domingo, 11 de septiembre de 2011

La doble (y sin embargo única) personalidad poética de Anne Fatosme


El título con el que el transeúnte presenta a Anne Fatosme y su poesía resulta contradictorio a primera vista, sobre todo si no se explica. La duplicidad se debe al hecho de que escribe paralelamente en dos lenguas: su francés materno y, sobre todo, el español, cuyos entresijos conoce a la perfección y que ha adoptado como medio de expresión literario. “Lo que me parece más relevante e interesante de mi recorrido vital es que escriba en español, lengua en la que me desenvuelvo más a gusto que en mi lengua natal –afirma ella misma–. Pero el idioma no es más que una herramienta: lo que importa es lo que uno lleva dentro”. 

Nacida en Saint Lô, Normandía, en 1952, Anne Fatosme suele pasar los veranos en una preciosa localidad de su región natal, Fermanville, muy cerca de Cherburgo, esa ciudad que tan famosa se hizo en la década de 1960 –aunque ya resulte un tópico– por aquel bello filme musical de Jacques Demy titulado, precisamente, Los paraguas de Cherburgo, protagonizado por una entonces jovencísima y ya espléndida Catherine Deneuve. 

El pequeño puerto de Cap Lévi, en Fermanville.
(Fuente: Maurtimer, http://maurtimer.wordpress.com/2010/02/14/fermanville/)

Desde allí Anne se asoma a las aguas del canal de la Mancha. “El mar es un elemento vital sin el cual sería un puzle sin completar”, ha escrito en algún sitio. Ese mar que ha inspirado a tantísimos poetas y al que tan bien cantó Charles Trenet: La mer / qu'on voit danser le long des golfes clairs / a des reflets d'argent. / La mer / des reflets changeants / sous la pluie... (abrid un breve paréntesis y escuchadlo aquí).

Anne Fatosme, adolescente, 
disfrutando del mar en 
su Normandía natal. 

Sin embargo, Anne vive en Madrid desde hace cuarenta años: llegó para asistir a un curso de literatura española en la Complutense, paso previo para inscribirse en la escuela de idiomas de Ginebra, que era su pretensión; pero el amor pudo más que el futuro que se había trazado, y a los 19 años se casó con un español, tuvo cuatro hijos, se dedicó al cuidado de su familia y, al mismo tiempo, a su trabajo profesional como decoradora: el arte es otra de sus pasiones. 

Madrid no se asoma al mar, como su tierra natal, a la que se siente muy vinculada; Madrid se asoma a otro azul, el del cielo de la meseta castellana. Ya lo dice la expresión popular: “De Madrid al cielo, y en el cielo, un agujerito para verlo”; bien opuesta al “From Berlin to Hell” –‘De Berlín al Infierno’– con que algunos soldados aliados se referían despectivamente a la capital del Tercer Reich. Y esta alusión no es gratuita: viene a cuento porque fue precisamente en las costas de Normandía donde el 6 de junio de 1944 se produjo el desembarco decisivo (el día D, “el día más largo”) con el que llegaría, al fin, la paz a Europa tras el más brutal de los conflictos que ha sufrido jamás el continente. 

Poco añadirá el transeúnte a la biografía de Anne Fatosme: su padre era arquitecto y participó activamente en la resistencia durante la liberación de Francia, por lo que ocupó un cargo honorífico en la prefectura de Saint Lô; luego, su familia se trasladó a Caen (capital de la Baja Normandía) y ella estudió en el Lycée de jeunes filles de aquella ciudad, donde recibió, como dice, “una educación liberal... para la época”. Ya en su madurez intelectual, animada por el gusanillo de la escritura que ha llevado siempre dentro (es una gran lectora, y afirma que debe a su madre el amor por la literatura), cursó tres años en la Escuela de Letras de Madrid y más tarde siguió algunas asignaturas en la Escuela Contemporánea de Humanidades. 

La bambina in azzurro ('La niña de 
azul', 1918), de Amedeo Modigliani, 
una de las pinturas que más le gustan 
a Anna Fatosme, según confiesa.

Sin duda, mucho de la trayectoria personal de Anne Fatosme tiene que ver con la poesía que ahora nos regala en su primer libro, Soliloquio en blanco y negro,* un poemario bilingüe, en español y francés, donde demuestra que ha dejado de ser la promesa que se adivinaba en los relatos –siempre muy poéticos– que iba publicando y publica todavía en su blog. Demuestra, sobre todo, que ha superado su timidez inicial, que la encorsetó hasta que se dio cuenta de que la literatura es un excelente recurso para la liberación personal, y ahora saca de dentro incluso lo más íntimo a través de ese “otro yo” a veces tan difícil de descubrir y adiestrar. Así pues, se manifiesta en este libro como una mujer audaz, extravertida, que suelta, para dejarlos volar, sus sentimientos y sensaciones y los hace encajar en una poesía no sólo atractiva, sino con unos valores literarios más que notables. La mejor prueba de ello es el primero de los tres poemas reproducidos a continuación: no es únicamente una declaración de intenciones, sino una intrépida toma de posición como poeta. 

