28 mayo 2010

Post scriptum. Más sobre el uso y la difusión de las nuevas tecnologías


El transeúnte publicaba recientemente en esta bitácora un breve artículo marginal sobre las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para la divulgación de la cultura, desde la música hasta los textos escritos, pasando por las artes plásticas y visuales.

Ahora le sale al paso una noticia que divulgó hace unos meses Europa Press, la cual pone en evidencia el retraso con el que España y otros países del sur de Europa se están incorporando al mainstream de estas tecnologías, que solamente representan la punta del iceberg de una revolución extraordinaria no sólo para la cultura, sino también para la ciencia y la tecnología.


He aquí el artículo al que el transeúnte se refiere:


España está por debajo de la media europea
en alfabetización digital y mediática, según la UAB


El nivel de alfabetización digital y mediática de los españoles está por debajo de la media europea, situándose en el puesto 14, según el estudio “Asessment Criteria for Media Literacy Levels” –Criterios de Evaluación de los Niveles en Alfabetización–, dirigido por el catedrático José Manuel Pérez de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).


Así, los españoles se mueven con dificultad en el universo de las tecnologías de la comunicación y no encuentran un contexto adecuado –ni en el campo educativo ni en los medios de comunicación– que favorezca su sentido crítico y su participación en la actividad política.

El nivel de alfabetización mediática mide la capacidad de los ciudadanos para utilizar las tecnologías y medios de comunicación e información, así como su capacidad crítica ante los contenidos mediáticos. Este indicador presta especial atención al sentido crítico ante los mensajes persuasivos de la publicidad y de la información comercial.


Entre 27 países analizados, España se encuentra a mucha distancia de los más avanzados como Finlandia, Dinamarca, Holanda, Reino Unido, Francia, Suecia, Luxemburgo, Austria, Irlanda, Bélgica, Estonia y Alemania. Por su parte, España apenas aventaja a buena parte los ex países del Este, Grecia y Portugal.


Los bajos niveles de alfabetización mediática son una barrera importante para el desarrollo económico y cultural y revelan un bajo nivel de autonomía personal en el contexto de la nueva sociedad del conocimiento. En cambio, el desarrollo de la alfabetización mediática favorece la innovación económica y social y asegura una buena integración del país en el contexto de la globalización.


Para elevar el nivel de alfabetización, el estudio propone desarrollar más y mejores esfuerzos en el campo de la política educativa y en la innovación curricular, así como en el esfuerzo dedicado por la industria mediática, los servicios públicos audiovisuales y las familias.


El estudio ha sido desarrollado por la UAB junto a la European Association Viewers Interest (EAVI), la Universidad de Tampere, de Finlandia Tampere (UTA), el Ministerio de Educación Nacional de Francia (CLEMI) y la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica (UCL).


Fotografía © Getty Images.

25 mayo 2010

((SIN COMENTARIOS))

© EL ROTO. El País, Madrid, 25 de mayo de 2010.

20 mayo 2010

[Marginalia]: De la música casera al éxito


El fenómeno de la música compuesta y grabada usando medios caseros comenzó a popularizarse hace muy pocos años, y se multiplican los compositores e intérpretes que lo hacen todo solos, al margen de los sellos comerciales y utilizando internet (sobre todo las redes sociales y YouTube) para difundir su música.

Un caso paradigmático de este tipo de autores-intérpretes (lo que antes llamábamos, salvando ciertas distancias estilísticas y de intención, “cantautores”) es el joven neerlandés Thijs Kuijken, nacido en Utrecht y conocido por el nombre artístico de I am Oak, que en menos de dos años ha pasado de ser conocido sólo en su casa y alrededores a participar en festivales y grabar un disco, On claws (¡en formatos CD y vinilo!), con arreglos e instrumentación propios de una banda de folk; lo ha puesto a la venta un pequeño sello discográfico de su ciudad natal: Snowstar Records. Antes, I am Oak había difundido, entre otros, un disco casero titulado Ols Songd (escrito así, no es un error) que se puede obtener aquí por tan sólo 5 €, el cual tuvo un éxito inesperado.


Mezclando diversos estilos (música intimista, folk de reminiscencias norteamericanas, hip-hop…), I am Oak se ha convertido en poco tiempo en una figura del indiefolk neerlandés. Las nuevas tecnologías, por tanto, no revolucionan únicamente el mundo del libro (con los e-books), sino también el de la música, el del cine, el de la fotografía y otras manifestaciones artísticas.

Quien desee más información sobre este músico, aquí encontrará su completísima página en myspace, desde la cual podrá escuchar algunas de sus composiciones y verlo en unos cuantos vídeos.

Traducción del catalán: Carlos Vitale.

16 mayo 2010

Flashes: “Los músicos de Bremen” en Riga

El monumento a los Músicos de Bremen (Brēmenes muzikanti),
de la escultora Krista Baumgaertel, detrás de la iglesia
de San Pedro, en Riga. (© Albert Lázaro-Tinaut)

Los músicos de Bremen (Die Bremer Stadtmusikanten) es un célebre cuento tradicional alemán, concretamente de la Baja Sajonia, recogido por los hermanos Karl y Wilhelm Grimm en la segunda edición de sus Kinder- und Hausmärchen (‘Cuentos para la infancia y el hogar’, 1819). En los países de lengua alemana, y después en todo el mundo, esta historia de animales tuvo mucho éxito (aquí podéis leer una versión en castellano), y muchísimos ilustradores han representado a sus protagonistas (un asno, un perro, un gato y un gallo) en numerosos libros y revistas infantiles.

Curiosamente, en la capital de Letonia, Riga, encontramos un monumento –denominado, en letón, Brēmenes muzikanti–, que representa la manera como se muestran tradicionalmente estos cuatro animales. La explicación de la presencia de este monumento es sencilla: Riga fue fundada en 1201 por un alto eclesiástico procedente de Bremen, Albrecht (Alberto) von Buxthoeven (Bexhövede, Baja Sajonia, 1165 - Riga, 1229), que fue el primer obispo de Livonia y que al año siguiente fundó también la orden militar de los Fratres militiae Christi, más conocidos como Hermanos de la Espada o Caballeros Portaespadas, los cuales fueron decisivos en las denominadas Cruzadas del Norte para la cristianización de los pueblos paganos del Báltico oriental.

El monumento que encontramos en el núcleo medieval de Riga (Vecrīga), junto al ábside de la iglesia de San Pedro, obra de la escultora Krista Baumgaertel, fue un regalo que la ciudad de Bremen hizo, en 1990, a la comunidad wesfaliana que hermana la capital letona con la ciudad alemana de Ense (Westfalia del Norte).


El monumento dedicado a Die Bremer
Stadtmusikanten, situado junto
al Ayuntamiento de la ciudad alemana
de Bremen e inaugurado en el año 1953.
Es obra del escultor Gerhard Marcks.
(© Magnus Manske, 2004)


Esta historia tradicional ha dado lugar a muchas interpretaciones artísticas, no únicamente obras de ilustradores de cuentos, como el transeúnte ha explicado, sino también de escultores (ésta de Riga es un ejemplo de ello, y lo es también la escultura del alemán Gerhard Marcks, que se inauguró en la ciudad de Bremen en 1953) y de dibujantes de cómics, músicos, autores teatrales (en 1977, el polifacético cantante y escritor brasileño Chico Buarque se inspiró en ella para escribir y musicalizar Os santimbancos; también se han hecho adaptaciones trasladadas a nuestro tiempo, como por ejemplo una ambientada en los Balcanes en guerra, presentada en el Theater Laboratorium de Oldemburgo).


