23 julio 2010

((SIN COMENTARIOS))


© ERLICH. El País, Madrid, 23 de julio de 2010.

14 julio 2010

Exposición de Juan Gris en Barcelona

Juan Gris: Guitare et bouteille (1920).
(© Saint Louis Art Museum)

Josep Casamartina i Parassols publicaba el pasado 3 de junio en el suplemento en catalán ‘Quadern’ del diario El País un artículo titulado “Els pèsols arrenglerats” (‘Los guisantes alineados’)* en el que glosa la exposición del pintor cubista Juan Gris (Madrid, 1887 – Boulogne sur Seine, cerca de París, 1927), acogida hasta el 2 de julio por la galería Manuel Barbié de Barcelona.


Retrato de Juan Gris,
por Amedeo Modigliani (ca. 1915).
(
© The Metropolitan Museum of Art, Nueva York)


Pese a que José Victoriano Carmelo Carlos González-Pérez (nombre completo y auténtico del pintor), uno de los grandes olvidados durante décadas del arte español, nada tuvo que ver con la capital catalana –salvo quizá por los referentes de otros artistas con los que se relacionó, Picasso sobre todo–, su obra ha estado presente de un modo u otro en el imaginario cultural de la ciudad, aunque no expuesta en sus museos. Es lamentable, en este sentido, que las pinturas de este gran represente del cubismo pictórico estén, en cambio, en varios de los museos de arte más importantes del mundo, contrariamente a lo que ocurre con Picasso, de cuya obra Barcelona conserva una parte fundamental.

Hay que mencionar, sin embargo, una excepción interesante, que consiste en las numerosas colaboraciones del artista madrileño, como ilustrador, en dos de las revistas catalanas más importantes del primer tercio del siglo XX: L’Esquella de la Torratxa i Papitu; unas “ilustraciones impecables, elegantes y sofisticadas”, dice Casamartina, “que se apartan bastante del cubismo severo y ascético que practicaba”. Los biógrafos de Juan Gris hacen hincapié en la necesidad que tuvo el artista de recurrir a estos pequeños trabajos para conseguir algunos, aunque escasos, recursos económicos.


Así, mientras que Picasso casi nunca sufrió estrecheces económicas, Juan Gris fue pobre toda su vida, y su compañera, Josette –dice Josep Casamartina–, cosía incansablemente para Coco Chanel y era, por consiguiente, el sustento de la familia. Con los años, el nada ingenuo marchante Daniel-Henry Kahnweiler fue haciéndose con la mayor parte de la obra de su admirado Juan Gris, que luego iría colocando entre los buenos coleccionistas y en los museos más prestigiosos. El Centro de Arte Reina Sofía de Madrid es, en este sentido, un beneficiario de lujo.


Los barceloneses, pues, hemos podido disfrutar durante casi un mes y medio de la exposición de ocho telas y once dibujos y gouaches de Juan Gris (ved aquí un breve video). Uno de esos lienzos, Nature morte a l'oeuf (‘Naturaleza muerta con huevo’), pintado en 1926, un año antes de morir –obra que no pasó por las manos de Kahnweiler, sino que fue heredada por el único hijo de Juan y Josette–, una pintura “de volúmenes radicales y a la vez paradójicamente planos, casi sin sombra, indica el camino que tal vez habría elegido seguir el artista ante la confrontación inminente que se gestaba entonces en París entre el naciente surrealismo y la abstracción que se consolidaba”, dice Casamartina, y añade: “El neoclasicismo de Ingres, que había hecho furor poco antes, favoreció al Gris dibujante y desorientó un poco al Gris pintor pero, de nuevo, la fuerza poderosa de la geometría, más austera que nunca después de voluptuosas tentaciones, se convertiría en la protagonista prácticamente única de su cautivador testamento”.



Juan Gris: Nature morte a l'oeuf (1926).

En la presentación de la muestra, el comisario de la misma, Juan Manuel Bonet, manifestó que Juan Gris “fue un ‘secreto a voces’ para el mundo del arte y para las instituciones públicas españolas”, y que su obra, como la de Julio González o incluso la de Picasso, tardó mucho tiempo en ser reconocida por el Estado. En el caso de Juan Gris, ni siquiera la República española se interesó por ella, y hasta 1982 –55 años después de su muerte– su ciudad natal, Madrid, no le dedicó una primera exposición. Las colecciones públicas españolas, por su parte, no incorporaron obras de Juan Gris hasta 1977, durante la transición postfranquista hacia la democracia.


Juan Gris: Arlequin (1918).
(© Fundación Telefónica)


El transeúnte sólo tiene constancia de una ocasión en que algunas obras del pintor cubista madrileño, pertenecientes a la colección de Telefónica, fueron expuestas en Barcelona. Fue con motivo de la muestra titulada El cubisme i els seus entorns (‘El cubismo y sus entornos’), presentada en el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC), que se pudo visitar del 21 de diciembre de 2005 al 7 de mayo de 2006. Entonces fueron once las obras de Juan Gris que se presentaron.

Pobre el homenaje rendido hasta ahora en la capital catalana a quien muchos consideran el mejor representante de la pintura cubista, aunque resulte altamente meritoria la contribución de la galería Manuel Barbié. Ojalá que se presente pronto la ocasión de dedicarle una buena exposición antológica.


* La traducción de los fragmentos de dicho artículo que se citan es del transeúnte.


04 julio 2010

Contradictoria Liubliana

El edificio de la Universidad (a la izquierda) y la iglesia
de las Ursulinas (al fondo), desde el Castillo de Liubliana.

(Foto © Albert Lázaro-Tinaut)

Las contradicciones históricas

Aunque a primera vista no lo parezca, la capital de Eslovenia (un país que apenas supera los 20.000 kilómetros cuadrados, es decir, poco más que Navarra y el País Vasco juntos o equivalente en superficie a El Salvador) es una ciudad bastante contradictoria. En primer lugar, porque se ha convertido en la capital de la República por carambolas históricas, ya que la auténtica capital eslovena debería ser Trieste (Trst, en esloveno), ciudad que ahora está en tierras italianas, pero donde la considerable comunidad eslovena ha sido siempre, y es, muy activa, a pesar de las dificultades que ha padecido durante años y hasta hace muy poco. Por otro lado, el alma cultural eslovena tiene muchas raíces firmemente incrustadas en Klagenfurt (Celovec, en esloveno), la capital de la Carintia austríaca, donde nacieron figuras notables de la literatura en lengua alemana, como son Robert Musil e Ingeborg Bachmann, pero también algunas personalidades relevantes de la cultura eslovena: es el caso, por ejemplo, de Jožef Stefan (1835-1893), una de las eminencias científicas y, sobre todo, uno de los grandes matemáticos europeos de su época (que también era poeta, dicho sea de paso).

