martes, 11 de agosto de 2015

[Marginalia] La precavida sensibilidad musical del “amado líder” norcoreano

Esta es la música preferida de Kim Jong-un, el “amado líder” 
de la República Popular Democrática de Corea.

Nadie ignora (o nadie debería ignorar a estas alturas) que en la República Popular Democrática de Corea, Corea del Norte en términos llanos, rige uno de los regímenes más cerriles del mundo, una dictadura personal, dinástica y hostil a todo lo externo que se obstina por permanecer aislada. Al pérfido dirigente Kim Jong-il, de míticos orígenes, difunto a bordo de un tren (la idea de viajar en avión le provocaba pánico) el 17 de diciembre de 2011, le sucedió su hijo y oficialmente heredero, Kim Jong-un, hecho a imagen y semejanza de su despótico padre (los coreanos dicen, jocosamente, que fue clonado).

Kim Jong-un.

El régimen personalista y autoritario de este singular personaje, arropado por un disciplinado ejército, decide todos los detalles de la vida en el país, dejando pequeños, en comparación, a muchos de los dictadores que en el mundo han sido y son, con la particularidad de que un espeso muro de silencio oculta la realidad de lo que ocurre en aquel país de 120.000 kilómetros cuadrados y unos 24 millones de habitantes, según censos que no se han podido contrastar.

Dos de los instrumentos más poderosos del régimen, como suele ser habitual en todo totalitarismo, son la represión y la propaganda, según la cual el Presidente Eterno de la República, como se le denomina en la Constitución, goza de la admiración y la veneración casi divina de más del 99 % de la población, con lo cual queda todo dicho.

Recientemente, a las múltiples tareas de Kim Jong-un se ha sumado la preocupación por la música y por evitar que ésta caiga en la decadencia que caracteriza al resto del mundo, por lo que ha ordenado a su Departamento de Propaganda, encargado también de la censura, que vele por evitar no solamente la infiltración del K-pop, tan en boga en Corea del Sur, y otras “inmundicias” occidentales, sino incluso la divulgación de fragmentos de composiciones norcoreanas –algunas de la cuales se han popularizado a través de la cinematografía nacional– que, fuera de contexto, “insinúen a los ciudadanos la idea de la protesta y la crítica”.

Sobre esta cuestión ha escrito Andrea Pira en el periódico italiano Il Fatto Quotidiano*, y se ha preguntado hasta qué punto llegará la censura para permitir la actuación en la capital norcoreana, Pyongyang, de la banda eslovena Laibach, anunciada oficialmente para participar, los días 19 y 20 de agosto, en los actos conmemorativos del septuagésimo aniversario de la “liberación del dominio japonés”: una supuesta señal de “apertura” del régimen para acallar ciertas habladurías.

Pyongyang, la capital de Corea del Norte, 
poblada por más de tres millones de personas.
(Foto © Samluellwitz Wordpress)

Este transeúnte añade que Laibach (que curiosamente es el nombre que recibió la capital eslovena, Liubliana, durante la ocupación alemana de Yugoslavia en la segunda guerra mundial) suele combinar simbología nazi y estalinista en sus acciones, que es como denomina sus actuaciones públicas, y sus componentes se han manifestado reiteradamente contra la supremacía anglosajona en el mundo. Dato nada insignificante en el contexto del que hablamos.


El grupo musical esloveno Leibach y su estética.
(Fuente: 24ur.com, Liubliana, 2010)

Los censores del gran líder revisan con esmero las letras de las canciones que interpretará el grupo esloveno, pero quizá no deban temer nada, ya que Jani Novak, uno de los músicos de Laibach, ha dejado claro en una entrevista que tanto él como sus compañeros se comportarán “como corresponde hacer a cualquier invitado” y aceptarán de muy buen grado todas las sugerencias que se les hagan; ha aprovechado la ocasión, además, para culpar de la situación actual de los norcoreanos “a la intervención en la península [de Corea] de ciertas potencias extranjeras”, en clara alusión a los Estados Unidos y China. Palabras que a los oídos de Kim Jong-un y sus generales deben de sonar a música celestial, como puntualiza Andrea Pira. ¿Otra de las numerosas provocaciones de Leibach? ¿Otra de las habituales maniobras de distracción de Kim Jong-un?


Anuncio de la actuación de Leibach en Corea del Norte.

* Andrea Pira: “Corea del Nord, la censura sulla musica di Kim Jong-un: ‘Vietate le canzoni che incitano alla protesta’”, en Il Fatto Quotidiano, Roma, 31 de julio de 2015.

POST SCRIPTUM: Información sobre el concierto de Laibach en Pyongyang y sobre la fría reacción del público norcoreano en La Vanguardia, Barcelona, 21 de agosto de 2015.

3 comentarios:

fus dijo...

El miedo que le produce a los dictadores, cuando la mùsica les puede decir con ritmo la decadencia de un pais, solo intentan dejar la cultura machacada por unos sensores que pretenden tener contento al aparato represor polìtico de un estado, en este caso especialmente a su lider.
un abrazo
fus

Anónimo dijo...

Entiendo y comparto las críticas al régimen norcoreano pero, la verdad sea dicha, no conozco régimen más cerril, brutal y asesino que el vigente en los Estados Unidos de América. Baste recordar el bombardeo atómico de Hiroshima, o el más reciente asesinato de un millón y medio de iraquíes (con el pretexto de buscar armas de destrucción masiva que jamás fueron encontradas). o el golpe organizado por la CIA y Nixon contra Salvador Allende (con su secuela de muertos, torturados y desaparecidos) o el sistema inhumano que rige en la cárcel de Guantánamo (Cuba) donde ni siquiera los presos tienen la posibilidad de suicidarse. Es verdad que en Estados Unidos está Disneworld, es verdad que no hay censura musical, es también verdad que la cadena Starbucks es realmente buena (salvo los precios). Pero no hay necesidad de hablar como hablan los principales asesinos del planeta. Saludos. Mara.

El transeúnte dijo...

fus: no sé si los dictadores saben lo que es el miedo, suelen creerse seres superiores, incluso más que divinos, en algunos casos, y, sobre todo, "salvadores de la patria" (según su concepción particular de ese concepto), haciendo oídos sordos a cualquier crítica. Es muy difícil saber lo que le pasa por la cabeza al "gran líder" de Corea del Norte, siempre contradictorio, siempre amenazante (como ahora mismo, que pide a su ejército que esté preparado para una más que hipotética guerra con Corea del Sur). Las provocaciones forman parte de una estrategia, y ese concierto tiene, seguramente, la virtud de desconcertar a su pueblo. A nosotros nos resulta casi imposible entender ciertas mentalidades, sobre todo de culturas tan lejanas.

Mara: no hacía falta que te ocultaras a medias en el anonimato para decir lo que muchos pensamos. El hecho de que en esta entrada me refiera a Corea del Norte no significa, ni muchísimo menos, que no coincida contigo en lo esencial de lo que afirmas, pero se aparta del espíritu de este artículo en concreto. Lo que tú mencionas es bien sabido y se ha dicho y escrito multitud de veces: de Corea del Norte y de las contradicciones y caprichos de su líder, en cambio, se sabe mucho menos.

Gracias a ambos, en cualquier caso, por vuestros comentarios.