Los cuatro animales protagonistas
del cuento Los músicos de Bremen,
según una ilustración de Roser
Capdevila para un capítulo
de la serie de televisión Las tres
mellizas
(carátula de un DVD
de Cromosoma, 2005).



Pero los animales de los Músicos de Bremen han sido especialmente protagonistas de películas de animación y series televisivas: en 1994, por ejemplo, uno de los capítulos de la serie Las tres mellizas, realizada por la ilustradora Roser Capdevila y producida por Cromosoma para la Televisió de Catalunya, recogía este cuento. ¡En Japón, la historia hasta se ha incluido en una serie de estilo anime!


Traducción del catalán: Carlos Vitale

01 mayo 2010

Los contrabandistas de la lituanidad

Monumento a la memoria de Martynas Jankus (1858-1946),
uno de los principales activistas del nacionalismo lituano
durante la segunda mitad del siglo XIX.
Contribuyó a la fundación del primer diario
en lengua lituana, Aušra (‘La Aurora’), que se publicó
desde 1883 hasta 1904, impreso en la Prusia oriental;
era una de las publicaciones que los knygnešiai (portadores de libros)
introducían clandestinamente en Lituania.
(Foto © Mosklo Lietuva)

La cultura lituana difundida en la lengua nacional pasó por situaciones bastante azarosas hasta la proclamación de la república independiente de Lituania, en 1918, y estuvo largamente sometida a otras culturas dominantes. El lituano (lietuvių), que se considera el más arcaico de los idiomas indoeuropeos (“un dinosaurio lingüístico que permanece vivo y coleando”, como lo denomina el lingüista y baltista Pietro U. Dini), quedó relegado durante muchos siglos al mundo rural y a las clases bajas: hasta casi la segunda década del siglo XX, en Lituania las lenguas oficiales y de la administración fueron, sucesivamente, el latín, el polaco y el ruso.

Sólo algunos eclesiásticos utilizaron las diversas formas dialectales del lituano para acercar la fe cristiana al “pueblo llano”: recordemos que los lituanos no fueron cristianizados hasta el siglo XIV. El primero que destacó en este sentido fue Martinus Masvidius (Martynas Mažvydas, en lituano, 1510-1563), considerado genéricamente el padre de la literatura lituana, que en 1547 publicó el primer libro en lengua autóctona no normalizada*: el Katekizmas (‘Catecismo’). Desde entonces proliferan los autores que escribieron en los diferentes dialectos lituanos. La fijación del lituano estándar o normativo sería obra de Jonas Jablonskis (1861-1930), que en 1901 publicó en Tilsit (Prusia oriental, Tylża en lituano y actualmente Sovietsk, en el oblast ruso de Kaliningrado) su Lietuviškos kalbos gramatika (‘Gramática de la lengua lituana’).


Portada del Katekizmas
de Martynas Mažvydas (1547).

El hecho de que Jablonskis no pudiera publicar su obra en Lituania se debió al hecho de que en el año 1864 –como consecuencia de la revuelta de los lituanos de 1863, provocada por el deseo de independencia de la intelectualidad local, animada por los progresos en el proceso de unificación de Italia– el zar Alejandro II de Rusia prohibió la publicación de libros y periódicos en lituano e impuso incluso el alfabeto cirílico en Lituania. Esta prohibición no se levantó hasta 1904.


Pero ese largo período de rusificación a ultranza, que los lituanos denominan spaudos draudimas (‘prohibición de imprimir’) sirvió para atizar el fuego del incipiente movimiento nacionalista lituano, que debió moverse necesariamente en la clandestinidad. Entre estos primeros patriotas estaba el obispo católico Motiejus Valančius (1801-1875), del cual partió la idea de hacer imprimir libros en lituano –y en caracteres latinos, evidentemente– en la Lithuania minor (Prusia oriental) y en Estados Unidos, donde ya se había establecido una importante colonia de exiliados y emigrantes lituanos.
De esta manera, se editaron 1856 títulos, además de numerosas publicaciones periódicas.





Un ejemplar del año 1884 de los Lietuviszkas
Auszros kalendorius
, unos almanaques católicos
de 48 páginas editados por Laurynas Ivinskis
desde 1868, de los que se imprimían unos
8000 ejemplares en Tilsit y eran introducidos
clandestinamente en Lituania, con muchas otras
publicaciones, por los portadores de libros.
(© Spaudos.It)



La introducción clandestina de estos libros fue posible gracias a la heroicidad de unos dos mil knygnešiai (portadores de libros), que se definieron como “contrabandistas de la lituanidad”, figuras clave del renacimiento nacional (que tuvo bastantes paralelismos, aunque las características y las condiciones eran diferentes, con la Renaixença catalana y los movimientos del “despertar nacional” de otras naciones europeas en la segunda mitad del siglo XIX). Según los datos disponibles, se imprimían e introducían cada año en Lituania entre treinta mil y cuarenta mil libros, un tercio de los cuales eran decomisados por los aduaneros rusos o confiscados en el interior del país. Durante este período sólo se imprimieron en la Lituania sometida al Imperio ruso cincuenta y cinco títulos, todos ellos utilizando el alfabeto cirílico.


Los knygnešiai sabían que se la jugaban; los más afortunados, si los atrapaban, sólo debían pagar cuantiosas multas; otros eran deportados a Siberia, y algunos “recalcitrantes” fueron incluso ajusticiados.



Grabado de autor desconocido (hacia 1989) que representa
al escritor y activista Vincas Kudirka (1858-1899),
fundador en 1889 del diario Varpas (‘La Campana’),
que se imprimía en la Prusia oriental y los knygnešiai introducían
de contrabando en Lituania. Dejó de publicarse en 1905.
En la parte inferior del grabado aparece el poema que Kudirka
publicó en las páginas de Varpas y que en 1919 se convirtió
en el himno nacional lituano (Tautiška Giesmė).

Los famosos samizdat de los tiempos soviéticos tuvieron, por tanto, un antecedente en la Lituania de la segunda mitad del siglo XIX. Sabemos bastante bien, por otra parte, cómo circulaban muchos libros en España, impresos clandestinamente o pasados de contrabando desde Andorra o Francia, durante la época franquista, y también antes, en las primeras décadas del siglo XIX y durante la dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930). Y cómo llegaban, de extranjis, las ediciones latinoamericanas de autores prohibidos por el régimen dictatorial, y los publicados en París por la editorial Ruedo Ibérico, por ejemplo.


La cultura, entendida como expresión de unas minorías (o puesta al alcance de estas minorías), siempre ha parecido peligrosa a los ojos de los regímenes totalitarios. No olvidemos el Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum, establecido por la Iglesia católica en el año 1559, el cual se mantuvo vigente hasta 1966, y otras censuras que, a menudo, y aún hoy, obligan a continuar haciendo contrabando de libros y otras publicaciones en numerosos países.


* De hecho, el Katekizmas de Mažvydas está escrito en dialecto bajo lituano con influencias léxicas del alto lituano.


Bibliografía consultada:

- Dini, Pietro U.: Le lingue baltiche. La Nuova Italia, Scandicci (Florencia), 1997.

- Senn, Alfred: “Storia della letteratura lituana”, en Giacomo Devoto (al cuidado de): Storia delle letterature baltiche. Nuova Accademia Editrice, Milán, 1963.