Liubliana, nacida como un asentamiento militar romano que se convirtió en la ciudad de Emona (mejor dicho, en la Colonia Iulia Aemona) en las postrimerías del siglo I de nuestra era y sufrió la furia de los hunos, los ostrogodos y los lombardos, fue poblada por eslavos en el siglo VI y aún tuvo que padecer la sumisión a los francos y, más tarde (desde 1278), a la dinastía de los Habsburgo. Cuando en 1809 Napoleón anexionó de facto a Francia las Provincias Ilirias, estableció allí la capital de éstas, y cuando los territorios que las constituían volvieron a manos austríacas, en 1813, en Viena se les ocurrió convertirlos, por razones administrativas, en el llamado Reino de Iliria (1816-1849), dependiente del Imperio, que mantuvo la capitalidad en Liubliana (con el nombre alemán de Laibach), pese a que tanto Trieste como Klagenfurt formaban parte de él.



Liubliana en el siglo XVII, según un grabado del libro Die Ehre
dess Hertzogthums Crain, de J. V. Valvasor (Núremberg, 1689).
Destaca la primitiva iglesia de San Jacobo, a los pies del castillo.

La opinión de los eslovenos, sometidos, no tenía, evidentemente, ningún interés para la entonces lejana corte vienesa. La derrota del Imperio austrohúngaro en la primera guerra mundial hizo que el territorio esloveno se incorporara, en 1918, en el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (Kraljevina Srbov, Hrvatov in Slovencev, en esloveno), el cual se transformaría, en el año 1929, en el Reino de Yugoslavia y, después de la segunda guerra mundial, en la República Federal de Yugoslavia. Sólo cuando Eslovenia obtuvo por primera vez la auténtica independencia, que fue proclamada el 25 de junio de 1991, Liubliana se convirtió en la capital de un Estado europeo, que en el año 2004 se integró tanto en la OTAN como en la Unión Europea, y el 11 de junio de 2006 sustituyó la moneda nacional, el tólar, por el euro.


Liubliana, aunque muchos eslovenos la consideran provinciana (¡la sombra de Trieste es alargada!), es una ciudad bonita y seductora, de dimensiones humanas. En ella residen unos 270.000 de los algo más de dos millones de eslovenos que pueblan la República. El centro urbano se extiende a ambos lados del río Liublianica, y el centro histórico está a los pies del castillo (Ljubljanski grad), construido en el siglo XV por los Habsburgo, como muchas otras fortificaciones fronterizas, para defender el Imperio del peligro otomano. Ahora, completamente restaurado (quizá incluso demasiado “rehecho”), es un lugar agradable –se puede acceder a él con un funicular–, desde donde se contempla toda la ciudad y, al fondo, las estribaciones orientales de la cordillera alpina, que en aquel tramo se denominan Alpes Julianos.



Uno de los dragones que decoran
los accesos al Zmajski most
(puente de los Dragones),
inaugurado en 1901 con el
nombre de Puente del Jubileo.

(Foto © Albert Lázaro-Tinaut)


Hay bastantes cosas que ver en Liubliana, además del castillo, desde el Triple Puente (Tromostovje), que cruza el río a la altura de la plaza de Prešeren, donde late el corazón de la ciudad, hasta otro puente famoso, el de los Dragones, de estilo modernista, presidido por las esculturas de unos dragones alados de color verde que rememoran la mitología local, según la cual Jasón, llegado allí con los Argonautas remontando los ríos Danubio y Sava, habría vencido al dragón de Liubliana, que se ha convertido en el símbolo de la ciudad (y, no por casualidad, también de Klagenfurt).


La iglesia franciscana
de la Anunciación,
en la plaza de Prešeren,
desde el Triple Puente.

(Foto © Albert Lázaro-Tinaut)



Al igual que en cualquier país católico, en toda Eslovenia se encuentra la marca jesuítica del barroco, como un vade retro contra la Reforma luterana. De ello son ejemplos, en Liubliana, la catedral de San Nicolás, de 1706, con su cúpula verde (¡todo es verde en Liubliana!), añadida en 1841; la iglesia franciscana de la Anunciación, de mediados del siglo XVII; la de San Jacobo, reformada en 1701, y la de las Ursulinas, de 1726, con su singular fachada. También encontramos algunas fuentes góticas, como la de Robba, la de Hércules, en la ciudad vieja, o la de los Tres Ríos de Carniola, en la plaza del Ayuntamiento.

La arquitectura renacentista (estilo en el que fue reconstruida la ciudad después del terremoto que la asoló en 1511), la ecléctica (representada por la estación ferroviaria, de 1849, la Universidad, el palacio Zois y el teatro de la Ópera, entre otros edificios) y la modernista, que apareció en las nuevas construcciones después de los destrozos de otro terremoto, en 1895, también están presentes en Liubliana. Entre los edificios modernistas (o Jugendstil) hay que destacar la casa Urbanc, de 1903, la Caja de Ahorros Municipal (Mestna hranilnica), de 1904, la casa Bamberg y el hotel Union (1907), el impresionante –y más tardío- edificio rosado del Banco Cooperativo de Negocios (Stavba Zadružne gospodarske banke), de 1921, y la construcción art déco de la Unión Cooperativa (Zadružna Zveza).



Detalles decorativos del edificio
de la Unión Cooperativa
(Zadružna Zveza).
(Foto © Albert Lázaro-Tinaut)


La impresión general de la ciudad, sobre todo de su centro histórico, recuerda mucho la de las ciudades medianas austríacas. No en vano Eslovenia, contrariamente a las demás repúblicas de la antigua Yugoslavia, no es un país balcánico, sino claramente mitteleuropeo. Perderse por las calles de la ciudad vieja, disfrutar de la paz que se respira en ellas y de sus numerosos restaurantes (que en el verano instalan terrazas a la orilla del río), visitar los museos y los edificios notables o sentarse en uno de los múltiples cafés “a la vienesa” o en alguno de los numerosos parques para descansar del paseo leyendo un buen libro, deja en el visitante un regusto agradable, con ciertos toques de heterogeneidad.


Las contradicciones de ahora mismo

Situémonos en el presente y fijémonos, por un lado, en el hecho de que Liubliana ha sido declarada por la UNESCO Capital Mundial del Libro 2010, un hecho que ha pasado casi inadvertido en nuestro país (como casi todo lo que sucede más allá de Italia) pero que pone de manifiesto la importancia cultural de la ciudad (desmentida por algunos, como veremos a continuación). El programa oficial de actos, cuyo portal web (en inglés) podéis ver aquí, demuestra un esfuerzo notable, que al transeúnte le parece significativo, para poner la literatura y los libros al alcance de un público amplio y diverso, y no sólo por la presencia de autores nacionales y extranjeros en diversos actos, sino también por el cuidado que se ha tenido de acercar el libro a los niños, con las consecuencias positivas que representa sembrar germen de futuro.

