veladas de San Petersburgo [4] que “la guerra es divina en la gloria misteriosa que la rodea y en el atractivo no menos explicable que nos lleva hacia ella. La guerra es divina por la manera como se produce independientemente de la voluntad de los que luchan. La guerra es divina en sus resultados, que escapan absolutamente a la razón”. El tiempo, evidentemente, da la razón al primero y hace que nos riamos del segundo. Y dejaremos aquí las citas, que podrían ser innumerables.

La batalla de Isandhlwana (1879), durante la guerra anglo-zulú 
en la colonia británica de Natal (Sudáfrica), una de las muchas 
guerras coloniales que tuvieron lugar entre los siglos XIX y XX. 
(Pintura de Charles Edwin Fripp)

Las guerras suelen calificarse: mundiales, civiles, religiosas o de religión, santas, expansionistas, de conquista, de unificación nacional, de liberación, de independencia, de sucesión dinástica, de castigo, preventivas, coloniales, poscoloniales, de secesión, de posiciones (o de trincheras), relámpago, nucleares…, y pueden ser también sucias, campales, sin cuartel, frías, sordas, psicológicas, sociales, electrónicas, y hasta galanas, totales, económicas, financieras, comerciales, de precios, de nervios, espaciales, de las galaxias, etc. Sin embargo, hay hermosas guerras literarias donde la violencia es sutil,  bastante inocente y hasta entrañable, como por ejemplo la que se narra en la novela La guerra de los botones, del escritor francés Louis Pergaud

Hay guerras mitológicas (como la de Troya, que tan bien detalla Homero en la Ilíada, desencadenada por la disputa de una mujer, Helena). También hay conflictos armados ridículos o inverosímiles, como la guerra del Fútbol, que enfrentó a El Salvador y Honduras en julio de 1969. Y enfrentamientos eternos en el Próximo Oriente… que se repiten desde hace 5000 años.

El rapto de Helena por Paris 
(pintura de David Hamilton, 1784), 
desencadenante, según Homero, 
de la guerra de Troya.

Entre los textos que se publiquen en esta bitácora habrá versiones que el lector deberá considerar si responden a la realidad, si han sido falseadas o si pertenecen al ámbito de la ficción, según la personalidad de cada autor (sobre quien el transeúnte dará los datos básicos) o su sentido común. La pretensión, en cualquier caso, es invitar a la reflexión a partir de las informaciones que se reciben todos los días, a través de los medios de comunicación, de conflictos bélicos (casi siempre manipuladas y partidistas) y las fuentes que las han transmitido, sometidas, como es bien sabido, a poderosos intereses políticos, ideológicos o económicos.

El transeúnte (que no es, ni mucho menos, un especialista en el tema, pero desea saber más investigando y debatiendo) es consciente de que toca un tema delicado y polémico, por lo que le gustaría que a partir de sus entradas los lectores expresaran sus opiniones para que se estableciera un debate. Difícilmente de ese debate se podrán sacar conclusiones, pero podría resultar enriquecedor poner sobre la mesa distintos puntos de vista, si se expresan con espíritu constructivo. Y, que quede claro, se prescindirá de posiciones ideológicas al elegir a los autores de los textos.




[1] Titvs Maccivs Plautvs:
Asinaria, II, 4, 88.
[2] M. José Diaz de Tuesta: "Jorge Semprún, escritor: 'El hombre sólo puede asimilar la esencia del mal a través de la ficción'", en El País, Madrid, 6 de mayo de 2003, p. 38.
[3] Carl von Klausewitz: Vom Kriege (1832-1834). Versión española: De la guerra. Traducción de Carlos Fortea Gil. La Esfera de los Libros, Madrid, 2005.
[4] Joseph de Maistre: Les Soirées de Saint-Pétersbourg ou Entretiens sur le gouvernement temporel de la Providence (1821). Versión española: Las veladas de San Petersburgo o Convenciones sobre el gobierno temporal de la Providencia. Traducción de Luis Blanco Vila. Editorial Torre de Goyanes, Madrid, 2001.


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domingo, 27 de julio de 2014

Otro esfuerzo por la supervivencia de las lenguas originarias en México

Imagen de la conmemoración del Día Internacional de las Lenguas
Maternas en la Sierra Norte mexicana, que concentra las lenguas
 tu’tu, nakuj, tepehua, ñhañhu y náhuatl (21 de febrero de 2014).
(Fuente: Educación Contra Corriente)


El poeta y traductor nahua-hablante Sixto Cabrera González, natural de la localidad de Soledad Atzompa, en el estado mexicano de Veracruz, ha publicado su obra –parte de la cual se ha traducido al inglés, francés, portugués e italiano– en diferentes revistas y suplementos culturales de la prensa de su país, y ha participado en festivales tanto en México como en el extranjero.

En 1994 obtuvo un Estímulo para la Creatividad Artística y Cultural, otorgado por el gobierno mexicano a través del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, y en 2009 una beca para jóvenes creadores en literatura náhuatl mediante el Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico de Veracruz. En 2013 el mismo programa veracruzano le concedió otra beca en la categoría de Creadores con Trayectoria en Literatura Náhuatl.

Ahora hace llegar a este transeúnte, que se complace en reproducirla, la convocatoria de una marcha por la preservación de las lenguas indígenas, programada para el próximo mes de agosto.