- Teiberis, Leonas: La Lituanie. Traduit du russe et adapté par François de Labriolle. Éditions Karthala, París, 1995.


Traducción del catalán: Carlos Vitale.

25 abril 2010

Flashes: En Leiden con Paul Celan


Cuando el transeúnte visitó la ciudad holandesa de Leiden, hace dos años y medio, descubrió que en las paredes de varios edificios próximos a la Universidad se reproducían poemas de unos cuantos poetas universales, como este de Paul Celan (perteneciente a su libro Die Niemandsrose [‘La rosa de nadie’], de 1963), del que transcribe la traducción castellana de José Luis Reina Palazón*:

MEDIODÍA CON CIRCO Y CIUDADELA


En Brest ante los anillos en llamas,

en la carpa que al tigre vio saltar,

allí te oí, finitud, que cantabas,

allí te vi, Mandelstamm.


Sobre la rada el cielo colgante,

la gaviota sobre la grua vino a estar.

Lo infinito cantaba, lo constante, –
tú, cañonera, te llamas “Baobab”.


Saludé a la tricolor

con una rusa palabra –

Lo perdido no se perdió,

el corazón, fuerte plaza.


Tal vez en otra ocasión hable de Leiden; ahora, sin embargo, el transeúnte quiere detenerse brevemente en la figura de Paul Celan, uno de los mayores poetas del siglo XX, un judío asquenazí cuyo verdadero nombre era Paul Antschel, en su alemán familiar, o Ancel, en rumano, apellido éste con el que formó el anagrama de su seudónimo.


Celan nació en Czernowitz, una ciudad periférica del entonces Imperio austrohúngaro, el 23 de octubre de 1920, y se suicidó en París, arrojándose al Sena desde el puente Mirabeau, el 20 de abril de 1970. Czernowitz era entonces una ciudad de la Bucovina rumana (su nombre, en rumano, es Cernăuţi), y actualmente pertenece a Ucrania con el nombre eslavizado de Chernivtsi (Чернівці). Lugar de encuentro de culturas, pues en los años de la infancia del escritor convivían allí judíos (que eran mayoría, unos 42.600), rumanos (unos 30.400), alemanes (16.400), ucranianos (11.200), polacos (9000), rusos (1500) y húngaros (600).

Celan recibió su primera educación en hebreo (su padre era un judío sionista y ortodoxo), pero la lengua familiar era el alemán de su madre. Ya en su adolescencia abandonó las ideas sionistas y se aproximó a grupos socialistas judíos que en aquella época apoyaban la causa republicana durante la guerra civil en España. Cuando las tropas alemanas ocuparon su ciudad natal, durante la segunda guerra mundial, sus padres fueron deportados a campos de exterminio, en los que murieron, y él fue enviado a Moldavia y sometido a trabajos forzados. Al finalizar la guerra se estableció en Bucarest, en 1947 fue a Viena, y al año siguiente llegó a Francia. Vivió también en Ginebra (donde trabajó como traductor para las instituciones internacionales), Alemania e Israel.

Escribió en prosa, pero sobre todo poesía, una poesía críptica plagada de referencias bíblicas, en la que solía jugar con las palabras y los sonidos, lo cual dificulta su interpretación y su traducción, por lo que tuvo dificultades para publicarla. También destacó como traductor literario al alemán y el hebreo.

El transeúnte no se detendrá aquí a detallar su biografía y su obra, que pueden encontrarse fácilmente en la red. Sólo mencionará su desencuentro con Martin Heidegger, a causa de la postura de éste ante el nazismo, aunque el pensamiento del alemán pesó mucho sobre su personalidad intelectual, igual que el de Theodor Adorno, con quien también tuvo discrepancias, ya que ninguno de los dos mostró el interés por su obra que él esperaba. Quien sí lo mostró, en cambio, fue George Steiner, el cual lo reconoció como uno de los grandes poetas de su época.

El Holocausto y el exilio marcaron indeleblemente su subconsciente, hasta el punto de lo que lo condujeron a la autodestrucción. Niemend / seugt für den / Zeugen (‘Nadie / testimonia por el / testigo’) , escribió en uno de sus poemas de Atemwende (‘Cambio de aliento’, 1967): tres versos que invitan, sin duda, a reflexionar.

* Paul Celan: Obras completas. Traducción de José Luis Reina Palazón. Prólogo de Carlos Ortega. Editorial Trotta, Madrid, 1999. 4.ª edición, 2004, p. 183.

© de la fotografía inicial: Albert Lázaro-Tinaut.
El retrato de Paul Celan es de autor desconocido.

18 abril 2010

[Marginalia]: Las obsoletas voces de la tribu


Que los humanos somos tribales y recurrimos a nuestra visceralidad instintiva, incluso con el revestimiento, bastante superficial a veces, de esa pátina que denominamos cultura, la cual nos diferencia, juntamente con el uso de la palabra, de los demás animales, no es ninguna novedad. Que la inteligencia parece más desarrollada en los humanos que en la mayoría de las otras especies zoológicas, se ha considerado siempre una evidencia, pero los hechos parecen querer demostrar que no lo es tanto, que se hace un uso bastante restrictivo de ella, probablemente porque la mayoría de los bípedos vestidos no la ha desarrollado del todo y, por tanto, no es capaz de realizar tres funciones fundamentales: pensar, razonar y reflexionar.


Grecia fue la primera gran cuna de la civilización y la cultura occidentales, pero después de la decadencia del mundo helénico las cosas nunca han sido iguales en el más meridional de los países balcánicos. No quiero mencionar unos cuantos hechos histórico-políticos que han caracterizado aquel país en el último siglo, porque en muchos otros se han vivido situaciones similares y, sin duda, más vergonzosas. Quiero referirme únicamente a un acontecimiento reciente que desmerece la cultura y la civilización griegas y pone en entredicho la capacidad de sus estamentos de estar a la altura de las circunstancias, sobre todo teniendo en cuenta que Grecia es miembro de la Unión Europea y que eso obliga, al menos, a guardar las formas.

El 25 de marzo, los griegos celebran su fiesta nacional, el Día de la Independencia. Este año, como de costumbre, hubo una solemne parada militar al final de la cual actuó el coro de la marina, y entre otros himnos y canciones guerreras incluyó una, manifiestamente xenófoba, que ha irritado profundamente a los albaneses. El mundo ha cambiado, Europa ha cambiado, han cambiado profundamente las coyunturas. No había, pues, ninguna necesidad de desenterrar viejas canciones patrióticas como ésta, a menos que a alguien le conviniera actuar malintencionadamente.

El canto militar al que se refiere el transeúnte es uno que contiene estos versos (traducción aproximada): “Griego se nace, no se hace. Derramaremos tu sangre, cerdo albanés. // Será una carnicería, y después reivindicaré nuestra Iglesia hasta que la adoréis. // Los denominan skopiani*, los denominan albaneses. Coseré mis vestidos con su piel”.

Al transeúnte los griegos, como pueblo, le merecen un gran respeto; sin embargo, algunas autoridades del país, probablemente militares, no tienen en cuenta que viven en la Europa del siglo XXI, que la Albania de hoy tiene poco que ver con aquella Albania otomana a la cual se refiere la canción, y nada que ver con la Albania estalinista de Enver Hoxha. Parece que algunos estamentos de la Grecia “europea” deben recorrer todavía un largo camino para alcanzar la realidad de nuestros días y ser capaces de avergonzarse de actitudes xenófobas y provocadoras como ésta.