El reverso de la moneda lo encontramos, en cambio, en un artículo que publicó el pasado 10 de junio el periodista cultural y editor Dejan Steinbuch en el periódico Finance de Liubliana: “Rekvijem za poslednji jazz v Ljubljani” (‘Réquiem por el último jazz en Liubliana”). El autor refleja, de alguna manera, la visión provinciana de la capital eslovena: en la primera frase del artículo dice, precisamente: “Liubliana no ha sido nunca una metrópolis”; y después manifiesta sin rodeos que entre los dirigentes y administradores de la ciudad siempre han faltado personas con talento, capaces de dar pasos adelante en la Historia: “Liubliana ha sido dirigida por la mediocridad […], en ella impera una mentalidad provinciana y pequeño-burguesa”, y añade que el peor enemigo de esta gente es la cultura urbana. “Liubliana no será nunca una ciudad que destaque en el mundo, pero puede convertirse en una capital con pedigrí específico subalpino con aires cosmopolitas”.



Drago Gajo (Liubliana, 1950),
fundador del Jazz Club Gajo.
(Foto © Pet)


Steinbuch asegura que la cultura urbana no significa únicamente cultura moderna, aunque en Luibliana haya un buen museo, un castillo, infinidad de monumentos,
una Asociación de Escritores Eslovenos, los libros de la editorial Beletrina y un parque denominado Tivoli, y sea ahora la Capital Mundial del Libro, sino que también debe haber una cultura normal, y que una parte sagrada de la cultura urbana que insufla a Liubliana al menos un cierto aliento de capitalidad es la música, y concretamente el jazz: “Una ciudad con un club de jazz nunca será un pueblo. Una capital sin un club de jazz no es una capital”, concluye Steinbuch. Se refiere al club de Jazz Club Gajo, de la calle Beethoven 8, que durante diecisiete años ha sido “el santuario de jóvenes artistas, músicos que necesitan un local para tocar” y es, además, un lugar de interés público, que deberá cerrar las puertas por decisión judicial; y se pregunta, no se sabe si muy ingenuamente, si el imperio de la ley siempre debe tener razón, si no se pueden tomar medidas de protección para este local y lo que representa; pero llega a la triste conclusión de que el club Gajo no tiene padrinos poderosos y ricos que “puedan hacer algo”.

La cara y la cruz de la ciudad, de la sociedad en su conjunto, de la cultura plural en singular. El transeúnte no saca a la luz este caso porque sea único y aislado: por desgracia, es sólo un ejemplo del trato que en los últimos años está recibiendo por doquier la cultura en todas sus manifestaciones. La cultura podría equipararse, a no mucho tardar, al cuarto mundo, a un mundo excluido del “mundo real”, un mundo marginal, sostenido por los esfuerzos de un puñado de personas a cambio de nada, o sí: de la satisfacción de sobrevivir y de disfrutar, aunque sea con el estómago vacío. En fin, algo que, por lo menos, convida a la reflexión.


Clicad sobre las imágenes para ampliarlas.

Traducción del catalán. Carlos Vitale.

29 junio 2010

[Marginalia] Confusiones toponímicas

Uno de los mundos imposibles del artista neerlandés
M. C. Escher (1898-1972).


Es frecuente que muchas personas confundan, por cierta afinidad fonética, los nombres de algunos países: así, Letonia se confunde a menudo con Lituania, Eslovenia con Eslovaquia, Irlanda con Islandia, Paraguay con Uruguay… En función del nivel de conocimientos, sobre todo geográficos, podríamos considerar estas confusiones simples faltas de información. Sin embargo, al transeúnte le parece inquietante que se produzcan, como ocurre con excesiva frecuencia, en los medios de comunicación (prensa, radio, televisión): ya no se trata de conocimientos ni de información, sino simple y llanamente de la escasa formación de los profesionales mediáticos, que ni tan siquiera revisan sus textos ni verifican los datos que aportan antes de darlos por buenos para su publicación. Añádase a ello la práctica desaparición del filtro que antes suponían los correctores: la era de la informática somete la corrección de los textos a un simple software, que no interpreta, sino que, a lo mucho, detecta errores ortográficos.


Resulta preocupante la negligencia con que algunos medios lanzan su “producto” al mercado. El transeúnte acaba de descubrir uno de esos errores flagrantes (que debieran avergonzar tanto al redactor como al medio que los difunde) en un diario de prestigio: El Universal de Caracas, que ya ha cumplido 101 años de existencia. En un breve tomado de la agencia de prensa alemana DPA titulado “Murió el escritor vanguardista austriaco Andreas Okopenko” da cuenta, en su edición del lunes 28 de junio, del fallecimiento en Viena, el día anterior, del escritor Andreas Okopenko, nacido en Košice (entonces Checoslovaquia, hoy Eslovaquia) el 15 de marzo de 1930. Y aquí es donde radica el problema, porque en el texto que aparece en El Universal se lee textualmente: “Nacido en Eslovenia [sic!], Okopenko alcanzó un gran éxito con su Lexikon-Roman (1970), con el que buscó romper las convenciones literarias de su tiempo”. Eslovaquia y Eslovenia están separadas por Austria y Hungría, y sólo las une el hecho de ser ambos países eslavos y, si acaso, la relativa semejanza de sus banderas.


Y ya que hablamos de Okopenko, digamos que era hijo de un médico ucraniano, que su madre era austriaca y que su familia se estableció en Viena en 1939, por lo que adoptó la nacionalidad austriaca. Estudió química, trabajó en la industria e inició su carrera literaria, como prosista y poeta, en 1950, aunque no empezó a darse a conocer como escritor hasta la segunda mitad de la década de 1960. Su obra, aunque breve, obtuvo varios reconocimientos, entre los que destacan el Premio Literario de la Ciudad de Viena (1983), el Gran Premio del Estado Austriaco (1998) y el prestigioso Georg-Trakl-Preis (2002).


Contrastar la información ha sido siempre uno de los preceptos esenciales del periodismo y debería continuar siendo, por respeto a los lectores, una regla de obligado cumplimiento: los directores de los medios son, quiéranlo o no, responsables de la desinformación.


24 junio 2010

Satisfacciones

El transeúnte refiere ahora, con un poco de retraso –motivado por circunstancias diversas– dos satisfacciones que esta bitácora y él mismo, por supuesto, han recibido casi al mismo tiempo. Las personas que con su generosidad se las proporcionaron sabrán, sin duda, excusar que haya tardado unos días en expresar públicamente su agradecimiento.