Mapa de México con los porcentajes de hablantes del náhuatl.
(Fuente: Wikipedia Commons, 2009)

Marcha nacional por la preservación de las lenguas indígenas

Por la ignorancia nos han engañado más que por la fuerza.
Simón Bolívar

Amig@s escritore@s, poetas, artistas y gente interesada:

Esta carta la dirijo a ustedes en espera de su comprensión, sabedor de que a más de uno no le agradará ni como idea; pero, que respeto de antemano; esto es para hacer de su conocimiento mi atrevimiento e insistencia en la difusión y preservación de las lenguas indígenas a nivel nacional e internacional, porque forman parte primordial en el entorno de las raíces de nuestras comunidades, y esto es en sí, para que suceda
la comunicación y modos de expresión, ya que sin ellas no nos entenderíamos y porque nuestras costumbres milenarias encierran un cosmos, que lamentablemente está en riesgo de desaparecer si no hacemos algo al respecto. Porque ya sucedió en algunas comunidades de nuestra sociedad, a pesar de que la Sierra Fría de Zongolica, de donde provengo, es considerada una zona indígena y sus habitantes eran en su mayoría hablantes de la lengua náhuatl, nos encontraremos con comunidades que
ya no son bilingües, pues se les ha impuesto el castellano, al grado de sentirse avergonzados. Por ello, mi atrevimiento a realizar una marcha por todo el territorio nacional, pues para nadie es un secreto que otras lenguas para desgracia de nuestro patrimonio cultural han desaparecido y otras están en peligro de extinguirse. Mi única intención es y será durante el recorrido promover y difundir nuestras lenguas y sensibilizar a los no hablantes de las lenguas en las grandes ciudades. Y en otra gran parte, sensibilizar a nuestra propia gente para que sepa apreciar su origen, y que son ellos quienes en su afán de dominar el habla del castellano van perdiendo sus raíces culturales, usos y costumbres.

El activista Irwin Sánchez enseñando la lengua náhuatl en Nueva York.
(Fuente: Organización Mano a Mano)
Quienes estamos escribiendo en alguna de nuestras lenguas vivas, nos esforzamos aportando nuestro granito de arena por preservar nuestra lengua, esa hermosa palabra florida que nuestros abuelos nos heredaron, desde pequeños; pero, lamentablemente, a los escritores en lenguas indígenas pareciera que se nos puede contar con los dedos, somos muy pocos a pesar de los miles de hablantes. Mentiría si les dijera que en mi pueblo, a pesar de que desde el vientre de nuestras madres escuchamos las palabras hermosas en náhuatl y después crecemos hablándola, no sabemos ni la escritura; esto, a pesar de que supuestamente la educación básica es bilingüe, que nada tiene de bilingüe. Solamente es letra muerta.

Por ello, los nativos y gente hablante de otras lenguas debemos impulsar nuestros usos y costumbres, desde el punto de partida de nuestras lenguas vivas y ya no permitir que mueran más, quienes la escribimos debemos a la vez impulsar nuevos talentos. No hay que apagar la luz de otro para que brille la nuestra…, reza la frase de Mahatma Gandhi.

Recuerdo que cuando empecé a escribir en 1994, sólo algunos sobresalían por tener acceso a publicaciones. Y quienes no, moríamos en el intento. Muchos se quedaron. Ahora debe ser lo contrario a nuestra egolatría, debemos multiplicarnos para que nuestras lenguas sobrevivan en un mundo globalizado.

Por tanto la salida dará inicio en la Congregación de Atzompa, municipio de Soledad Atzompa, Veracruz, ubicado en la inmensa Sierra Fría de Zongolica, el día 11 de agosto del año en curso a las 10:30 a.m., recorriendo primero el sur para bordear al centro yendo al norte, para regresar al centro del país. Esto se traduce en lecturas en plazas públicas, casas de cultura, autobuses, universidades, presentación de libros, etc., donde se abra un espacio con la única intención de difundir la lengua de nuestros ancestros.

Partiré con las manos vacías y con los bolsillos llorando, es decir, sin dinero, pero estoy seguro que sabré lidiar con ello. Sé que no me faltará un piso para dormir, un taco que compartir, y mucha palabra que dar a conocer. Por lo que, qué más agregar. Me guío por la necesidad de contribuir a que la lengua milenaria, la de los tlacuilos no se decrete algún día muerta a falta de hablantes, que siga presente y cobre fuerza para seguir sobreviviendo a pesar de que la globalización nos orilla, nos arrincona, aquí, donde desde tiempos remotos se nos ha desplazado.

Quiero adelantar que no seré el poeta que con este movimiento pretende lograr mucho, porque no sé aún lo que suceda. Sólo espero que sin egolatrías sumemos esfuerzos con la finalidad de que logremos rescatar nuestras lenguas vivas del destino que les espera. Adelantar también que no tengo preparación académica, sino que soy un autodidacta que nació hablando la lengua materna por herencia de los abuelos.

Sea pues todo esto en favor de nuestras lenguas indígenas. Y desde ya, agradecer a todos aquellos que están en espera de la fecha. Y alistándose para programar algo en su lugar de residencia. De antemano, muchísimas gracias a todos ustedes.

Fraternalmente,

Sixto Cabrera González, poeta náhuatl

Soledad Atzompa, Veracruz, México.


Este diccionario, editado por Foroxd, se puede descargar
gratuitamente a través de este enlace.


domingo, 13 de julio de 2014

Fiasco de una conmemoración: el centenario del atentado de Sarajevo

El magnicidio de Sarajevo según un grabado de la época.

Como se ha divulgado hasta la saciedad en las últimas semanas, se ha querido conmemorar en Sarajevo el centenario del atentado que el 28 de junio de 1914 costó la vida al archiduque Francisco Fernando de Austria –heredero de la corona imperial– y a su esposa, la duquesa Sofía Chotek, hecho que sirvió de excusa (o detonante) para el estallido de la primera guerra mundial.