El destacado escritor albanés Ismail Kadare, tan cercano en su espíritu y en su obra a la cultura griega, que considera parte integrante de su personalidad, ha decidido, como protesta por ese menosprecio a los albaneses, anular su visita a Atenas para participar en un acto académico previsto para el lunes 19 de abril, al cual había sido invitado: “Teniendo en cuenta los últimos acontecimientos, muy desagradables, que se han producido en Atenas, relacionados con el racismo hacia los albaneses, he decidido anular la visita a vuestro país. Conocéis perfectamente mi admiración por la literatura y la cultura griegas, pero considero que en un clima como el que se ha creado, en el cual se hace patente la ausencia de la más mínima pizca de civilización, mi visita sería prematura”, dice Kadare en la carta dirigida a los organizadores del acto en el cual debía participar.

Al transeúnte le parece triste que las lecciones de los grandes pensadores griegos hayan sido olvidadas, precisamente, en las tierras donde nacieron. Le parece muy triste que Europa, en vez de avanzar hacia un acercamiento cordial entre los pueblos y las culturas, se aleje tanto de ese propósito, y que los fantasmas del pasado continúen manifestándose por las calles de la polis.

* Skopiani es, sobre todo, la denominación que dan los griegos a los macedonios (eslavos y albaneses). El nombre de la antigua república yugoslava de Macedonia está aún pendiente de decidir, precisamente, por la negativa del gobierno griego a reconocer el nombre Macedonia.


Créditos:
Fotografía de arriba: © AFSOUTH / NATO.

Fotografía de Ismail Kadare: © ÇdoDitë, Tetovë.


Traducción del catalán: Carlos Vitale.

10 abril 2010

Las cicatrices de la guerra de Bosnia


El 31 de marzo de 2010, el Parlamento de la República de Serbia, claramente dividido, votó una resolución en la cual reconoce y condena la masacre de unos 8000 hombres musulmanes bosnios, en Srebrenica, en el mes de julio de 2005. El debate fue duro y largo, duró más de doce horas y demostró que Serbia aún está dividida entre los que intentan hacer todo lo posible para acercar el país a la Unión Europea (encabezados por el actual presidente de la República, Boris Tadić), y quienes se obstinan en refugiarse en la nostalgia y se niegan a aceptar que Serbia ha perdido la batalla en todos los frentes. “Las dos almas de Serbia, la europeísta y modernizadora y la nacionalista y atávica, se han enfrentado esta semana en el Parlamento de Belgrado”, se lee en el editorial del diario El País del 2 de marzo. Los liberales piensan que esta resolución es poco contundente, mientras que los nacionalistas, que se ausentaron a la hora de las votaciones, consideran que Serbia se ha bajado vergonzosamente los pantalones y ha claudicado ante el resto del mundo. Estos nacionalistas radicales, entre los cuales aún hay una mayoría que reivindica la Gran Serbia y su preponderancia sobre los países vecinos, son “la otra Serbia”, la que estuvo al lado de Slobodan Milošević, la que permitió que Radovan Karadžić permaneciera escondido tantos años y la que impide que otro criminal de guerra, serbobosnio como el anterior, Ratko Mladić, no esté aún sometido a la justicia. La reconciliación entre estas dos Serbias parece, por ahora, imposible.


Estas cuestiones no son nada sencillas de analizar. La tímida resolución del Parlamento serbio es, sin duda, interesada y ha sido aprobada a pesar de las disensiones y el parecer de una parte importante de la opinión pública del país. En ningún momento se ha mencionado la palabra genocidio (que es como el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia definió la masacre de Srebrenica) y, por otra parte, continúa vigente la reivindicación del territorio de la actual República de Kosovo, cuya independencia el gobierno de Serbia se niega a reconocer. El transeúnte cree que en el imaginario de los serbios pesa mucho el mito, que los aleja de la realidad histórica de los últimos veinte años, y también la losa de un victimismo colectivo.


Pero ahora no se trata de juzgar esta decisión política más allá de lo que el transeúnte acaba de decir. Esta noticia viene a cuento para explicar una de las muchas crueldades que se cometieron en las guerras de la antigua Yugoslavia y una de las muchísimas cicatrices que quedaron de ella.



Después de su viaje a Bosnia y Herzegovina, durante el otoño de 2008, el transeúnte conoció en su exilio, en una ciudad mediana situada entre Lyon y los Alpes, a un joven bosnio musulmán que pudo huir de su país y encontró refugio en Francia. Se lo presentaron cuando se acercó, en un bar, a un grupo de hombres que hablaban serbocroata (permitid que el transeúnte utilice esta denominación para la lengua común de serbios, croatas, bosnios y montenegrinos, aunque ahora sea políticamente incorrecto), para intentar establecer conversación, como suele hacer cuando viaja, y les explicó que hacía poco había estado en Bosnia. En aquel grupo de hombres había serbios y croatas. Él era el único bosnio.


Aquel hombre, no muy alto, delgado y nervioso, agitado por diversos tics musculares, en un primer momento se mostró reticente ante la propuesta de hablar de su experiencia durante la guerra de Bosnia, pero de pronto se abrió, con la condición de que no se conociera su auténtico nombre. Se sentaron los dos en un rincón discreto del local, y él pidió al transeúnte que lo llamara Samir, en honor a su padre, que tenía ese nombre. Entre contracciones espasmódicas continuas y cambios repentinos de humor, que lo hacían pasar de la sonrisa a la agresividad (actitud característica de los ciclotímicos), explicó que trabajaba en una relojería, porque había aprendido el oficio de su padre desde que era pequeño, y que su padre había muerto cuando él tenía 16 años, asesinado por un par de soldados serbios borrachos en el patio de su casa, en una pequeña localidad de las cercanías de Sarajevo que no quiso precisar. Esto sucedió cuando el ejército popular yugoslavo (Jugoslavenska narodna armija, JNA, integrado exclusivamente por serbios y montenegrinos) intentaba tomar la ciudad de Sarajevo, a fines de marzo de 1992. Fue uno de los muchos asesinatos a sangre fría cometidos durante aquel horrible conflicto.


Poco a poco, Samir fue relatando lo que sucedió aquel día y durante los días sucesivos. El cuerpo de su padre, ensangrentado, quedó tendido en medio del patio a través del cual se accedía a la vivienda familiar. Desde que los militares enviados por Belgrado, con la venia tácita de las autoridades serbobosnias que, de hecho, habían constituido un gobierno títere que seguía al pie de la letra los dictámenes del régimen nacionalista y expansionista de Milošević, amenazaban la capital de Bosnia y Herzegovina, todo el mundo se había encerrado en su casa, excepto los partidarios de aquella invasión. La de Samir es una narración horripilante, hecha con constantes cambios de tono de voz e interrumpida por largos momentos de silencio. El transeúnte la reconstruye, procurando articularla, a partir de los apuntes que tomó aquella misma noche del mes de enero de 2009:

Cuando oímos los tiros y vimos por la ventana que mi padre yacía en el suelo, mi madre y yo salimos corriendo al patio, mientras mi hermana pequeña sufría un ataque de nervios y chillaba, paralizada. Estábamos a medio camino entre la puerta de casa y el cuerpo de mi padre, y de repente los soldados comenzaron a disparar al aire, entre carcajadas y muecas: “¡Quietos! ¡Media vuelta y a casa!”, nos ordenaron, añadiendo una blasfemia. Mi madre, temblorosa y atemorizada, se detuvo; yo seguí avanzando, y uno de los soldados me apuntó con el fusil, desvió un poco el punto de mira y disparó contra una de las ventanas de casa, haciéndola añicos y rompiendo el vidrio. “¿No lo has oído, hijo de guarra? ¡Venga, a casa o tú serás el siguiente!”