La primera es que Luis Irles, amigo en el espacio virtual, un hombre de sobrada cultura nacido en tierras mediterráneas y asentado ahora en las costas chilenas del Pacífico después de haber surcado todos los mares y océanos del mundo, haya elegido, entre otros, TRANSEÚNTE EN POS DEL NORTE para concederle un premio honorífico cuya digna finalidad es la divulgación de los blogs que valga la pena tener en cuenta: se trata del Premio Dardo y Blog de Oro, que el transeúnte comparte con otros catorce blogs que Luis ha considerado merecedores de tal distinción. Así lo manifiesta en su excelente blog EL FARO DEL FIN DEL MUNDO.


La segunda es un artículo, sin duda exageradamente laudatorio, de otro querido amigo suyo, Tomás Caballero, en su blog ESTÉTICA EN TIEMPO DE EDICIÓN… , en el que capta muy bien la esencia y el espíritu de esta bitácora, aunque se equivoca cuando dice, al principio, que debe algo al que esto escribe: no, Tomás, soy yo, este transeúnte, quien ha aprendido mucho de ti, pero en todo caso dejémoslo en que no nos debemos nada el uno al otro, sino que compartimos el hermoso amor por la cultura, el placer del diálogo y algo aún más precioso: la amistad.

Desde aquí, pues, queridos amigos Luis y Tomás, el agradecimiento sincero y emocionado del transeúnte, que procura huir de halagos y reconocimientos públicos, fiel a las palabras que dejó escritas, cuando descubrió sus primeras canas, una mujer a la que admira, Marisa Madieri –cuya vida fue vencida por un cáncer en 1996–, en su hermoso libro Verde agua: “Hay algo bueno en envejecer. Se gana serenidad, conciencia y, al mismo tiempo, humildad”. El transeúnte coincide con ella, pero le resulta difícil no sucumbir a una “humilde vanidad” y sentirse feliz y orgulloso al ver reconocida su labor.


En cuanto al Premio, el transeúnte debe enfrentarse a la siempre difícil selección de otros quince blogs con los que, según los requisitos*, desea compartirlo, es decir, concederlo, procurando que no lo hayan recibido ya. Por supuesto, sí que son merecedores de ello todos los que están, pero no están, ni muchísimo menos, todos los que que lo merecerían: la limitación obliga. No lo va a hacer por orden de importancia, sino por el siempre ecuánime orden alfabético y ciñéndose a los blogs publicados en castellano:


- AL TRASLUZ. BLOG DE ABEL MURCIA

- ALDEA DE LAS LETRAS

- ASAMBLEA DE PALABRAS
- BLOG DE CARLOS VITALE

- CAFÉ DE LUCES ESPESAS

- EL ARCA RUSA / РУССКИЙ КОВЧЕГ

- EL BLOG DEL TALLER

- EL VIAJERO IMPRESIONISTA

- EL VISIR DE ABISINIA

- EN MINÚSCULA

- ESTÉTICA EN TIEMPO DE EDICIÓN EN TIEMPO DE ESTÉTICA

- GRACIANA PETRONE

- LA NAUSEA

- MACEDONIANOS 2010

- SALÍ SIN SER NOTADA…


* Los otros dos requisitos del Premio Dardo y Blog de Oro (que sólo obligan a quienes lo deseen) son los siguientes: colocar visiblemente el logo (preferentemente en un lugar discreto, sin exhibicionismos), y enlazar el blog o los blogs que han otorgado el premio (lo cual, amigo Luis, en mi caso hace hace tiempo que está hecho).

17 junio 2010

Las lenguas de la antigua Yugoslavia

La estación de autobuses de la parte del barrio de Dobrinja, en Sarajevo,
perteneciente a la Republika Srpska. Aunque en Bosnia no se utilizaba
el alfabeto cirílico, las autoridades de la entidad serbobosnia
lo han impuesto en el uso de la lengua. (Foto © Albert Lázaro-Tinaut).


El pasado 4 de mayo, el periodista Ramón Lobo publicaba en el diario El País un artículo titulado “La herencia de Josip Broz Tito”, con motivo del 30.º aniversario de la muerte en Liubliana del jefe del Estado yugoslavo, el hombre que fue capaz, mediante métodos totalitarios “suaves”, de aglutinar buena parte de los eslavos del sur en una república federal socialista.

La figura del mariscal Tito ha sido muy controvertida en el ámbito yugoslavo tanto durante su mandato como, sobre todo, después de su muerte. Mientras que en Bosnia y en otras repúblicas de la antigua Yugoslavia se encuentra su retrato por doquier, la Serbia del dirigente ultranacionalista Slobodan Milošević lo menospreció, aunque ahora parece que ha sido “rehabilitado”, quizá más por la atracción turística de su figura (la casa donde vivió, conocida como "Casa de las Flores”, es visita casi obligada en Belgrado) que por convencimiento político.



Homenaje de los “yugonostálgicos” de Macedonia al mariscal Tito.

Una de las muchas cuestiones que intervinieron en la fragmentación del espacio yugoslavo durante la década de 1990 fue la lengua (pese a que el conflicto lingüístico es aparentemente posterior). La lengua común oficial de la República Federal Socialista de Yugoslavia era el serbocroata (srpskohrvatski [cрпскохрватски]) o croataserbio (hrvatskosrpski), hablado en Serbia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Montenegro, aunque también eran oficiales y se usaban en las respectivas repúblicas el esloveno y el macedonio, se reconocía el uso y la enseñanza del albanés tanto en Macedonia como en la provincia autónoma de Kosovo, y en otra provincia autónoma, la Voivodina, el del húngaro y el rumano, hablados por las minorías que pueblan el norte de Serbia. Otros grupos minoritarios más pequeños (gitanos, turcos, búlgaros, eslovacos…) utilizaban también sus lenguas sin demasiados impedimentos.



Mapa étnico de la antigua Yugoslavia establecido en 1998.
(Haced clic para ampliarlo)

Cuando Yugoslavia se desmembró y se independizaron las repúblicas que formaban la federación (Eslovenia y Croacia, el 25 de junio de 1991; Macedonia, el 8 de septiembre de 1991; Bosnia y Herzegovina, el 5 de abril de 1992; Serbia, el 3 de junio de 2006, aunque conservando el nombre de Yugoslavia no había proclamado la independencia a la vez que las otras repúblicas; Montenegro, el 6 de junio de 2006, separándose de Serbia; y Kosovo, el 17 de febrero de 2008, pese a que una parte la comunidad internacional se muestra reacia a reconocer esta independencia) cada nueva república incluyó en su Constitución la “lengua propia”; así pues, Croacia reconoce únicamente la oficialidad de la lengua croata, Serbia, la de la lengua serbia (escrita con alfabeto cirílico), Bosnia-Herzegovina, el bosnio, y Montenegro, el montenegrino, por lo que hace a las repúblicas que se expresaban en la lengua común llamada serbocroata. Evidentemente, Kosovo impuso la lengua albanesa, que también es cooficial en una parte de Macedonia.