Absolutamente recomendable, pues, este poemario de Anne Fatosme, del que hay que valorar, además, la elegante cubierta ilustrada con una fotografía de Juanjo Fernández. 

















Tres poemas de Anne Fatosme 


Olvidar el encierro, 
el olor a naftalina, 
la hipnosis de las agujas. 
Dejar de pisotear 
el horizonte pelado 
de la punta de mis zapatos. 
No esconderse más en la oscuridad, 
dejar de rozar sus paredes, 
no frotarse más a sus larvas. 
Dejar de temblar de frío, 
arrancar los clavos, 
abrir la tapa a puñetazos, 
oler la vegetación, y, como ella, 
sobrevivir, blindada de indiferencia. 

[Oublier la réclusion / l’odeur à naftaline / l’hypnose des aiguilles. / Arrêter de piétiner / l’horizon pelé / du bout de mes chaussures. / Ne plus chercher l’obscurité des caves, / ne plus raser leurs murs, / ne plus me frotter aux larves. / Arrêter de trembler de froid, / arracher les clous, / ouvrir le couvercle avec les poings / sentir la nature, et comme elle, / survivre, blindée d’indifférence.] 


En el seno de mi cuarto oscuro, 
te revelo. Naces y te yergues 
en el fondo de mi cubeta. 
Te ahogas, desapareces, 
te retengo con mis brazos, 
te araño con mis uñas, 
labro tu cuerpo, 
siembro en tus surcos 
racimos de glóbulos rojos. 

[Au sein de ma chambre noire / je te développe. Tu renais / dans le fond de mon bac. / Tu te noies, tu disparais, je te retiens avec mes bras, / je te griffe avec mes ongles / je laboure ton corps, / et sème dans tes sillons / des grappes de globules rouges.] 


Cuando me quedaba dormida, te tumbabas a mi lado. Acoplabas tu cuerpo al mío, me besabas allí donde nace mi nuca. Tus manos volaban sobre mi piel, brillaban en el sol del atardecer, se sumergían en mí, salpicadas de deseo. 

Me devorabas, masticando mis besos, tus manos se multiplicaban, esculpiendo nuevos contornos, aristas desconocidas donde gemía mi ser vaciado de la sangre que hinchaba tus venas. 

Aferrada a tu espalda, te pegabas contra el arco de mi cuerpo. Abríamos los ojos… millares de mariposas deslumbradas por la luz aleteaban en el extravío de nuestras miradas.

[Lorsque je m’endormais, tu t’étendais à mon côté. Tu ajustais ton corps au mien, tu m’embrassais là ou il nassait ma nuque. Tes mains volaient sur ma peau, brillaient dans le soleil couchant, plongaient en moi, éclaboussantes de désir. / Tu me dévorais en mâchant mes baisers, tes mains se multipliaient, sculptant de nouveaux contours, dans les recoins inconnus où gémissait mon être vidé du sang qui dansait dans tes veines. / Agrippée à ton dos, tu te collais contre l’arc de mon corps. Nous ouvrions les yeux… des milliers de papillons affolés de lumière battaient des ailes dans nos regards éperdus.] 


* Anne Fatosme: Soliloquio en blanco y negro / Soliloque en noir et blanc. Editorial Visión Libros, Madrid, 2011. 86 páginas. ISBN 978-84-9983-847-2. El libro, de precio muy asequible, se puede comprar por internet a través de este enlace: 
http://www.visionlibros.com/detalles.asp?id_Productos=11039

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miércoles, 7 de septiembre de 2011

((SIN COMENTARIOS))


Viñeta de Anti Veermaa en el periódico Äripäev, 7 de septiembre de 2011.

En algunos medios de Estonia, país que abandonó la corona el 1 de enero de este año para adoptar el euro, se especula con abandonar la divisa comunitaria y crear otra, más sólida, para el área escandinava y báltica. En la viñeta, el “viejo” euro dice, llorando, algo así: “¡Aaaay! Ya no me quieren. ¡Dicen que son mejores que yo!”, y el espíritu del kroon, todavía joven (se había creado en junio de 1992), le responde desde el cielo: “Entiendo muy bien tus sentimientos. ¡Bienvenido al club!”.