La rabia me carcomía por dentro, habría hecho una locura si mi madre no me hubiera agarrado por la camisa y me hubiera arrastrado hacia casa con una fuerza que no sé de dónde sacó. Yo no sabía si mi padre estaba muerto o sólo herido. Pero mi madre lo tenía bastante claro. Mientras tanto se habían agolpado más soldados en la puerta del patio.


En casa nuestra impotencia nos hizo estallar en llantos desesperados. Desde afuera se oían las carcajadas y las burlas de los soldados, sus insultos y amenazas, entre las cuales hacían la broma de apostar quién de ellos sería el primero en violar a mi hermana; uno dijo: “¡Y a la mujer también!”, y otro, que no podía parar de reír, le replicó al cabo de un momento: “¿No te daría asco follarte a una cerda asquerosa como ésa?”. No queríamos oír todo aquello, yo tenía la sensación de vivir una pesadilla, pensaba que me despertaría sudado y corroído por la angustia… Pero aquello sólo fue el comienzo de una pesadilla mucho más larga.


El francés mal aprendido de Samir hacía difícil la comprensión de algunas de las cosas que decía, sobre todo cuando se excitaba. De vez en cuando mezclaba palabras en su lengua, pero el contexto permitía adivinar qué quería decir. Entonces explicó que aquellos soldados les ordenaron que no salieran de casa por ningún motivo, que se consideraran “prisioneros”.


Al cabo de un rato se marcharon y dejaron a uno solo para vigilarnos, pero más tarde llegaron dos más, que no parecían borrachos, pero que también nos maldijeron como “cerdos musulmanes” y nos pronosticaron que sufriríamos mucho. Y fue cierto, porque el cadáver de mi padre quedó diez días tendido en medio del patio, mirando hacia el cielo, en medio de su sangre reseca, descubierto, mientras se descomponía. Yo no podía dejar de mirar a través de la ventana, y lo veía allí. Al día siguiente de su asesinato llovió y el cuerpo quedó empapado, la sangre medio se licuó. Los soldados nos vigilaban noche y día; a veces los veíamos, otras no. Cuando yo miraba por la ventana me hacían gestos obscenos y reían.


El tercer día, al atardecer, dos de los soldados entraron en el patio, metieron en la boca de mi padre una cola de cerdo, y entre los muslos, a la altura de los genitales, le colocaron una zanahoria. Reían como adolescentes tontos y no paraban de hacer muecas y vociferar obscenidades mirando y señalando el cadáver de mi padre, y mirándome a mí, plantado detrás de la ventana. Yo era el único que se atrevía a mirar por la ventana. Mi madre se quedó en la cama mientras duró lo que para aquellos militares parecía una divertida broma macabra. Mi hermana perdió el habla, y aún hoy no la ha recuperado. Parecía muerta en vida, pálida e inmóvil. Ninguno de los tres comió nada mientras duró aquello, sólo bebíamos agua y zumos de fruta que teníamos en la nevera. Tampoco encendimos el televisor, no sabíamos qué pasaba realmente, pero tanto daba, ya que las informaciones procedían siempre de Belgrado.


¡Diez días con el cadáver de mi padre en el patio! Por mi mente pasaron ideas que prefiero no recordar. Al cabo de diez días llegaron dos hombres de civil y retiraron el cuerpo de mi padre, se lo llevaron. Los soldados habían desaparecido. Salí al patio, pregunté adónde llevarían el cuerpo. Uno, ni tan sólo me miró; el otro se encogió de hombros y no pronunció ni una palabra. Trasladaron el cuerpo de mi padre en una camilla muy sucia, llena de manchas oscuras de sangre reseca y otros humores, hasta una camioneta tronada; les costó arrancarla, y se marcharon. Nunca hemos sabido qué hicieron con el cuerpo de mi padre.


Pocos días más tarde, cuando mi madre y mi hermana se habían recuperado un poco, les dije que debíamos marcharnos. Mientras tanto había comenzado el sitio de Sarajevo, desde casa oíamos, a lo lejos, las explosiones y los tiros, veíamos pasar los aviones. Un día, de madrugada, recogimos unas cuantas cosas esenciales y fuimos hasta el pueblo de al lado, donde vivía otro relojero que había sido amigo de mi padre. Nadie nos detuvo por el camino, no vimos a ningún soldado. Estábamos en un territorio que ahora pertenece a la República Srpska. Aquella familia nos acogió, lloró con nosotros, estuvimos en su casa tres días y medio. A ellos no les había pasado nada, aunque eran musulmanes. Después, cuando ya estábamos en Francia, supimos que los habían asesinado…


Otro largo silencio.


Nos marchamos cuando oscurecía. Nos aconsejaron que fuéramos hacia Goražde [al este de Sarajevo], donde tenían parientes: nos dieron sus señas y una carta para ellos. Nos dijeron que aquella ciudad no había sido ocupada por la Armija. Caminamos durante más de tres días, extenuados. Mi madre no quería continuar, tenía los pies llagados. Mi hermana, de doce años, de golpe se reanimó, ¡creció de repente!, era más fuerte y más tenaz que yo…, pero era incapaz de hablar, nunca ha recuperado el habla, ahora está en un hospital, sometida a tratamiento psiquiátrico. Entre los dos tuvimos que arrastrar a nuestra madre, que lloraba, gemía, nos pedía que la abandonásemos, que Alá ya haría que tuviera una muerte dulce.


Pero no llegamos a Goražde. Por el camino tropezamos con una columna de vehículos blindados con soldados extranjeros
[se refiere, probablemente, a los soldados de la UNPROFOR (United Nations Protection Force), una fuerza de protección instituida por el Consejo de Seguridad de la ONU muy poco antes, hacia febrero de 1992, con el propósito de “crear las condiciones de paz y seguridad necesarias para solucionar la crisis yugoslava”]. Yo me expresaba muy mal en inglés, mi hermana lo conocía bastante mejor, y como no podía hablar escribió en un papel que le dieron los extranjeros cuál era nuestra situación. Gracias a aquellos soldados pudimos salir de Bosnia y llegar a Francia, donde fuimos acogidos como refugiados. Después todo fue bastante fácil. Pero mi madre no se recuperó, murió hace diez meses. ¡Aún era joven, tenía 55 años, pero parecía que tuviera más de 80! Había perdido todos los dientes, el cabello, la piel se le había oscurecido y estaba llena de ampollas…


El transeúnte preguntó a Samir cuáles eran sus sentimientos; él se alteró un poco, levantó la voz y dijo:

¡Yo no quiero odiar! Yo no quiero ser como los que mataron a mi padre, porque ellos lo hicieron con odio. Yo no quiero odiar a nadie, tampoco a los serbios. Quiero que mi país vuelva a ser como antes de la guerra, pero todo el mundo dice que eso será imposible. Pues entonces no volveré nunca más. Pero yo no odio a nadie, no quiero odiar, quiero ser una persona respetable, un buen trabajador, y aquí puedo serlo, aquí las cosas son fáciles. Quiero que mi hermana pueda volver a hablar, los médicos dicen que volverá a hablar, ella está segura de que lo conseguirá, y también podrá trabajar y encontrar un marido.


