domingo, 10 de septiembre de 2017

Piranesi y la Roma del siglo XVIII

"Il Campidoglio", por Giovanni Battista Piranesi.

Por Antonio Mazza*

La Roma de mediados del siglo XVIII era una ciudad de alrededor de 150.000 habitantes, colmada de iglesias, palacios nobiliarios, monumentos de todo tipo y, sobre todo, de ruinas del pasado que afloraban por doquier, especialmente en la zona de Campo Vaccino, donde se iniciarían las excavaciones durante la ocupación francesa (1798-1799) y bajo el pontificado de Pío VII (1800-1823): los fragmentos de la Urbe de los Césares estaban presentes en todo el tejido urbano. Eran la cara oculta, a menudo en las profundidades, de un mundo remoto que suscitaba una creciente pasión por las antigüedades gracias, en gran parte, a personajes como Johann Joachim Winckelmann y Giovanni Battista Piranesi, que convirtió aquellos restos en el núcleo central de su arte.

Autorretrato de Piranesi (detalle).

Piranesi (Mogliano, República de Venecia, 4 de octubre de 1720 - Roma, 9 de noviembre de 1778) se estableció en Roma a los veinte años, aprendió la técnica del aguafuerte con Giuseppe Vasi y quedó fascinado por las “ruinas parlantes” de la ciudad. Nacería así en él la idea de conjugar pasado y presente para conseguir una imagen armónica, que iría plasmando durante años como grabador, escultor y arquitecto en su largo y complejo recorrido artístico.

Desde el principio, su lenguaje y su estilo dejaron presagiar un temperamento visionario (lo vemos en la serie de sus “Grotteschi” y, sobre todo, en las famosas “Carceri”). Primero, como buen véneto, se inspiró en los “Capricci” de los maestros Tiepolo y Canaletto, lo cual es evidente en su visión idealizada de antigüedades romanas como “Via Appia immaginaria”, donde la memoria del pasado adquiere tanta densidad que se convierte en una especie de hipérbole narrativa. Es el componente visionario, que encuentra su culminación en las “Carceri”, en aquel aparente caos y aquella superposición de geometrías y volúmenes, donde escaleras, superficies, arcos, instrumentos de tortura y figuras humanas forman una amalgama, en una representación entre onírica y alucinada. “Una de las obras más secretas que ha dejado en herencia un hombre del siglo XVIII”, escribió Marguerite Yourcenar en su ensayo Sous bénéfice d'inventaire. Algo que fascina e inquieta, cuya huella es evidente en no pocos artistas posteriores (Escher, por ejemplo; pero también los surrealistas deben mucho a Piranesi).

Uno de los grabados al aguafuerte de las "Carceri".

La "Via Appia immaginaria".

Los aguafuertes de Piranesi que representan diversas vistas de Roma, sus arcos triunfales, el Colosseo, los Foros, el Pantheon, las basílicas, el Campidoglio, el Porto di Ripa Grande (uno de los más notables), trazan un perfil de la ciudad del pasado y la del presente tratando de ofrecer una mediación, para que no se pierda la memoria de lo que fue, pero dándole una continuidad ideal. En la Roma de los papas eso era posible: él excava en las profundidades y colabora con Giambattista Nolli en la “Nuova Pianta di Roma”, que en realidad no le satisface (prefiere el plano de Leonardo Buffalini, dos siglos anterior).

"Porto di Ripa Grande".

"Mausoleo di Cecilia Metella".

"Aquedotti Neroniani".

Como arquitecto, Piranesi mira hacia atrás en el tiempo, considera que el arte romano deriva del egipcio con la mediación de los etruscos, y plasma esta imagen de síntesis en el Aventino, en la iglesia de Santa Maria del Priorato y en el Caffè degli Inglesi (que más tarde sería derribado) en la Piazza di Spagna. Luego tenemos los objetos que hoy definirían el diseño: candelabros, jarrones, trípodes, candiles y una conspicua producción de neorromanidad que goza de la admiración de los viajeros y está en el origen de aquel gusto neoclásico que tendrá su auge a finales del siglo. Roma es el centro fulgurante, como realidad visible a la luz del sol y como realidad oculta, preservada en las entrañas de la tierra.

Traducción del italiano: Albert Lázaro-Tinaut


* Este artículo, ligeramente adaptado en la traducción, fue escrito con motivo de la exposición “Piranesi, la fabbrica dell’utopia”, organizada por la Associazione Culturale MetaMorfosi y Zètema Progetto Cultura, y comisionada por Luigi Ficacci y Simonetta Tozzi, con unas doscientas obras procedentes de la Fondazione Giorgio Cini de Venecia, presentada en el Palazzo Braschi de Roma entre el 16 de junio y el 15 de octubre de 2017.


La versión original de este texto apareció con fecha 25 de junio de 2017, y con el título “La Roma di Piranesi”, en la web italiana News Arte e Cultura.

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