Para ceñirnos al ámbito de esta lengua común de cuatro de los Estados surgidos de la desintegración de Yugoslavia, conviene recordar que, desde el punto de vista de la lingüística, se trata de una sola lengua con las correspondientes variantes dialectales o modalidades. En este sentido es muy interesante leer la opinión del eminente lingüista Ranko Bugarski, profesor de Filología en la Universidad de Belgrado, en una larga entrevista (leedla aquí traducida al castellano) publicada el 6 de septiembre de 2007 en el diario independiente croata Feral Tribune (que se publicaba en Split y que, desgraciadamente, tuvo que cerrar en junio de 2008 por razones económicas). Las explicaciones del profesor Bugarski son claras y explícitas, y ahorran al transeúnte una larguísima disertación (podéis leer aquí otro interesante artículo del profesor Bugarski en castellano: “Lengua, nacionalismo y la desintegración de Yugoslavia”).



El escrit
or y político croata
Ljudevit Gaj (1809-1872).



Si nos remontamos a la historia del serbocroata como lengua, hemos de referirnos al acuerdo al que llegaron lingüistas croatas y serbios en Viena en 1850 –en el contexto de los movimientos de emancipación nacional de los dos pueblos– para establecer la variante dialectal novo-štokavski de la Herzegovina oriental como base del lenguaje literario común de Croacia y Serbia. Entre los prohombres que participaron activamente en la fijación de esta lengua común es preciso mencionar dos nombres: el del lingüista, escritor y político croata de origen germano-eslovaco Ljudevit Gaj (1809-1872) –quien ya había publicado en Buda, en el año 1830, un Kratka osnova horvatsko-slavenskog pravopisanja (‘Breviario de ortografía croato-eslava’), basado en el modelo de otro croata, Pavao Ritter Vitezović (1652-1713) para el establecimiento de la ortografía checa–, promotor del Movimiento de los Ilirios, que aspiraba a la formación de un Estado único para los eslavos del sur, y el del escritor y lingüista serbio Vuk Stefanović Karadžić (Вук Стефановић Караџић, 1787-1864), que participó activamente en la lucha de los serbios contra los jenízaros otomanos a comienzos del siglo XIX y se hizo famoso por un sencillo principio lingüístico: “пиши како говориш” (‘escribe como hablas’), un lema que influyó notablemente en la reforma de la lengua literaria de los serbios, que hasta entonces se basaba en las normas del antiguo eslavo o eslavónico de la liturgia ortodoxa.



El escritor y lingüista serbio
Vuk Stefanović Karadžić (1787-1864).


El acuerdo de mediados del siglo XIX fue ratificado a finales de la década de 1950 por filólogos de los dos mismos países en Novi Sad (capital de la Voivodina), y a partir de tal entendimiento fue posible la publicación, en 1960, por parte de las instituciones culturales y científicas más respetadas en ambas repúblicas, la Matica hrvatska y Matica srpska, de la Pravopis hrvatskosrpskog književnog jezika s pravopisnim rječnikom o Pravopis srpskohrvatskog književnog jezika sa pravopisnim rečnikom (una ortografía del idioma literario serbocroata o croataserbio).



Cubierta de la edición publicada
en Belgrado por la Matica srpska
(en caracteres cirílicos) de la
Pravopis srpskohrvatskog jezika

(‘Ortografía de la lengua serbocroata’),
en 1960.



La pretendida división de la lengua común en cuatro lenguas supuestamente diferenciadas (el profesor Bugarski se explica muy bien, en este sentido, en la entrevista antes mencionada) tiene paralelismos en otras lenguas, como el catalán y sus variantes más importantes (la valenciana y la mallorquina, sobre todo), e incluso en lenguas mucho más pequeñas, como es el caso del estonio con sus dos grandes variantes, la septentrional, eesti keel (en la cual se basa la lengua oficial) y la meridional, o lengua Võru (võro kiil), que incluso tiene una institución propia para su preservación y promoción, el Võru Instituut.


Contrariamente, grandes lenguas como el inglés, el francés y el castellano no sufren estas tendencias: difícilmente, pues, un australiano, un sudafricano anglófono o un canadiense dirá que no habla inglés, ni un cubano, un argentino o un chileno, que no hablan español (a pesar de la extraña y paradójica persistencia de los editores franceses de indicar en los libros traduit de l’argentin o traduit du péruvien, por ejemplo).


Respecto del artículo de Ramón Lobo al que hacía referencia el transeúnte al comienzo de este artículo, es preciso decir que el 21 del mismo mes de mayo el embajador de la República de Croacia en el Reino de España, señor Neven Pelicarić, publicó una réplica en el mismo diario manifestando, entre otras cosas, que el papel del presidente comunista y mariscal, el croata Josip Broz Tito, en el siglo XX, “es objeto de investigaciones e historiadores”, y después de dejar claro que la iniciativa de las guerras de Yugoslavia fue siempre de los serbios (cosa en la cual, matizando un poco, tiene razón), afirma lo siguiente respecto de la lengua:


El idioma croata nunca ha sido serbio, así como el serbio nunca ha sido croata. Si dos interlocutores se entienden mutuamente, eso no quiere decir que hablen el mismo idioma. El ex Estado yugoslavo, en sus dos encarnaciones (la monárquica, desde el 1918 hasta el 1941, y la comunista, del 1945 hasta el 1991) intentó instaurar la dominación de Belgrado borrando las huellas de la lengua croata. El pueblo croata unificadamente luchó para proteger su lengua, su identidad y su cultura ante la hegemonía oriental. Así mismo, hay que destacar que la abreviación lingüística "hrv" para la lengua croata está en el uso internacional desde el 1 de septiembre de 2008, y conforme al estándar ISO 639-2 y las regulaciones de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. La próxima lengua oficial de la Unión Europea será el croata.


O al señor embajador no le interesa demasiado recordar la historia (dicho esto con todo el respeto diplomático), o quizá el transeúnte desconoce la “letra pequeña” de los acuerdos lingüísticos a los cuales se ha referido. A partir de aquí, deja que el lector saque sus conclusiones y, si le parece oportuno, opine en la sección de comentarios.


Haced clic sobre las imágenes para agrandarlas.


Traducción del catalán de Carlos Vitale.

11 junio 2010

Post scriptum. Sobre la arquitectura museística

Maqueta del MAXXI de Roma.

