domingo, 17 de octubre de 2010

¿Dónde está la grandeza de los pequeños países?

Billete de banco estonio de 100 krooni con la imagen
de la poeta Lydia Koidula (1843-1886; ved aquí).


El día 11 de este mes, el politólogo estonio Agu Uudelepp comentaba en el diario Postimees que la introducción del euro como unidad monetaria de Estonia, prevista para el 1 de enero de 2011 (un euro equivaldrá a 15,6466 coronas actuales), al margen de las polémicas que suscita en el país, supondrá la pérdida de una parte de la identidad nacional: los billetes de banco en krooni (coronas; EEK, según el código ISO), sobre todo porque en esos billetes se reproducen los retratos de algunas de las principales figuras de la cultura del país y son, por consiguiente, un medio de propaganda cultural.

Billete de 2 EEK, con el retrato
del eminente biólogo y geógrafo
Karl Ernst von Baer (1792-1876),
quien estableció las bases de
la embriología moderna.



Billete de 5 EEK, donde está
representado Paul Keres (1916-
1975), uno de los mejores
ajedrecistas de todos los tiempos.




Billete de 10 EEK, con la imagen
del folclorista, teólogo y lingüista
Jakob Hurt (1839-1907).





Billete de 25 EEK, con la figura
de uno de los escritores estonios
más populares y universales,
Anton Hansen Tammsaare
(1878-1940).



Billete de 50 EEK, con el retrato
del compositor Rudolf Tobias
(1873-1918).





La corona estonia sustituyó al rublo ruso-soviético el 20 de junio de 1992; mejor dicho, Estonia recuperaba con el kroon la unidad monetaria de la primera república, que había sustituido al mark (una corona equivalía a 100 marcos) y que desapareció en 1940, con la invasión soviética del país (un rublo se cambió entonces por 0,80 coronas).


Uudelepp propone que entre los numerosos espacios de memoria que hay en Tallinn, se dedique uno al kroon, y sugiere que sea en una plaza-parque céntrica de la ciudad: la dedicada al escritor A. H. Tammsaare, justo fuera de las murallas, ante la puerta medieval de Viru a través de la cual se accede, por la calle del mismo nombre, al centro histórico.


¿Qué es lo que caracteriza a los estonios en el conjunto de los Estados europeos?, se pregunta Uudelepp. “A nosotros también se nos plantea la cuestión de cómo poder sentirnos grandes como pueblo –viene a decir en su artículo–. No nos podemos considerar la cuna de la cultura occidental, como Grecia; nunca hemos construido un imperio ni hemos gobernado como los italianos, sucesores de los antiguos romanos, ni hemos sido una fuerza naval, como los británicos, en cuyo imperio jamás se ponía el sol cuando Isabel II accedió al trono. Los estonios tampoco ganamos grandes batallas, como los franceses o los venecianos, ni tuvimos un reino propio, como los polacos y los lituanos. También es difícil encontrar entre nuestros conciudadanos a grandes filósofos y científicos, como en el caso de los alemanes, que hayan sido decisivos para impulsar el mundo. ¿Qué nos queda, pues? Puesto que el deseo de grandeza también late en nosotros, los estonios, sólo tenemos la posibilidad de acogernos a la cultura. Nuestros poetas y nuestras grandes personalidades nos ayudan a definirnos como nación y a reforzar nuestra conciencia nacional”.


Efectivamente, la cultura, en todas sus manifestaciones, pero sobre todo en la literatura, el teatro y la música, ocupa un lugar de privilegio en Estonia y, pese a la crisis actual, está bastante bien subvencionada. Las grandes librerías de ciudades como Tallinn y Tartu dan fe de ello; los teatros y las salas de conciertos, repletos, son el mejor ejemplo. El número de museos, pequeños y grandes, es enorme en proporción al tamaño y la población del país (apenas 1.300.000 habitantes). La cultura es, sin duda, la gran fuerza de los estonios, su grandeza.