Y cuando el transeúnte le preguntó si él también había necesitado ayuda psicológica, lo miró fijamente a los ojos y le respondió, ofendido:


¿Crees que después de lo que ha pasado necesito un psicólogo? ¡No, yo he salido adelante, yo he sido fuerte, he sido valiente, no odio a nadie, no tengo rencores, no necesito que me curen de nada! Has visto que estoy con camaradas yugoslavos, serbios, croatas… No los odio, somos amigos. ¡Yo no odio a nadie, no quiero odiar a nadie!


Era evidente que Samir necesitaba, y mucho, asistencia psicológica. El transeúnte no ha vuelto a saber nada de él, que no quiso dejarle ninguna dirección, ningún número de teléfono, ni tan sólo le dijo cuál era su auténtico nombre. Tampoco le permitió que lo fotografiara. De pronto se levantó de la silla, encajó con fuerza la mano del transeúnte y salió rápidamente del bar, se perdió por las calles de la ciudad cuando ya oscurecía. Habían compartido unas cervezas mientras hablaban. Como muchísimos otros musulmanes de Bosnia y Herzegovina, Samir no era un musulmán practicante: el islamismo, para él, era un signo de identidad, como el judaísmo lo es para la mayoría de los judíos que se consideran ateos.




Las guerras acaban casi siempre sin haber resuelto los problemas, como es el caso de la de Bosnia, pero dejan cicatrices profundas en los que las han vivido; unas cicatrices que permanecerán para siempre jamás en su espíritu, porque son indelebles.


Fotografías (clicad encima para ampliarlas):

-Arriba, cartel con un mapa del sitio de Sarajevo.

-Abajo, dos imágenes que muestran las cicatrices que dejó la guerra en Jajce (Bosnia central).


© de las fotografías: Albert Lázaro-Tinaut (octubre de 2008).


Traducción del catalán: Carlos Vitale.

04 abril 2010

((SIN COMENTARIOS))

© EL ROTO. El País, Madrid, 9 de febrero de 2010.

27 marzo 2010

Post scriptum. Una hablante livonia centenaria… en Canadá

El transeúnte, cuando el pasado mes de enero habló de los livonios en esta bitácora (ved Līvõd rānda), dijo que el último hablante de la lengua, Viktor Berthold, había muerto el 28 de febrero de 2009. Pero hete aquí que ahora lo sorprende una noticia aparecida el pasado 19 de marzo en la publicación estonia Fenno-Ugria Asutus, firmada por Tapio Mäkeläinen*, en la cual se informa que la señora Grizelda Kristiņa (nacida Berthold), que habla su lengua materna, el livonio, acaba de cumplir 100 años en la localidad de Campbellville, a unos 50 kilómetros al sudoeste de Toronto (Ontario), donde vive desde que se estableció en Canadá en el año 1951.

Grizelda Kristiņa, prima de Viktor Berthold, nació en la Līvõd rānda (norte de Curlandia, Letonia), concretamente en la granja de Zūonkõ, en la aldea de Vaide (a 12 km de Irē [Mazirbe], donde después fue a la escuela), el 20 de marzo de 1910. Entre los años 1930 y 1933 (es decir, cuando Letonia era una república independiente) estudió en la Universidad de Lahti y el Instituto-hogar de Orimattila (Finlandia) gracias al apoyo de una organización finoúgria, que seleccionó a los jóvenes livonios mejor formados para ofrecerles esta oportunidad (hay que decir que la solidaridad entre los pueblos finoúgrios ha sido siempre envidiable, y aún lo es).


En 1944, cuando las repúblicas bálticas fueron anexionadas por la Unión Soviética, huyó con su marido y su pequeña hija Sarmite, de cuatro meses, a Suecia, y en 1951 se establecieron los tres en Canadá, donde se habían constituido diversas comunidades de exiliados bálticos en los alrededores de la ciudad de Toronto.


Grizelda Kristiņa no tan sólo mantuvo viva la llama de la cultura y la lengua livonias, sino que, además, en 2008 aún tuvo fuerzas, a pesar de su edad, para publicar un CD en livonio, Līvõ kel, en el cual dicta los capítulos de un manual de lengua livonia,
editado con el mismo título, también en Canadá, por Kersti Boiko en el año 2000. Pero lo más interesante de este CD es poder oír la fonética de la lengua con la voz de esta anciana tan vivaracha.

Noticias como la que comenta ahora el transeúnte permiten mantener la esperanza de que la lengua de los livonios, por más que actualmente no se hable fuera del ámbito de algunas –escasas– familias, no caerá en el olvido. La pérdida definitiva de una lengua, aunque sea pequeña, representa siempre un empobrecimiento de la cultura universal.


¡Felicidades por sus cien años de vida provechosa, señora Kristiņa!

* Tapio Mäkeläinen es un conocido finougrista finlandés, casado con una letona y muy interesado por la cultura estonia. De hecho, obtuvo esta información de un artículo más extenso, en letón, firmado por Baiba Šuvcāne y publicado en el portal Livones.lv: “Grizelda Kristiņa svin 100 gadu jubileju”. El transeúnte se ha basado también en este artículo y se ha permitido corregir algunas inexactitudes de Mäkeläinen.

Agradecimientos: Linda Järve y Jüri Talvet.


Fuente de la fotografía de la señora Kristiņa: Livones.lv.

Traducción del catalán: Carlos Vitale.

23 marzo 2010

Flashes: Derby

Una de las efímeras curiosidades que el transeúnte encontró
paseando por Derby.

Derby es una ciudad del centro de Inglaterra, capital del condado de Derbyshire, en la región de East Midlands. La población del municipio supera los 230.000 habitantes. Fue una de las primeras localidades a las que llegó el ferrocarril, en 1840, lo cual la convirtió pronto en un próspero centro industrial y un estratégico nudo de comunicaciones ferroviarias. Pero no obtuvo el estatuto de ciudad hasta 1977, con motivo del 25.º aniversario de la coronación de la reina Isabel II.

Derby es famosa, entre otras cosas, por haber sido uno de los centros más importantes de la primera revolución industrial, que allí se inició en 1717. En el año 1759 Jedediah Strutt (1726-1797) patentó la máquina tejedora de algodón conocida como Derby Rib Attachment, que entonces revolucionó el sector. Más tarde se instalarían otras industrias, como la primera fábrica de coches y motores de aviación Rolls-Royce, fundada en 1904. Allí se fabrican también algunos componentes para los aviones Bombardier y para los vehículos de la firma japonesa Toyota.


Una de las viejas construcciones industriales de la ciudad, el Silk Mill (molino de la seda), alberga el Derby’s Museum of Industrial and History. Es uno de los numerosos molinos textiles que se encuentran (y se pueden visitar) en el valle del río Derwent, corrupción de la denominación gaélica Djúra-bý, que los anglosajones (o los vikingos, que convivieron con ellos) habrían convertido en Deoraby, de la cual proviene el nombre de la ciudad. Los invasores romanos establecieron allí un asentamiento militar, que denominaron Derventio.


El centro comercial de Derby. Al fondo, la torre
de la catedral anglicana de Todos los Santos.


Además de abundantes muestras de arqueología industrial, Derby tiene una catedral anglicana, fundada en el año 943 como colegiata real por el monarca anglosajón Edmundo I y reconstruida en estilo gótico durante el siglo XVI, a la que se añadió, en 1725, una torre de 68 metros. Pero su consagración como catedral, dedicada a Todos los Santos, data del 1 de julio de 1937. También encontramos en la ciudad otros lugares interesantes, como la iglesia de St. Alkmund, de estilo georgiano, edificada en 1846; el Pickford’s House Museum, construido en el año 1770 por Joseph Pickford (1734-1782), y la St. Helen’s House, del mismo arquitecto, que data de 1766.