Los medios de comunicación occidentales han dedicado más o menos espacio a esa conmemoración, pero no han hecho hincapié, sin embargo, en que fue un gran fracaso, y que los habitantes de la ciudad habían sido marginados. Sarajevo, que todavía muestra muchas cocatrices del asedio más terrible de la historia contemporánea (desde el 5 de abril de 1992 hasta el 29 de febrero de 1996, con la muerte de más de 12.000 personas y 50.000 heridos, además de importantísimos destrozos en la ciudad), y aún no se ha rehecho psicológicamente de aquella tragedia, no hubiera debido sufrir el atropello internacional de una exagerada conmemoración centanaria.

Uno de los actos conmemorativos del centenario del atentado de Sarajevo:
la colocación de una corona de laurel en el lugar del magnicidio.

(Foto © afp)

Los representantes de la Unión Europea (VIPs) que asistieron a los actos programados por ésta, “prisioneras de su tecnocracia, no tenían nada que decir sobre la historia”, y los medios de comunicación “sólo desempolvaron viejas imágenes, centrándose en el enfrentamiento franco-alemán, sin apenas evocar el complejo juego de alianzas ni el trasfondo social del drama”, denuncia el periodista francés Jacques Pilet, quien se refiere sobre todo, situándose hace un siglo, a los odios nacionalistas y la persecución de judíos, homosexuales y artistas, acusados de haber provocado la “decadencia occidental”, de la cual fueron responsables, sobre todo, los dirigentes políticos que fomentaron el odio entre países vecinos (aquellos polvos se convirtieron, en 1939, como sabemos, en lodos todavía más lamentables...).

Gavrilo Princip tras su detención.

Ese odio estuvo de algún modo presente en las celebraciones de 2014: mientras los “occidentales” recordaban casi festivamente, sin entrar en el fondo de la cuestión, el funesto atentado y sus consecuencias, los serbios rendían homenaje al autor material del magnicidio, Gavrilo Princip, miembro de la organización clandestina Mlada Bosna (‘Joven Bosnia’), que fue únicamente (y también imprevistamente) la mano ejecutora de un grupo conspirador –formado por un grupo de militares encabezado por el coronel serbio Dragutin Dimitrijević– que luchaba por la emancipación de Bosnia del Imperio austrohúngaro (no es casual que el puente sobre el río Bosna junto al que se produjo el atentado sea conocido como Puente Latino [Latinska ćuprija] por los bosnios y Puente Princip [Principov most] por los serbios, que le dieron esa denominaron en 1918 y la mantuvieron hasta 1992, cuando Bosnia y Hercegovina se independizó de la federación yugoslava).

El Puente Latino sobre el río Bosna. A la izquierda, el museo
dedicado al magnicidio, frente al lugar donde se produjo.
(Foto © Anjci)

En el texto que presentamos a continuación es muy crítico con los organizadores y los medios de comunicación internacionales y denuncia bien a las claras lo que significaron los actos oficiales del 28 de junio de 2014 para los habitantes de la ciudad.

Albert Lázaro-Tinaut


Placa junto al Puente Latino de Sarajevo que recuerda
el lugar donde tuvo lugar el atentado.
(Foto © Michael Büker)


El centenario visto por una sarajeviana

Por Zehra Sikias

Para una serajeviana como yo, las conmemoraciones del centenario han sido mucho más que una decepción. Me resulta difícil encontrar la palabra exacta para describir los sentimientos que me invadieron, pero humillación es probablemente la que predomine.

El atentado de Sarajevo tuvo lugar hace cien años y, sin embargo, Sarajevo 1914 es como si fuera ayer.

Como sarajeviana, me siento profundamente enraizada en mi ciudad. Su historia es la mía. Sus heridas son las mías. Sus cicatrices, también. Tengo, por otro lado, una identidad plural que a veces me permite verlo todo desde fuera, pero para mis citas con Sarajevo me gusta vivir en simbiosis con esta ciudad, sentirme ciudadana de esta ciudad única.

Una mujer se apresura entre las ruinas de Sarajevo para esquivar
a los francotiradores en abril de 1993, durante el asedio de la ciudad.
(Foto © Michael Stravato / AP Photo)

El 28 de junio de 2014, Sarajevo, corazón de Europa, es una de esas citas. La ciudad vuelve a ser un símbolo. Están aquí los medios de comunicación del mundo entero. Tienen lugar en Sarajevo decenas de acontecimientos culturales para evocar el centenario del 28 de junio de 1914. Los VIPs han vuelto, y muchos de ellos son los mismos que vinieron durante el asedio de Sarajevo. La ciudad, además, está invadida por extranjeros, turistas, organizadores, participantes…

Los sarajevianos, por su parte, han decidido faltar a esta cita. Muchos han preferido irse de fin de semana para dejar pasar esta fecha “explosiva”, que coincide con el Vidovdan [1], el inicio del Ramadán y el aniversario del atentado de Sarajevo. No temen incidentes, pero todos quieren alejarse del ambiente plúmbeo de los grandes discursos cínicos en los que aquí ya nadie cree.

Yo preferí quedarme, más bien por curiosidad. Me equivoqué.

Recreación casi sainetesca, en las calles de Sarajevo,
de la visita del archiduque Francisco Fernando.