Una gran librería inaugurada recientemente
en un moderno centro comercial de Tartu.

(Foto: Albert Lázaro-Tinaut)

El que la moneda nacional, a punto de desaparecer, deje de ser un escaparate internacional en el que se expone lo mejor de la cultura del país, es algo que hace reflexionar a los estonios. Este apego al hecho cultural también debería invitar a la reflexión a otras naciones que, con o sin Estado, lo mantienen demasiado lejos de sus prioridades y provocan su estancamiento, sin tener en cuenta que si no se siembra, luego no se cosecha, y que ello lleva a la pobreza espiritual, a la decadencia.

Deberíamos tomar nota.

Haced clic sobre las imágenes para ampliarlas.


27 comentarios:

MARIINHA dijo...

olá,
Os nossos países já passaram também por essa fase. Aqui em Portugal, havia quem não concordasse que se aderisse ao Euro,porque não queria que acabasse a nossa moeda, o Escudo. Mas esse tempo já passou, o que não passou são os graves problemas que enfrentamos agora, e que esta grave crise económica veio ainda agravar.
Isto por aqui está muito complicado e infelizmente vai ficar ainda pior.
Bom Domingo

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

¡Hola, Mariinha!
Los problemas que sufre Portugal son los mismos que padecen, en mayor o menor medida, muchos otros países (los casos de Grecia e Irlanda son paradigmáticos). Sin embargo, y al margen de esto, los Estados deberían darse cuenta de la importancia de la cultura y de los riesgos que supone, a medio y largo plazo, abandonarla a su suerte. Éste es el mensaje que he querido dejar.
Gracias por tu fidelidad y por tu comentario, Mariinha.
Un saludo cordial.

cayoari04 dijo...

Albert, cuanta razón hay en tu artículo de hoy, en mi Colombia por ejemplo, un país con una cultura riquisíma por la diversidad de razas y demás elementos que la componen, el escaso interés del estado por protegerla, promoverla y cultivarla, ha llevado a que en este momento nuestra imagen ante el mundo sea quizas la más distorcionada del planeta, y ni que decir de la falta de identidad que estamos heredando a nuestras más jovenes generaciones.
Gracias Albert por tus publicaciones que siempre nos alimentan e invitan a reflexionar.
Un abrazo desde Bootá, Colombia

Liliana Lucki dijo...

Parece ser que a muchos nos pasan cosas parecidas...

La cultura, su importancia en nuestras vidas cotidianas.

El futuro de los nuestros....Se hace mucho por la

cultura, con esfuerzo de pocos.Asi estamos....

Genial tu articulo.

Lisarda dijo...

Albert, excelente artículo.
Es una pena que la moneda común, además de encarecer los bienes de primera necesidad-como pasó en España-devalúe las referencias culturales.Quitar esa memoria de la vida cotidiana por ese plato de lentejas de una modernidad gris, sin identidad, no es gratuito:para alguien es redituable el consumismo y la trivialidad obligatoria.

Phivos Nicolaides dijo...

I always admire your comprehensive and complete articles. Great your blog. Salutos!