Fotografías © Albert Lázaro-Tinaut.
Clicad sobre ellas para ampliarlas.


Traducción del catalán: Carlos Vitale.

15 marzo 2010

Jean Ferrat: canción, poesía y compromiso social

Jean Ferrat en el año 2008. (Foto © abaca)

Anteyer, 13 de marzo de 2010, a las 12.58 del mediodía, murió en Aubenas, cerca de la pequeña localidad de Antraigues-sur-Volane (en el departamento francés de la Ardèche), donde residía, Jean Tenenbaum, el menor de los cuatro hijos de un emigrado judío ruso. Había nacido en Vaucresson, en las proximidades de París, el 26 de diciembre de 1930. Cuando tenía once años su padre fue deportado por los ocupantes nazis e internado en el campo de concentración de Auschwitz, del que ya no salió. Él pudo salvarse gracias a la protección de un grupo de militantes comunistas.

Aquel niño, al que le costó asumir la tragedia familiar, comenzó a ganarse la vida, una vez acabada la guerra, componiendo canciones, cantándolas en modestos cabarets, haciendo teatro y tocando la guitarra en una banda de jazz, con el nombre de Jean Laroche. Aunque el éxito no le sonrió de inmediato, decidió dedicarse a la música y al espectáculo, y adoptó otro seudónimo, Frank Noël, que después cambió por el que lo llevaría a la fama: Jean Ferrat.

Ferrat fue siempre fiel a su compromiso social y político, y a pesar de que no se afilió nunca al partido comunista, hasta 1968 se mantuvo próximo a la formación de quienes le salvaron la vida. Y, poco a poco, empujado por el entusiasmo y los amigos, los “camaradas”, su nombre comenzó a sonar, sobre todo desde que, en 1956, puso música al poema Les yeux d’Elsa, de su admirado Louis Aragon.* Esta canción fue popularizada entonces por un cantante que sumaba éxitos en los cabarets parisinos: André Claveau.

No obstante, el primer disco de Jean Ferrat (1958) pasó inadvertido. No fue hasta 1960, con Ma Môme (escuchadla), que se comenzó a oír su voz en las principales emisoras de radio. En 1966 ya era famoso. En 1962 escribió la canción Deux enfants au soleil para su gran amiga Isabelle Aubret, que la interpretó con gran éxito. Diez años más tarde compuso otra de sus canciones más conocidas: Mon vieux. Desde entonces, las ventas de sus discos se incrementaron: ya se había convertido en una figura en el mundo musical francés.

Jean Ferrat con las cantantes Isabelle Aubret y Juliette Greco
(París, 1965). (Foto © AFP)

Mientras tanto había escrito algunas canciones comprometidas y algo atrevidas en el panorama político de la época, como Nuit et Brouillard (1963; escuchadla y leed la letra aquí) y Potemkine (1965; escuchadla aquí), cuya difusión a través de las emisoras de radio fue prohibida por la autoridad competente francesa, y también una de las piezas que al transeúnte más le han llegado al corazón: Camarade (escuchadla), en la que denuncia la invasión soviética de Checoslovaquia en el verano de 1968.

En 1972 se alejó de París y se estableció en la Ardèche, decepcionado por el totalitarismo feroz puesto de manifiesto por los más altos representantes de la ideología que defendía (las atrocidades anteriores de Stalin aún no eran suficientemente conocidas o se habían silenciado en Occidente). La paz de aquellas tierras meridionales le inspiraría otra de sus canciones más bellas: La montagne (escuchadla).

Pero Jean Ferrat quedará seguramente como el gran cantor de la poesía de Aragon (podéis escuchar una de sus canciones, Aimer à perdre la raison, aquí), al cual dedicó dos recopilaciones: Que serais-je sans toi? (1974) y Heureux celui qui meurt d’aimer (1995). El transeúnte ha escuchado estas canciones decenas de veces, y las vuelve a escuchar con emoción mientras escribe este homenaje a un hombre que ha sido siempre consecuente consigo mismo y con sus ideas, una actitud que no debe confundirse con un compromiso absoluto con el comunismo francés, sino muy al contrario: una de sus canciones, Bilan (1980), es precisamente una crítica nada disimulada al líder del PCF, Georges Marchais, por su vergonzoso balance “globalmente positivo” de los países sometidos, contra la voluntad de sus pueblos, a la rígida disciplina soviética. Una actitud que, por otro lado, lo alejó de una parte de la intelectualidad de izquierdas de su país que aún creía (o lo hacía ver, para seguir la “moda” de la época) en las bondades del socialismo real.

La música y la política fueron las dos grandes pasiones de Jean Ferrat. En este sentido, no hay que olvidar su compromiso con los movimientos de izquierdas, como el de antiglobalización liderado por el polémico líder campesino José Bové (1987), y su adhesión a la Coordination française pour la Décennie de la culture de non-violence et de paix, una asociación creada en noviembre del año 2000 para coordinar las actividades del Decenio internacional de promoción de una cultura de la no-violencia y de la paz en beneficio de los niños del mundo, promovida por la Unesco y que acaba, precisamente, este año, con algunas muestras de buena voluntad, pero, sobre todo, con una aberrante indiferencia por parte del denominado “primer mundo”, pese al compromiso (mejor dicho, las palabras solemnes y vacías de contenido) de la grandilocuente Alianza de Civilizaciones propuesta por el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, el 21 de septiembre de 2007 durante la 57.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York. También fue muy crítico con las multinacionales de la música y la industria discográfica que, en su opinión, ponían en peligro la libertad de creación.

Canción, poesía y compromiso social son las palabras que, según el transeúnte, resumen la vida y la trayectoria personal de Jean Tenenbaum, más conocido como Jean Ferrat.

* Aragon (1897-1982) escribió este famoso poema, dedicado a su esposa, la rusa Elsa Triolet (Elsa Kagan [1896-1970], que era cuñada de Vladímir Maiakovski), en 1940.

Traducción del catalán: Carlos Vitale.

07 marzo 2010

[Marginalia]: “Por favor, sea breve”

El pasado viernes, el transeúnte acudió a la presentación de la antología de microrrelatos Por favor, sea breve 2, publicada por la editorial Páginas de Espuma, de Madrid.* El acto lúdico-literario (porque así fue) tuvo lugar en el bar L’Astrolabi, del barrio barcelonés de Gràcia, que se llenó de “hormigas” de todas las edades: así las denomina Clara Obligado en el texto preliminar que titula, precisamente, “La era de la hormiga”: “… sucede que el dinosaurio [se refiere, como todos habrán adivinado, al célebre microrrelato de Augusto Monterroso, pero conviene aclararlo para distraídos] ya está en el Parnaso y ha dado origen al reino de la hormiga. Hormigas, hormigas por todas partes, movedizas, dinámicas, textos diminutos que ya no se pueden contar”. ¡De repente, en L’Astrolabi, también los autores y el público nos convertimos en divertidas hormigas!

Fue una de esas veladas entrañables que, por suerte, sustituyen cada vez más a las presentaciones “serias” al uso, a las que uno va por compromiso y, con raras excepciones, dispuesto a aburrirse un rato, en las cuales algunos aprovechan para tomar unas copas gratis y –aunque la crisis está acabando con ellos– sustituir la cena por unos cuantos canapés.