El 19 de diciembre del año pasado, el transeúnte, refiriéndose a la monetización del arte, escribía sobre el MAXXI, el nuevo centro de arte moderno de Roma (conocido ya popularmente como “serpiente de acero” por su inusual diseño ondulante y laberíntico) que se levanta en el barrio Flaminio de la capital italiana, y al hecho de que se inaugurara sin obra expuesta (ver aquí). El 30 de mayo de este año llegó el esperado momento de la “reinauguración”, esta vez como museo y no como espacio arquitectónico, y el resultado ha dejado perplejas a algunas personas.



Aspecto interior del MAXXI
(foto © Iwan Baan).



Vincent Noce publicaba el 8 de junio en el diario francés Libération un artículo titulado “MAXXI, le tout à l’ego”, en el que empieza diciendo que “probablemente ha llegado el momento de pedirles a los arquitectos que no construyeran museos” , ya que la sinuosa “terminal aeroportuaria” (aérogare, dice él) dedicada en Roma al arte contemporáneo “alcanza el paroxismo de una tendencia de aplastamiento del arte que se repite desde hace décadas”. Un edificio “maldito desde su concepción” que ha tardado doce años en convertirse en ese “paquidermo jorobado, firmado por la superstar [o “archi-star “, como se la conoce en Italia] británica de origen iraquí Zaha Hadid”, lo cual ha comportado cinco años de retraso en su inauguración.


La ceremonia del 30 de mayo no fue, ni mucho menos, un acto solemne en el sentido tradicional de este adjetivo. El ministro italiano de cultura, Sandro Bondi, fue abucheado, y el nuevo alcalde de Roma, Gianni Allemanno (alineado con los sectores más reaccionarios y menos progresistas de la sociedad italiana), no se mordió la lengua al afirmar que no se siente especialmente atraído por la cultura. Concebido como museo nacional, el MAXXI pasará a depender de una fundación y, por consiguiente, de un consejo de administración al que se verán sometidos sus conservadores.



Zaha Hadid.


No se muestra en absoluto amable Vincent Noce con la arquitecta: “Rodeada de escoltas y flashes –dice–, como una reina babilónica vestida de Prada”, apareció ante la prensa internacional una semana antes para hacer gala de su éxito.


Parece que, efectivamente, quienes habían visitado el edificio todavía vacío hace unos meses no ocultaban su decepción al constatar que “si esa arquitectura masiva de fondos blancos y laberintos sin fin había sido concebida para algo, era precisamente para acoger obras de arte”, lo cual no resulta tan evidente como hubiera sido deseable, ya que la monumentalidad y el exagerado diseño del continente se come el contenido.


“Los conservadores lo admiten en privado”, añade Noce: colgar cuadros en ese inmenso hall es, según ellos, una pesadilla, y los trabajos que deberán realizarse en su interior, los cuales romperán forzosamente la estética de la creadora del edificio, no resultarán baratos. El articulista no puede evitar otro ataque directo a la señora Hadid: “No ha construido un museo, se ha edificado un templo. O, si nos referimos al esqueleto de 25 metros que acoge al visitante, un mausoleo dedicado a su propia divinidad” (alude a un colosal esqueleto humano, obra de Gino De Dominicis, yacente ante la puerta de entrada del edificio). En este sentido coincide con el reconocido crítico de arte italiano Vittorio Sgarbi, quien afirmó, no sin ironía: “El MAXXI no es un museo de arte contemporáneo, como mucho es una escultura contemporánea. En definitiva, es el mausoleo de Zaha Hadid, y como tal es extraordinario”.



El esqueleto de Gino De Dominicis, obra titulada Calamita cosmica (1990),
caracterizado por su larga nariz, expuesto en Milán a principios
del año 2007 (foto © photobucket.com).


Entre las 350 obras que componen actualmente el fondo del MAXXI hay creaciones de Francis Alÿs, Gabriele Basilico, Alighiero Boetti, Anish Kapoor, William Kentridge, Mario Merz, Gerhard Richter, Ed Ruscha y Francesco Vezzoli. Además, con motivo de la inauguración de este centro de arte, se presentan tres exposiciones: “Gino De Dominicis. L’immortale” (dedicada a ese artista libertario del siglo XX [1947-1998], obsesionado por la invisibilidad y la inmortalidad), “Luigi Moretti architetto. Dal razionalismo all’informale” (un recorrido por la obra que el famoso arquitecto romano [1907-1974] dejó esparcida por todo el mundo) y “Kutluğ Ataman. Mesopotamian Dramaturgies” (muy probablemente una concesión a Zaha Hadid: este creador de videoinstalaciones, nacido en Istanbul en 1961, ha mostrado anteriormente su obra en varias ciudades europeas).


Hay que destacar también los archivos que se conservarán en el MAXXI, entre ellos los de Pier Luigi Nervi, Enrico del Debbio, Aldo Rossi y Carlo Scarpa.


En definitiva: un colosal y original monumento arquitectónico, una caja de lujo, alabada por grandes personalidades del arte y la cultura y denostada por otras (lo cual hace mucho tiempo que no es novedad: recuérdense las malintencionadas ironías de que fueron objeto en su momento las obras de Antoni Gaudí), que presentará en Roma la obra de los artistas plásticos contemporáneos. El transeünte, que se condidera lego en materia de arte, ni quita ni pone, se limita a transmitir lo que por ahí se dice.


Haced clic sobre las imágenes para ampliarlas.

28 mayo 2010

Post scriptum. Más sobre el uso y la difusión de las nuevas tecnologías


El transeúnte publicaba recientemente en esta bitácora un breve artículo marginal sobre las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para la divulgación de la cultura, desde la música hasta los textos escritos, pasando por las artes plásticas y visuales.

Ahora le sale al paso una noticia que divulgó hace unos meses Europa Press, la cual pone en evidencia el retraso con el que España y otros países del sur de Europa se están incorporando al mainstream de estas tecnologías, que solamente representan la punta del iceberg de una revolución extraordinaria no sólo para la cultura, sino también para la ciencia y la tecnología.


He aquí el artículo al que el transeúnte se refiere:


España está por debajo de la media europea
en alfabetización digital y mediática, según la UAB


El nivel de alfabetización digital y mediática de los españoles está por debajo de la media europea, situándose en el puesto 14, según el estudio “Asessment Criteria for Media Literacy Levels” –Criterios de Evaluación de los Niveles en Alfabetización–, dirigido por el catedrático José Manuel Pérez de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).


Así, los españoles se mueven con dificultad en el universo de las tecnologías de la comunicación y no encuentran un contexto adecuado –ni en el campo educativo ni en los medios de comunicación– que favorezca su sentido crítico y su participación en la actividad política.

El nivel de alfabetización mediática mide la capacidad de los ciudadanos para utilizar las tecnologías y medios de comunicación e información, así como su capacidad crítica ante los contenidos mediáticos. Este indicador presta especial atención al sentido crítico ante los mensajes persuasivos de la publicidad y de la información comercial.