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Carmen Yolanda: No creas que Colombia da tan mala imagen en lo cultural, ocurre lo mismo con México. Colombia no sólo ha dado grandes escritores (García Márquez, el más paradigmático), sino que ofrece el festival de poesía más multitudinario del mundo, el de Medellín. Eso se tiene muy en cuenta en Europa, y se os admira como nación. Otra cosa son los gobernantes, y te aseguro que bastan los dedos de una mano para encontrar hoy en el mundo países con gobernantes honestos y preocupados por su pueblo y su cultura.
Gracias por tu comentario y modifica tu concepto de Colombia: sólo los ignorantes y los mal informados pensarán que es un país con mala imagen.
Un abrazo cordial.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Liliana: el esfuerzo de pocos es mucho más meritorio que el de muchos, y más aún en condiciones tan precarias como las de nuestros días.
Vale la pena que esos pocos sigamos creyendo en la cultura y en el futuro, aunque nos cueste hacerlo.
Agradezco mucho tu comentario.
Saludos cordiales.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Tienes mucha razón, Lisarda. En Europa nos imponen una moneda común totalmente despersonalizada (excepto en las monedas de poco valor), lo cual nos unifica en la banalidad y nos presenta como un continente gris y apagado. Quizá lo seamos y estemos en plena decadencia, como parecen demostrar muchas cosas, entre ellas la cultura, movida por personas voluntariosas y casi siempre sin ayuda alguna.
La reflexión de los estonios no es tan banal como parece: para ellos la moneda nacional muere joven, con menos de 19 años, y con su desaparición muere también una parte de la identidad nacional, tan importante para un pueblo pequeño. De ahí que haya querido dedicarle este modesto homenaje.
Tu comentario y tu apreciación me reconfortan, y te los agradezco sinceramente.
Un saludo cordial.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Thanks, Phivos! Is my solidarity with a little people, the Estonians, and his great culture.
Regards.

Denís Obregón dijo...

Genial que por una vez cultura y plata vayan unidos. Un país de gente inteligente, a lo que deduzco.
Saludos

Carme Carles dijo...

Muy buen artículo, me ha gustado la manera en que ensamblar ideas. Estoy contigo que algunos tendrían que sembrar que se están acabando las reservas culturales.
Salut

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Pero la plata siempre gana la partida, Denís. Es lamentable tener que reconocerlo, pero así es.
Un saludo cordial.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Carme, tenemos poca fuerza ante la realidad que se impone, pero al menos se nos permite (al menos por ahora) denunciar lo que nos parece injusto: esperemos que dure esta posibilidad de divulgar la cultura, aunque sea en pequeñas dosis y entre una minoría.
Me alegra que te haya gustado el enfoque del artículo y agradezco tus palabras.
Salut!

María Eugenia Mendoza dijo...

Querido Albert:
Estupenda entrada.
Profunda reflexión la que suscita la desaparición de la moneda nacional, como un golpe a la memoria colectiva y por supuesto, a la economía de las familias, ahora que se dé el cambio.
Esto me hace pensar en la pérdida, que al menos en el correo postal de este lado del Atlántico hemos tenido. Las etiquetas con códigos de barras han sustituido a las estampillas. Todo en funión de costos y los fines impersonales de este servicio, casi limitado a estados de cuenta y catálogos. Ahora que estoy recibiendo una revista rumana, además de la emoción por la publicación, me encanta admirar y conservar los timbres postales, imagino que Estonia y los países del área todavía conservan su riqueza filatélica ¿o me equivoco?
Recibe un muy cariñoso saludo.

Tu mejor receta dijo...

Es el pecado que cometen los gobernantes de mezclar cultura con mezquindades politicas. Esto es momentaneo, como sus mezquindades. Excelente tu análisis.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

María Eugenia: En efecto, a pesar de que también en España los servicios postales han sustituido los sellos (como llamamos aquí a las estampillas) en las oficinas de Correos por otras modalidades de franqueo, continúan emitiéndose, aunque hay que ir a buscarlos (si uno los quiere significativos) al servicio filatélico del Correo central. Yo sigo usándolos en mi correo y, por supuesto, en países como Estonia y otros de Europa (Francia, Alemania, el Reino Unido, Holanda, Bélgica, por citar a algunos importantes) todavía se utilizan los sellos de forma habitual; estos pequeños trozos de papel impreso permanecen, al menos, como signos de identidad; el euro, en cambio, se ha convertido en algo anónimo, y sólo una letra permite identificar (si uno la conoce) el país donde ha sido emitido el billete, que en todas partes reproduce su triste y aburrida imagen (igual que el dólar en los Estados Unidos).
Para mí, como expreso en mi breve artículo, hay muchas cosas que se identifican con las identidades de los pueblos, cosas que tienden a desaparecer, y eso es una importante pérdida cultural.
Gracias por tu comentario y por la fidelidad con que sigues esta bitácora.
Saludos cordiales.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Para Tu mejor receta: Eso, los políticos lo han hecho siempre, pero jamás tan descaradamente como ahora. El voto es más importante que el ciudadano, y cuanto más ignorante es éste, mejor acepta la propaganda electoral y sus falsas promesas. A eso yo lo llamo miseria intelectual (no porque seamos miserables, sino porque los son "ellos", en el peor sentido de la palabra).
Gracias por tu comentario.

el viajero impresionista dijo...