Como sarajeviana, me sentí humillada por la manera como se conmemoraba un hecho tan terrible, un asesinato. Fue un centenario pomposo y caro, pero vacío de contenido y sin un mensaje claro. Un centenario organizado por los extranjeros para los extranjeros, al que la población local fue invitada meramente como muda espectadora. Un centenario financiado por la Unión Europea, que no tenía absolutamente nada que decir allí. Un centenario que presentó una carrera ciclista como evento destacado, poniendo en su cartel la imagen de la esposa del embajador de Francia, una ciclista a la que se le ocurrió esa idea, burlándose de las sospechas de favoritismo que tanto peso tienen en la selección y elección de cualquier proyecto. Un centenario que invitó a una pléyade de periodistas, artistas y personalidades francesas, cuyo colofón fue una conferencia a la que asistieron apenas diez personas… Eso pone de manifiesto el interés que individuos e interlocutores suscitaron y, por supuesto, la poca profesionalidad de los organizadores.

Una instantánea del Grand Prix de ciclismo organizado 
por la Embajada de Francia en Sarajevo.
(Fuente: BBC News Europe)

Humillada por el hecho de que el 28 de junio de 1914 fuera presentado sobre todo bajo el prisma de los nacionalismos en Bosnia y en los Balcanes, aquel “barril de pólvora”. Europa, el mundo entero, las grandes potencias, hicieron sencillamente el panoli, ya me entienden.

Humillada al escuchar a través de France Inter una versión puramente franco-francesa de la Historia, con machaconas reiteraciones sobre las divisiones entre los pueblos. Francamente, aquel día no me habría gustado nada ser serbia. Los excesos se multiplicaron. Viví el asedio de Sarajevo y soy lo que los medios de comunicación franceses insisten en denominar “una musulmana”; conocí la guerra y viví en mis propias carnes los efectos del nacionalismo serbio. Pero después de veinte años, lo que oí a través de France Inter me sublevó profundamente. ¡Que se digan las cosas tal como son!: no es cierto que todos los bosnios consideren a Gavrilo Princip un asesino, para muchos de ellos es un héroe de la liberación de los pueblos yugoslavos. Tampoco todos los serbios lo consideran un héroe que les pertenezca. Gavrilo Princip no es un héroe serbio, es sobre todo un miembro de la Mlada Bosna, un movimiento de liberación de los pueblos yugoslavos. Las cosas no son sólo blancas o negras, como se ha oído durante los actos del centenario.


Detención de Princip
inmediatamente después
del atentado.

Humillada también por haber tenido que escuchar siempre a los mismos a través de los medios de comunicación, y consternada porque nadie invitara a Zlatko Dizdarević [2], quien hubiera podido decir muchas cosas ineresantes acerca de lo que simboliza ese centenario, cuya conmemoración ha contribuido, lamentablemente, a dividir todavía más a la sociedad bosnia.

Humillada porque algunos de esos mismos periodistas ni siquiera se tomaron la molestia de aprender que el nombre de la ciudad no se pronuncia Sarajevo o Sarazhevo, sino SARAYEVO.

Humillada porque vi a decenas de “VIPs” pavonear por la ciudad. Parecía evidente que ellos eran las auténticas “vedettes” de las conmemoraciones y atraían la atención de los medios occidentales, los que “daban tono” a esas conmemoraciones que, al final, acabaron convirtiéndose en celebraciones. BHL [3] estuvo ausente de la ciudad durante los últimos quince años, y ahora que todos los medios internacionales habían desembarcado en ella, pudo hacer su show particular y lanzar la idea de recoger un millón de firmas para que Bosnia entrara en la UE… Eso no es ayudar a Bosnia, sino humillarla, considerarla una república bananera. Sin embargo, BHL no está solo en ese empeño: lo que le interesaba era su promoción personal, en todo su esplendor, de cara a la galería mundial. Fue tan triste…


Bernard-Henry Lévy.
(Foto © Patrick Kovarik / AFP)

Humillada por una organización lamentable de un festival que ha costado dos millones de euros a los contribuyentes de la Unión Europea. Comprenderán que si alguien quería asistir a un acontecimiento cultural relacionado con las conmemoraciones, tenía que estar muy bien relacionado con los organizadores, es decir, formar parte de los VIPs. No era posible comprar entradas ni en el Teatro Nacional para ver la pieza de Bernard-Henry Lévy, ni para asistir a un concierto de Amira Medunjanin [4], por ejemplo, pues todas las butacas habían sido reservadas previamente. En fin, nadie se tomó la molestia de organizar todo esto pensando en el público local…

Sin embargo, los sarajevianos fueron invitados a asistir a un concierto de la Orquesta Filarmónica de Viena a través de una pantalla gigante instalada frente a la Vijećnica [5]. Otra humillación: la mitad de la ciudad cerrada al tráfico para que pudieran desplazarse los VIPs en sus limusinas negras, mientras que los sarajevianos debían contentarse con unas docenas de viejas sillas de plástico situadas en un aparcamiento, bajo un sol de justicia. Había que sentirse muy motivado para quedarse allí… Por la noche, otra gran decepción, según quienes tuvieron la suerte de verlo, e incluso de oírlo: el espectáculo de Haris Pašović [6].