Entre 27 países analizados, España se encuentra a mucha distancia de los más avanzados como Finlandia, Dinamarca, Holanda, Reino Unido, Francia, Suecia, Luxemburgo, Austria, Irlanda, Bélgica, Estonia y Alemania. Por su parte, España apenas aventaja a buena parte los ex países del Este, Grecia y Portugal.


Los bajos niveles de alfabetización mediática son una barrera importante para el desarrollo económico y cultural y revelan un bajo nivel de autonomía personal en el contexto de la nueva sociedad del conocimiento. En cambio, el desarrollo de la alfabetización mediática favorece la innovación económica y social y asegura una buena integración del país en el contexto de la globalización.


Para elevar el nivel de alfabetización, el estudio propone desarrollar más y mejores esfuerzos en el campo de la política educativa y en la innovación curricular, así como en el esfuerzo dedicado por la industria mediática, los servicios públicos audiovisuales y las familias.


El estudio ha sido desarrollado por la UAB junto a la European Association Viewers Interest (EAVI), la Universidad de Tampere, de Finlandia Tampere (UTA), el Ministerio de Educación Nacional de Francia (CLEMI) y la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica (UCL).


Fotografía © Getty Images.

25 mayo 2010

((SIN COMENTARIOS))

© EL ROTO. El País, Madrid, 25 de mayo de 2010.

20 mayo 2010

[Marginalia]: De la música casera al éxito


El fenómeno de la música compuesta y grabada usando medios caseros comenzó a popularizarse hace muy pocos años, y se multiplican los compositores e intérpretes que lo hacen todo solos, al margen de los sellos comerciales y utilizando internet (sobre todo las redes sociales y YouTube) para difundir su música.

Un caso paradigmático de este tipo de autores-intérpretes (lo que antes llamábamos, salvando ciertas distancias estilísticas y de intención, “cantautores”) es el joven neerlandés Thijs Kuijken, nacido en Utrecht y conocido por el nombre artístico de I am Oak, que en menos de dos años ha pasado de ser conocido sólo en su casa y alrededores a participar en festivales y grabar un disco, On claws (¡en formatos CD y vinilo!), con arreglos e instrumentación propios de una banda de folk; lo ha puesto a la venta un pequeño sello discográfico de su ciudad natal: Snowstar Records. Antes, I am Oak había difundido, entre otros, un disco casero titulado Ols Songd (escrito así, no es un error) que se puede obtener aquí por tan sólo 5 €, el cual tuvo un éxito inesperado.


Mezclando diversos estilos (música intimista, folk de reminiscencias norteamericanas, hip-hop…), I am Oak se ha convertido en poco tiempo en una figura del indiefolk neerlandés. Las nuevas tecnologías, por tanto, no revolucionan únicamente el mundo del libro (con los e-books), sino también el de la música, el del cine, el de la fotografía y otras manifestaciones artísticas.

Quien desee más información sobre este músico, aquí encontrará su completísima página en myspace, desde la cual podrá escuchar algunas de sus composiciones y verlo en unos cuantos vídeos.

Traducción del catalán: Carlos Vitale.

16 mayo 2010

Flashes: “Los músicos de Bremen” en Riga

El monumento a los Músicos de Bremen (Brēmenes muzikanti),
de la escultora Krista Baumgaertel, detrás de la iglesia
de San Pedro, en Riga. (© Albert Lázaro-Tinaut)

Los músicos de Bremen (Die Bremer Stadtmusikanten) es un célebre cuento tradicional alemán, concretamente de la Baja Sajonia, recogido por los hermanos Karl y Wilhelm Grimm en la segunda edición de sus Kinder- und Hausmärchen (‘Cuentos para la infancia y el hogar’, 1819). En los países de lengua alemana, y después en todo el mundo, esta historia de animales tuvo mucho éxito (aquí podéis leer una versión en castellano), y muchísimos ilustradores han representado a sus protagonistas (un asno, un perro, un gato y un gallo) en numerosos libros y revistas infantiles.

Curiosamente, en la capital de Letonia, Riga, encontramos un monumento –denominado, en letón, Brēmenes muzikanti–, que representa la manera como se muestran tradicionalmente estos cuatro animales. La explicación de la presencia de este monumento es sencilla: Riga fue fundada en 1201 por un alto eclesiástico procedente de Bremen, Albrecht (Alberto) von Buxthoeven (Bexhövede, Baja Sajonia, 1165 - Riga, 1229), que fue el primer obispo de Livonia y que al año siguiente fundó también la orden militar de los Fratres militiae Christi, más conocidos como Hermanos de la Espada o Caballeros Portaespadas, los cuales fueron decisivos en las denominadas Cruzadas del Norte para la cristianización de los pueblos paganos del Báltico oriental.

El monumento que encontramos en el núcleo medieval de Riga (Vecrīga), junto al ábside de la iglesia de San Pedro, obra de la escultora Krista Baumgaertel, fue un regalo que la ciudad de Bremen hizo, en 1990, a la comunidad wesfaliana que hermana la capital letona con la ciudad alemana de Ense (Westfalia del Norte).


El monumento dedicado a Die Bremer
Stadtmusikanten, situado junto
al Ayuntamiento de la ciudad alemana
de Bremen e inaugurado en el año 1953.
Es obra del escultor Gerhard Marcks.
(© Magnus Manske, 2004)


Esta historia tradicional ha dado lugar a muchas interpretaciones artísticas, no únicamente obras de ilustradores de cuentos, como el transeúnte ha explicado, sino también de escultores (ésta de Riga es un ejemplo de ello, y lo es también la escultura del alemán Gerhard Marcks, que se inauguró en la ciudad de Bremen en 1953) y de dibujantes de cómics, músicos, autores teatrales (en 1977, el polifacético cantante y escritor brasileño Chico Buarque se inspiró en ella para escribir y musicalizar Os santimbancos; también se han hecho adaptaciones trasladadas a nuestro tiempo, como por ejemplo una ambientada en los Balcanes en guerra, presentada en el Theater Laboratorium de Oldemburgo).


Los cuatro animales protagonistas
del cuento Los músicos de Bremen,
según una ilustración de Roser
Capdevila para un capítulo
de la serie de televisión Las tres
mellizas
(carátula de un DVD
de Cromosoma, 2005).



Pero los animales de los Músicos de Bremen han sido especialmente protagonistas de películas de animación y series televisivas: en 1994, por ejemplo, uno de los capítulos de la serie Las tres mellizas, realizada por la ilustradora Roser Capdevila y producida por Cromosoma para la Televisió de Catalunya, recogía este cuento. ¡En Japón, la historia hasta se ha incluido en una serie de estilo anime!