El euro cambia soberanía por una sensación aparente de bienestar y seguridad económica.

Otra cosa es la difusión de la cultura en la actualidad. El hecho cultural permanece pero es presentado de otra manera, lease WWW, lo que supone amenazas y oportunidades. Cualquier país que fie sus identidad nacional en la Cultura hará bien en tenerlo en cuenta y utilizar internet para difundirla. Saludos.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Por supuesto, viajero. Lo de la moneda es más bien anecdótico, pero en un país pequeño y joven duele que se pierda esa parte de identidad.
Yo también creo en las posibilidades de internet para difundir la cultura, y de hecho es lo que hacemos con nuestros blogs. Los estonios también lo tienen muy claro (son uno de los países punteros en las nuevas tecnologías). Sin embargo, los humanos guardamos en el fondo de nosotros mismos algo de romanticismo, y las naciones para las que la cultura es esencial lo demuestran más.
Un saludo cordial.

Luis Irles dijo...

Otro de tus excelentes artículos por el cual te felicito, estimado Albert. Te agradezco mucho que continúes con esta importante labor de difusión cultural que estás llevando a cabo a través de tu excelente bitácora, dándonos a conocer aspectos novedosos e interesantes de países poco conocidos, como es el caso de Estonia.
Un abraçada.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Muchas gracias, Luis: respaldos como el tuyo me animan mucho para proseguir en esta línea, lo mismo que el aumento progresovo de visitantes a esta bitácora. Es una gran satisfacción para mí poder contribuir, aunque a muy pequeña escala, a la difusión de la cultura.
Un abrazo cordial.

arthostal dijo...

LLorar por la divisa nacional me parece muy mediocre! Vosotros, intelectuales, llorar por el dinero?! Identificaros con los billetes tantas veces despreciados por vosotros y todos los que os precedieron? No lo puedo creer!
El euro es libertad, señores!
Odio el tiempo cuando saliendo de mi pais o de Epaña calculaba, comparaba pensaba como y de qu'e mejor mnaera cambiaria lo poco que llevama en mis bolsillos, las aduanas, los fronterirzos, los embusteros en las esquinas que te cambiaban y te engañaban, las increibles trampas con billetes nuevos, viejos, milles y ridiculos nillones de liretas o dinares o ... No Por favor! Dejen de llorar por los bonitos papelitos olvidados. El euro es Europa, señores, y Europa es libertad. El dinero no nos da la identidad. La tenemos o no la tenemos en nuetras almas y no en los bolsillos.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Arthostal, no lloramos por el dinero, sino por la identidad cultural, que son cosas muy distintas y difíciles de conjugar.
El mensaje del artículo no era monetario, sino simplemente cultural, y no se pone en duda la importancia del euro, que al fin y al cabo llega, de todos modos (para bien o para mal, según las circunstancias de cada uno).
Saludos.

catalina sojos dijo...

Albert:
Definitivamente este blogg es uno de los poquísimos académicos de la red. ¡Felicitaciones, una vez más! Cada tema es imprescindible para la cultura.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Gracias, Catalina, pero yo no diría tanto, es exagerado. El transeúnte trata de divulgar la cultura a partir de sus conocimientos y experiencias, pero no sentar cátedra... En fin, un comentario anterior hacía llover chuzos de punta contra los "intelectuales", y es que la tierra da para todo. Prefiero tu comentario, y te lo agradezco sinceramente.

Anónimo dijo...

Me encontre 200 kroonis y no se k son alguien save cuantos dolares son o SI estos valen