Pantalla gigante a través de la cual los ciudadanos de Sarajevo
pudieron seguir el concierto de la Orquesta Sinfónica de Viena
frente al renovado edificio de la Vijećnica.
(Fuente: The New York Times)

Humillada, en fin, por el escaso eco que ha tenido en la prensa internacional el fiasco de las conmemoraciones en Sarajevo… “Estamos invadidos por el capitalismo, la comunidad internacional, el Fondo Monetario…”, podía leerse, sin embargo, en las pancartas de un reducido grupo de sarajevianos que protestaban ante la Vijećnica el 28 de junio de 2014. Fue poco antes del tan esperado concierto y justo en frente de los platós de las televisiones. Pero las emisoras de radio lo silenciaron…

Como sarajeviana tengo que estar satisfecha, no obstante, de que mis conciudadanos hubieran entendido perfectamente las reglas del juego y se hubieran largado de la ciudad con la intención de no enterarse de nada. Es lo único que se puede hacer ante los “grandes”. Sarajevo será siempre un escenario para el teatro de los “grandes”. Ni más, ni menos.


Homenaje de la comunidad serbia a Gavrilo Princip ante
el monumento erigido en su memoria en la zona de Sarajevo
perteneciente de la Republica Srpska.
(Foto © Fehiim Demir / EPA)

Este texto, traducido del francés por Albert Lázaro-Tinaut,
fue publicado el 6 de julio de 2014 por BH Info.


[1] Festividad religiosa ortodoxa de san Vito, que serbios y búlgaros celebran coincidiendo con el 15 de junio del calendario juliano (28 de junio del calendario gregoriano). Esta fecha coincide con varios acontecimientos históricos significativos: tradicionalmente, con la batalla de Kosovo (o del Campo de los Mirlos), en 1389, en la que serbios y bosnios se enfrentaron a los ejércitos del Imperio otomano; el Tratado de Versalles, que ponía fin a la primera guerra mundial, en 1919; la constitución del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (Constitución de Vidovdan) promulgada por Alejandro I de Serbia, en 1921; y la ruptura entre los comunistas yugoslavos y la Unión Soviética, en 1948. 
[2] Destacado periodista bosnio, considerado uno de los expertos más solventes y respetados por su posición independiente y crítica con respecto a la guerra de Bosnia y a las diversas realidades sociopolíticas en el antiguo espacio yugoslavo.
[3] Se refiere al filósofo y escritor francés Bernard-Henry Levy. Fue uno de los primeros intelectuales que pidieron públicamente una intervención internacional en la guerra de Bosnia y denunció los abusos de los serbios en los campos de prisioneros bosnios.
[4] Joven intérprete de sevdah, la música tradicional bosnia, que ha cosechado muchos éxitos y se ha hecho célebre internacionalmente.
[5] El edificio de la biblioteca nacional bosnia, que se convirtió en uno de los símbolos de la ciudad sitiada al haber sido bombardeada y quemada por los serbios en agosto de 1992. Ahora, reconstruido, es la nueva  sede del Ayuntamiento de Sarajevo.
[6] Célebre director teatral y de cine bosnio.


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miércoles, 11 de junio de 2014

La aplicación de la política peronista a los pueblos originarios de Argentina

Indígenas del norte de Argentina manifestándose en Buenos Aires en 2010,
durante las conmemoraciones del bicentenario de la Revolución de Mayo.
(Fuente: El Taburete, www.eltaburete.wordpress.com)


En otras ocasiones, el transeúnte ha presentado en este blog los problemas de los pueblos minoritarios o marginados, por cuyas culturas siente un especial interés. Ahora publica un interesante artículo, todavía inédito, que la antropóloga argentina María Lina Picconi ha tenido la deferencia de ofrecerle, gesto que le agradece.

Como de costumbre, este blog no comparte necesariamente las ideas ni las tendencias de los autores de los artículos que publica y permanece al margen de cualquier filiación ideológica, mientras no sea extremista, con lo que garantiza la total y absoluta libertad de opinión y expresión.




Perón y los aborígenes en Argentina

Por María Lina Picconi

  
El problema indígena para Perón

… El elemento trabajador, el obrero, el verdadero siervo de la gleba, el esclavizado peón del surco norteño, alentados por la esperanza de una vida menos dura y de un porvenir más risueño para sus compañeras y para sus hijos, sacuden su sumisión ancestral, reclaman como hombres la milésima parte de las mejoras a que tienen derecho… [1]

Juan Domingo Perón
(Palabras pronunciadas en el acto de proclamación de su candidatura. 1946)
                                                                                            

El Movimiento Nacional Justicialista o Peronismo creado alrededor de la figura de Juan Domingo Perón, es el movimiento de masas argentino que, empleadas en las nuevas industrias y sin antecedentes de sindicalización, habían emigrado desde las zonas rurales del interior hacia la periferia de las grandes ciudades.
Con la asunción de Perón a la presidencia de Argentina en 1946, y con él, las ideas justicialistas, los pueblos originarios vieron la posibilidad de obtener lo que desde tanto tiempo venían reclamando: la tierra donde habitaban y trabajaban.

Emblema del Partido Justicialista,
fundado por Perón en 1947.

Otro de los problemas que venían padeciendo desde el periodo irigoyenista, era el del "estado civil", o sea, su situación de "indocumentados”. Al carecer de documentos que probaran su existencia, no eran incluidos en los censos y, lo que era más grave, carecían también del carácter efectivo de "personas-habitantes". Esta situación, entre cuyos efectos estaba la pérdida de los derechos y garantías como habitantes del país, había logrado, esporádicamente, alguna propuesta de solución para enmendar algunas situaciones particulares, pero sin afrontar el problema en su verdadera dimensión social, que era la de la categorización del indígena como miembro o no, del colectivo nacional.

A comienzos de la década de 1940 comienza a notarse un cambio importante en la forma en que se describía la población indígena en los mensajes presidenciales concentrados en ese momento en las colonias chaqueñas. La política del nuevo gobierno se basó sobre un principio de justicia social, y en ella albergaban sus esperanzas los aborígenes argentinos. Esta política venía perfilándose desde años atrás, en la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión, con la que se había iniciado la “era de la política social argentina”.