Traducción del catalán: Carlos Vitale

01 mayo 2010

Los contrabandistas de la lituanidad

Monumento a la memoria de Martynas Jankus (1858-1946),
uno de los principales activistas del nacionalismo lituano
durante la segunda mitad del siglo XIX.
Contribuyó a la fundación del primer diario
en lengua lituana, Aušra (‘La Aurora’), que se publicó
desde 1883 hasta 1904, impreso en la Prusia oriental;
era una de las publicaciones que los knygnešiai (portadores de libros)
introducían clandestinamente en Lituania.
(Foto © Mosklo Lietuva)

La cultura lituana difundida en la lengua nacional pasó por situaciones bastante azarosas hasta la proclamación de la república independiente de Lituania, en 1918, y estuvo largamente sometida a otras culturas dominantes. El lituano (lietuvių), que se considera el más arcaico de los idiomas indoeuropeos (“un dinosaurio lingüístico que permanece vivo y coleando”, como lo denomina el lingüista y baltista Pietro U. Dini), quedó relegado durante muchos siglos al mundo rural y a las clases bajas: hasta casi la segunda década del siglo XX, en Lituania las lenguas oficiales y de la administración fueron, sucesivamente, el latín, el polaco y el ruso.

Sólo algunos eclesiásticos utilizaron las diversas formas dialectales del lituano para acercar la fe cristiana al “pueblo llano”: recordemos que los lituanos no fueron cristianizados hasta el siglo XIV. El primero que destacó en este sentido fue Martinus Masvidius (Martynas Mažvydas, en lituano, 1510-1563), considerado genéricamente el padre de la literatura lituana, que en 1547 publicó el primer libro en lengua autóctona no normalizada*: el Katekizmas (‘Catecismo’). Desde entonces proliferan los autores que escribieron en los diferentes dialectos lituanos. La fijación del lituano estándar o normativo sería obra de Jonas Jablonskis (1861-1930), que en 1901 publicó en Tilsit (Prusia oriental, Tylża en lituano y actualmente Sovietsk, en el oblast ruso de Kaliningrado) su Lietuviškos kalbos gramatika (‘Gramática de la lengua lituana’).


Portada del Katekizmas
de Martynas Mažvydas (1547).

El hecho de que Jablonskis no pudiera publicar su obra en Lituania se debió al hecho de que en el año 1864 –como consecuencia de la revuelta de los lituanos de 1863, provocada por el deseo de independencia de la intelectualidad local, animada por los progresos en el proceso de unificación de Italia– el zar Alejandro II de Rusia prohibió la publicación de libros y periódicos en lituano e impuso incluso el alfabeto cirílico en Lituania. Esta prohibición no se levantó hasta 1904.


Pero ese largo período de rusificación a ultranza, que los lituanos denominan spaudos draudimas (‘prohibición de imprimir’) sirvió para atizar el fuego del incipiente movimiento nacionalista lituano, que debió moverse necesariamente en la clandestinidad. Entre estos primeros patriotas estaba el obispo católico Motiejus Valančius (1801-1875), del cual partió la idea de hacer imprimir libros en lituano –y en caracteres latinos, evidentemente– en la Lithuania minor (Prusia oriental) y en Estados Unidos, donde ya se había establecido una importante colonia de exiliados y emigrantes lituanos.
De esta manera, se editaron 1856 títulos, además de numerosas publicaciones periódicas.





Un ejemplar del año 1884 de los Lietuviszkas
Auszros kalendorius
, unos almanaques católicos
de 48 páginas editados por Laurynas Ivinskis
desde 1868, de los que se imprimían unos
8000 ejemplares en Tilsit y eran introducidos
clandestinamente en Lituania, con muchas otras
publicaciones, por los portadores de libros.
(© Spaudos.It)



La introducción clandestina de estos libros fue posible gracias a la heroicidad de unos dos mil knygnešiai (portadores de libros), que se definieron como “contrabandistas de la lituanidad”, figuras clave del renacimiento nacional (que tuvo bastantes paralelismos, aunque las características y las condiciones eran diferentes, con la Renaixença catalana y los movimientos del “despertar nacional” de otras naciones europeas en la segunda mitad del siglo XIX). Según los datos disponibles, se imprimían e introducían cada año en Lituania entre treinta mil y cuarenta mil libros, un tercio de los cuales eran decomisados por los aduaneros rusos o confiscados en el interior del país. Durante este período sólo se imprimieron en la Lituania sometida al Imperio ruso cincuenta y cinco títulos, todos ellos utilizando el alfabeto cirílico.


Los knygnešiai sabían que se la jugaban; los más afortunados, si los atrapaban, sólo debían pagar cuantiosas multas; otros eran deportados a Siberia, y algunos “recalcitrantes” fueron incluso ajusticiados.



Grabado de autor desconocido (hacia 1989) que representa
al escritor y activista Vincas Kudirka (1858-1899),
fundador en 1889 del diario Varpas (‘La Campana’),
que se imprimía en la Prusia oriental y los knygnešiai introducían
de contrabando en Lituania. Dejó de publicarse en 1905.
En la parte inferior del grabado aparece el poema que Kudirka
publicó en las páginas de Varpas y que en 1919 se convirtió
en el himno nacional lituano (Tautiška Giesmė).

Los famosos samizdat de los tiempos soviéticos tuvieron, por tanto, un antecedente en la Lituania de la segunda mitad del siglo XIX. Sabemos bastante bien, por otra parte, cómo circulaban muchos libros en España, impresos clandestinamente o pasados de contrabando desde Andorra o Francia, durante la época franquista, y también antes, en las primeras décadas del siglo XIX y durante la dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930). Y cómo llegaban, de extranjis, las ediciones latinoamericanas de autores prohibidos por el régimen dictatorial, y los publicados en París por la editorial Ruedo Ibérico, por ejemplo.


La cultura, entendida como expresión de unas minorías (o puesta al alcance de estas minorías), siempre ha parecido peligrosa a los ojos de los regímenes totalitarios. No olvidemos el Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum, establecido por la Iglesia católica en el año 1559, el cual se mantuvo vigente hasta 1966, y otras censuras que, a menudo, y aún hoy, obligan a continuar haciendo contrabando de libros y otras publicaciones en numerosos países.


* De hecho, el Katekizmas de Mažvydas está escrito en dialecto bajo lituano con influencias léxicas del alto lituano.


Bibliografía consultada:

- Dini, Pietro U.: Le lingue baltiche. La Nuova Italia, Scandicci (Florencia), 1997.

- Senn, Alfred: “Storia della letteratura lituana”, en Giacomo Devoto (al cuidado de): Storia delle letterature baltiche. Nuova Accademia Editrice, Milán, 1963.

- Teiberis, Leonas: La Lituanie. Traduit du russe et adapté par François de Labriolle. Éditions Karthala, París, 1995.


Traducción del catalán: Carlos Vitale.