“Al defender a los que sufren y trabajan para plasmar y modelar la grandeza de la Nación, defiendo a la Patria…”, decía Perón. Y daba de esta manera un lugar en la sociedad a los que hasta entonces habían estado relegados: a los descendientes de los pueblos originarios argentinos, a los hombres del interior, a los mestizos, llamados despectivamente cabecitas negras”. Y a partir de esta postura, las comunidades aborígenes fueron partícipes de medidas novedosas por parte del Estado, como por ejemplo el decreto con el que se mandaba expropiar las tierras de Rodero y Negro Muerto en Humahuaca y Yavi, para entregarlas a sus moradores. [2]

Como presidente, Juan Domingo Perón, aspiraba a un país más vertebrado, en el que los habitantes de todo el territorio argentino tuvieran una relación estrecha entre sí. Pero, ¿realmente entraban en esta unidad estructural de la cultura argentina los “cabecitas negras”? “... Los cabecitas negras tuvieron por función subrayar la diferencia, marcar la separación entre un nosotros y los otros, oponer, en fin, al proceso de integración un proceso inverso de segregación....”, según Cuevas.  

Indígenas collas del noroeste de Argentina.
(Fuente: Jallp’a Suyana, 2013)

Y los primeros en recibir este proceso discriminatorio fueron los collas, quienes en 1946 marcharon hacia Buenos Aires reclamando sus tierras, en una caravana,  a la que se llamó “el Malón de la Paz”. Dichas tierras “habrían sido adquiridas tiempo atrás por un propietario latifundista a precios irrisorios y valuadas luego, en una suma elevadísima”. [3]
             
La comitiva aborigen fue alojada en el Hotel de Inmigrantes y después de un tiempo, fue enviada de regreso al noroeste argentino. “... así, nació el viaje, la marcha, nuestro malón sin lanzas y con sikuris , erkenchos, bombos y antaras.” [4]

Los motivos de la marcha fueron explicados en el diario Nuevos Tiempos del mes de julio de 1946 de la siguiente manera: “... Algo los impulsó a marchar. La Revolución, como grito de rebeldía incontenible... y Jujuy y los collas supieron que al fin la justicia social retornaba a nuestras tierras, y que un hombre, el General Perón, era campeón de la justicia. El tumulto rebelde se hizo caravana... la revolución ha llegado a todas partes, y la revolución viene ahora hacia aquí, en busca de un gestor indiscutido, el actual presidente de los argentinos...”.

Participantes en el "Malón de la Paz" desfilando 
por Buenos Aires después de haber recorrido
más de 2000 kilómetros desde el norte de Argentina.

Valentín Zárate y José Nievas, en nombre de los aborígenes hicieron la siguiente presentación ante el Honorable Congreso de la Nación, el 11 de julio de 1946: “Señores del Congreso Nacional, queremos que sepan que las tierras de la Puna fueron de nuestros bisabuelos. El señor Patrón Costas se apoderó de ellas y siguió sumando hectáreas a su propiedad. Tenemos que pagar 1,50 pesos por cada cabeza de ganado y otro tanto por cada planta de naranjo que cultivamos. La producción apenas alcanza para nuestra familia. Si se muere una vaca o se seca una planta igual nos cobran el impuesto por cinco años. En la zafra nos pagan 1,50 pesos por cada kilo de caña que pelamos y a veces nos lleva tres días de labor. Es decir que ganamos 1,50 pesos por día. No es posible negarse, si lo hace se le aparece la policía del ingenio, con Winchester, pistola, sable y látigo, y nos obligan a trabajar. También es obligatorio comprar en la proveeduría del ingenio. Si compramos en otro lado, la misma policía se encarga de sacarnos las provisiones y nos castigan haciéndonos trabajar gratis una semana. A veces nos llevan presos y nos dejan en los calabozos seis días sin comer. El kilogramo de azúcar cuesta, a nosotros los collas, 60 centavos, justo donde se la produce, 13 centavos más que en cualquier otra parte. La yerba envasada 2 pesos, el arroz 1 peso y un par de alpargatas 2 pesos.” [5] Esta marcha descubría grandes intereses por parte de terratenientes de la región. 

Al respecto otro diario de la época El Laborista, hacía la siguiente acusación: “... estos indios trabajadores, mansos y sufridos, vienen a protestar contra su patrón, contra el señor feudal dueño de vidas y haciendas de su provincia. Este señor se llama Robustiano Patrón Costas [6]... ocupa la tierra de los collas y desaloja a los pobres indios de donde han vivido desde siglos y nadie le puede decir nada... el gobierno actual que por sobre todas las cosas tiene un sentido profundamente humano y considera a cada hombre como un elemento precioso de la prosperidad argentina... no ha de permitir que los collas sean desalojados de sus tierras...”.

Hombres armados al servicio de Robustiano Patrón Costas 
reprimiendo las protestas de los indígenas collas.

La política del General Perón, basada en un principio de justicia social, ya había mandado expropiar las tierras de Rodero y Negro Muerto (Humahuaca) y Yavi, en el departamento del mismo nombre, a través de un decreto, para entregarlas a los aborígenes; los collas traían el propósito de lograr la intervención de la Dirección de Protección al Aborigen, para que se les entregara dichas tierras donde habitaban y trabajaban, que en ese entonces dependía de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Pero, no tuvieron respuesta a sus reclamos.

En agosto de 1946 el diario La Razón comentaba: “... La primera etapa del Malón de la Paz, que comenzó con lágrimas de emoción, terminó con lágrimas causadas por el gas lacrimógeno y con llantos de desilusión...”. [7]

La Dirección de Protección al Aborigen fue creada durante la presidencia de Edelmiro Farrel, el 17 de enero de 1946, para reemplazar a la Comisión Honoraria de Reducciones de Indios [8]. En febrero de 1949, ya siendo presidente el Gral. Perón, pasó a formar parte de la Dirección Nacional de Migraciones y posteriormente, el 30 de septiembre de 1949, se dispuso que pasara a depender del Ministerio de Asuntos técnicos. Las funciones específicas de la Dirección de Protección del Aborigen fue la adquisición de ganado y herramientas  destinadas a las colonias aborígenes de todo el país.

El 1 de agosto de 1949, se declararon “de utilidad pública y sujetas a expropiación las tierras de la provincia de Jujuy, ubicadas en los departamentos de Tumbaya, Tilcara, Valle Grande, Humahuaca, Cochinoca, Rinconada, Santa Catalina y Yavi”. [9] Todavía en la actualidad, los aborígenes siguen reclamando sus tierras. El Segundo Malón de la Paz, realizado en agosto del 2006 reeditó la lucha  que llevaron adelante hombres y mujeres de la Puna en 1946, cuando marcharon a pie hacia Buenos Aires para pedirle al presidente Perón la devolución de sus territorios. [10]

Imagen del Segundo Malón de la Paz, en el año 2006.
(Fuente: Warmi, 2007)


Decisiones del gobierno peronista

La administración de las tierras expropiadas estuvo a cargo del Ministerio de Finanzas, en nombre del Poder Ejecutivo, estableciendo las siguientes bases:

- Los aborígenes no podían ni enajenar, ni ceder las tierras.

- Se les otorgaría préstamos especiales para construcción de vivienda y explotación agrícola-ganadera.

- Se los capacitaría para la convivencia nacional, a través de la instalación de escuelas, estaciones sanitarias, etc.

En 1953, se creó la Comisión de Rehabilitación de los Aborígenes, cuya función principal fue la recuperación de dichas tierras expropiadas en Jujuy y la atención de las necesidades de las comunidades emergentes de ese proceso. El gobierno justicialista lanzó dos Planes Quinquenales, a lo largo de su mandato, irónicamente incluido en un capítulo llamado “la organización del pueblo”:


1. El primer plan, entre 1947 y 1951, cuya propaganda seguía el siguiente slogan: “La pujanza de un pueblo fuerte, en un gigantesco paso hacia la recuperación nacional”; pero, que solo tuvo en cuenta a los pueblos aborígenes en el capítulo llamado “Cultura”, en el que hacía referencia a la cultura adquirida por el pueblo argentino, [que] se nutre entre otras vertientes de los elementos autóctonos (Martínez Sarasola). También tuvo en cuenta la adjudicación de tierras en tres etapas sucesivas, con la que el aborigen sería, en el futuro, dueño de la misma.

2. El segundo plan, entre 1952 y 1957, incluyó en su texto la protección al aborigen diciendo: “La población indígena será protegida por la acción directa del Estado, mediante la incorporación progresiva de la misma al ritmo de vida general de la Nación (Tesler). Además, Perón nombró como titular de la Dirección de Protección al Aborigen al cacique araucano  Jerónimo Maliqueo: “... Teniendo presente la personalidad del aborigen dentro del justicialismo argentino, destacamos que el Gral. Perón en su carácter de presidente del Estado, ha puesto en posesión del cargo de titular de Dirección de Protección al Aborigen, a un cacique aborigen araucano... Jerónimo Maliqueo...”.

Propaganda del Segundo Plan Quinquenal promulgado 
por el gobierno justicialista en 1952.

En conclusión, el texto de los Planes Quinquenales, declaró la necesidad "urgente" de que el indígena llegase a ser dueño de su tierra, propuso una nueva reforma educativa y justificó la intervención directa del Estado en las relaciones entre los indígenas y el resto de la comunidad.

El vocablo “protección” fue utilizado muy asiduamente en esta época, cuando se hablaba de pueblos originarios en Argentina. Y cuando de aborígenes se trataba, la acción por parte de la sociedad debía ser absorberlos, habilitándolos de una “vida normal”, en pos del progreso. Seguían sin respetarles, como en gobiernos anteriores, ni sus hábitos, ni sus costumbres y menos que menos, su cultura. Era el “Estado Benefactor” que actuaba adquiriendo una dimensión personal y sensible, aplicada a través de la Dirección de Protección al Aborigen. “La experiencia de la acción social directa, sumada al reiterado discurso del Estado, terminaron constituyendo una nueva identidad social, los humildes, que completó el arco popular de apoyo al gobierno. [11]

 Se puede destacar entonces, a partir de las palabras de Romero, un fuerte peso de la dimensión simbólica. Perón, con su carisma personal y siempre atento con los humildes, empleaba con ellos un paternalismo casi militar: parecía el padre del regimiento a nivel de toda la nación. Por todo esto la clase trabajadora y los humildes generaron esa necesidad de defender al único hombre del poder, que estaba junto a ellos. ... Una sola Nación... un solo proyecto político... volver a la Patria americana”, decía Perón. De su mano y la de Evita los trabajadores y sus organizaciones sindicales se constituyeron en el símbolo de un país socialmente integrado a través de la dignidad que otorga el trabajo y la producción. “Al manipular los símbolos y establecer rituales, Perón fue capaz de reforzar su imagen como líder carismático. Los rituales políticos, eran momentos en los cuales podía colocarse a si mismo y a los símbolos asociados a su persona y al movimiento en el centro de los eventos...” [12]

Cartel propagandístico del Justicialismo,
con las imágenes de Perón y su esposa, Evita.

En este marco, los aborígenes debían ser sometidos a adaptación y educación”; fue así que se autorizó al Poder Legislativo la creación de varias Colonias Granjas, cuyo número final sería de 9, en las provincias de Neuquén (1), Salta (2), Jujuy (1), Presidente Perón (Chaco) (1) y Formosa (4), ajustándose, esta ley, al Capitulo ll de la Constitución, donde decía que “hasta hace poco los aborígenes no eran contemplados como entes sociales”. La nueva Constitución había sido aprobada el 11 de mayo de 1949, transformando el tradicional inciso 15 del Art. 67, y dejando solamente la frase inicial “proveer a la seguridad de la frontera”. Se eliminaba así, el párrafo alusivo al trato pacífico con los indios y su conversión al catolicismo. De esta manera se lo estaba reconociendo como “ciudadano”, pero el riesgo de esto radicaba en la anulación de su propia cultura.

Respecto al proyecto de las Colonias Granjas, afirma Tesler que el legislador salteño Manuel Vicente López opinó que no estaba orientado con criterio americanista, ni liberador, ni tampoco a brindar medios para el mantenimiento de tradiciones y costumbres aborígenes”. El gobierno de Perón, el justicialismo, aspiraba a una homogeneización de la sociedad, a “... una sola Nación...”, según sus propias palabras, pero, en donde no entraba el aborigen, y donde podía entrar había que educarlo, integrarlo y adaptarlo.

En la lista de las Veinte Verdades del Justicialismo, una de ellas, la número 20, dice: “En esta tierra, lo mejor que tenemos es el pueblo”. Cabe preguntarnos, entonces: ¿se habrá acordado, el Gral. Perón,  de los pueblos originarios cuando formuló esta aseveración?


Conclusión

A modo de final, y como síntesis, deseo nombrar los aportes que consideré importantes hacia el aborigen durante los años peronistas:

- Comienza a tomar forma un proceso iniciado con Irigoyen, por el que se desplaza la identificación propuesta por el Estado hacia los sectores populares: a partir de ahora cobran importancia los campesinos, los trabajadores, los obreros, los descamisados, y entre ellos los pueblos originarios que se verán en cierta medida favorecidos.

-  Se concreta la entrega de tierras a las comunidades aborígenes.

-  Se aprueba el estatuto del peón, que evitará en lo sucesivo abusos sobre la mano de obra en las estancias, ingenios y obrajes. [13]

-  Los grupos aborígenes logran colocar a sus propios hombres en organismos nacionales y provinciales, quienes se harán cargo de los problemas de las comunidades y de donde surgirán los futuros dirigentes indígenas.

Como opinión personal, observo que este período se caracterizó por el énfasis en los "deberes" del estado para con los indígenas, y por la intervención estatal directa en la solución de los problemas derivados de la relación Indígenas-Nación. También me parece importante destacar la inclusión del "problema indígena" entre los “problemas sociales”, pero no puedo dejar de observar que al final de cada una de las soluciones buscadas para con ellos, continuaron relegados como habitantes del territorio argentino, durante toda la gestión del gobierno peronista.


La whipala (o huipala), bandera adoptada
por varios pueblos indígenas andinos.


[1]  J. C. Torre:
Nueva Historia Argentina. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 2002. 
[2] L. Cuevas: “Ahora”, en Arturo Sala: La resistencia seminal. El Malón de la Paz: historia de un largo y permanente peregrinar. Cáp. 5. Ed. Biblos. Buenos Aires. 1946
[3] C. Martínez Sarasola: Nuestros paisanos los indios. Emecé Editores. Buenos Aires. 2005.
[4] Arturo Sala: La resistencia seminal: de las rebeliones nativas y el Malón de la Paz a los movimientos piqueteros. Editorial Biblos. Buenos Aires. 2005.
[5] Ibíd.
[6] Robustiano Patrón Costas estaba propuesto como vicepresidente de la nación por la clase oligárquica, acompañado por Alfredo Palacios, del Partido Socialista Argentino.
[7] Mario Tesler: Los aborígenes durante el peronismo y los gobiernos militares. Centro Editor de América Latina. Serie “Conflictos y Procesos de la Historia Argentina Contemporánea” N.º 21. Buenos Aires. 1989. 
[8] Comisión Honoraria de Reducciones de Indios. Decreto 21/09/16. Presidencia de Roque Sáenz Peña. Decreto 15074. 27/01/43. Presidencia de Ramón S. Castillo.
[9] C. Martínez Sarasola. Ibíd.
[10] Voces de la Warmi. Publicación de la Asociación de Mujeres “Warmi Sayajsunqo”. Abra Pampa. Jujuy.  Argentina. 2007.
[11] Luis A. Romero: Breve Historia Contemporánea de la Argentina. F.C.E., Buenos Aires. 1994.
[12] Mariano Plotkin: Mañana es San Perón. Propaganda, rituales políticos y educación en el régimen peronista (1946-1955). Ariel Historia Argentina. Buenos Aires, 1993.
[13] “La sanción del Estatuto del Perón innovó sustancialmente, pues extendió los criterios peronistas al mundo rural, introduciendo un elemento público en las relaciones manejadas hasta entonces en forma paternal y privada” (Luis A. Romero, Ibid.).


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