Algunos de los “antologados” (¿por qué el diccionario normativo no recoge esta palabra?) leyeron relatos mínimos de los otros, y se pudo comprobar que en muchísimos casos estas pequeñas piezas literarias, a las que hasta hace pocos años no se prestaba interés, no están en absoluto reñidas con el sano sentido del humor, sino bien al contrario. Entre esos “antologados” que leyeron había algunos amigos del transeúnte, como Carlos Vitale (ved aquí su blog personal), colaborador imprescindible de esta bitácora, y Care Santos (ved aquí su web oficial).

Una de las razones que animaron al transeúnte a acudir a L’Astrolabi fue el deseo de conocer a Clara Obligado, la antóloga (aunque en el libro figure como autora de la edición, que es la manera formal de decir lo mismo) de la obra. Para el transeúnte, no sabe por qué, esa mujer menuda, inquieta, cordial y desbordante de simpatía, como pudo comprobar, tenía una especie de aureola especial. Quizá por su ilustre apellido, quizá por haber leído en tiempos no muy lejanos sus cuentos de Una mujer en la cama… y otros textos breves suyos que le habían llamado poderosamente la atención. El transeúnte, sin embargo, no es de aquellos que persiguen a sus autores favoritos por el simple capricho de conocerlos personalmente y obtener su autógrafo, hasta el punto de que ni siquiera sabía dónde vivía ella desde que los militares genocidas la obligaron a exiliarse de la Argentina, en 1976. El viernes supo que vive en Madrid, la pudo conocer en persona y conversar con ella, y comprobó no sólo su calidad humana, sino también su serio compromiso con la literatura, su fino sentido del humor y su extraordinario don de gentes.

La obra presentada, por supuesto, merece ser leída y, además, no obliga a hacerlo de una tirada: puede permanecer semanas o meses sobre la mesilla de noche y alegrar, por ejemplo, un día gris o borrascoso antes de buscar el sueño. En ella aparecen textos de 116 autores (si no fallan las cuentas) de diversas procedencias que escriben en castellano, y entre ellos encontramos desde algunos que podríamos considerar “clásicos”, como Macedonio Fernández, Ramón Gómez de la Serna o Juan Perucho, por citar sólo tres nombres, hasta meritorios novísimos cuya obra todavía no ha sido muy divulgada. Gran mérito incluirlos no por sus nombres, sino porque sus textos lo merecen.

Permitidle al transeúnte que reproduzca, a modo de ejemplo, uno de los microrrelatos más breves del libro, “El hombre invisible”, del escritor venezolano Gabriel Jiménez Emán:


Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.


¡Larga vida a los bonsáis de la literatura!



* Por favor, sea breve 2. Antología de microrrelatos. Edición de Clara Obligado. Prólogo de Francisca Noguerol. Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2009. 256 páginas. Anteriormente (2001) la misma editorial había publicado una primera entrega de microrrelatos, seleccionados también por Clara Obligado, con el título Por favor, sea breve, en un volumen que incluía 167 relatos hiperbreves de diversos autores, entre los que aparecían algunos grandes nombres de la literatura en lengua castellana, como Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, etc.

La fotografía de Clara Obligado es de O. Duch y está tomada de la web del Heraldo de Soria.

04 marzo 2010

Post scriptum. Chile: realidad y esperanza


El transeúnte ha recibido hace pocas horas el texto que se permite reproducir. Sabe que su autor es un destacado periodista y profesor universitario en Chile. No quiere opinar sobre sus palabras, pues prefiere que sean los chilenos –y los conocedores de la realidad de Chile– que siguen esta bitácora quienes lo hagan sin escrúpulos, ya que ésta pretende ser, esencialmente, un espacio de libertad.

Realidad y esperanza se mezclan estos días en Chile: después de la tragedia llega la hora de asumir la realidad, y de ella ha de nacer la esperanza. Los chilenos han demostrado siempre su fortaleza de ánimo y su capacidad para salir adelante en los momentos más difíciles.


Se esté de acuerdo o no con sus opiniones, en el fondo de las palabras del profesor Wilson Tapia Villalobos se vislumbra la luz de un nuevo renacimiento de Chile, como se dio otras veces, como probablemente las circunstancias obliguen alguna otra vez a planteárselo.

Con respeto y solidaridad hacia el pueblo que sufre, el transeúnte les invita, pues, a leer este artículo y a comentarlo.



El nuevo Chile

Por Wilson Tapia Villalobos

Mucho dolor hay en esta nota. Dolor por las más de mil víctimas que se llevó hacia la inmensidad el desmesurado poder de la naturaleza. Dolor por la pequeñez humana, por su torpeza embadurnada de liderazgo, por lo esmirriado que hay debajo de tanta competitividad. Dolor que se transforma en esperanza al ver a tantos personajes anónimos que siguen pensando que la humanidad distingue cuando se da hasta que duela.


Las cifras son elocuentes. Al momento de escribir, el número oficial de muertos está detenido en 723. No hay aún información oficial de desaparecidos, aunque se estiman en muchos centenares, tal vez miles. Se calcula en dos millones los damnificados. Un millón y medio de viviendas afectadas. Para los aficionados a las comparaciones, el de la madrugada del sábado es el quinto sismo (8.8 grados en la Escala de Richter) de mayor intensidad que registra el planeta desde que las estadísticas comenzaron a interesarle a los norteamericanos. El costo estimado para Chile alcanza a los US$ 30 mil millones, con tendencia al alza. De acuerdo a la medición Richter, el terremoto que tuvo su epicentro en las cercanías de Cobquecura habría sido 18 veces más potente que el que asoló a Haití.


El desastre le ha dado una nueva cara a Chile. La geografía ha variado, tal como ocurre cada vez que la naturaleza nos golpea. Pero ahora el cambio es más profundo. Quizás si el manotazo cataclísmico sirvió para que lo viéramos en su atroz magnitud. Este Chile 2010 no es el mismo de antes. Es cierto que integra más avances tecnológicos. La inserción en la economía global es más profunda. Es reconocida su solidez económica hasta el punto de integrarlo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Tiene mejor conectividad vial y trata de ir a la vanguardia en comunicaciones. Pero las fuerzas tectónicas desatadas nos mostraron otras realidades. La primera, que pese a los avances, estamos lejos de encontrarnos en el nivel de desarrollo que muchos pretenden. La segunda son los efectos dejados por un terremoto anterior, de carácter moral.


Los asaltos a los supermercados fueron el indicio más reciente. Venía precedido de otros que no se quieren ver. Las ventas de las empresas estatales a precio vil fue un antecedente. Más cercano, la colusión de las farmacias. Y podrían sumarse muchos más, como los cobros abusivos por los servicios básicos, la práctica agiotista de los bancos, de las tarjetas de débito o de las multitiendas. Y si se quiere buscar referentes más amplios, está la propia crisis financiera global de la que aún no salimos. Si Bernard Madoff fue capaz de estafar US$ 50.000 millones, es difícil no comprender que estamos ante nuevos parámetros. Que los valores de antaño han saltado por los aires, aventados por un individualismo desenfrenado. Resulta indispensable abrir camino a una mutación valórica. Sin embargo, tal posibilidad la rechaza el pensamiento conservador que se refugia en añejos esquemas. Prefiere optar sólo por la represión para evitar abordar la realidad con nuevas herramientas.


Quienes detentan el poder económico abogan por legislaciones cada vez más severas para castigar los desmanes delictuales del lumpen. Pero se deja con sanciones menores o sin sanción, a quienes aprovechándose de su poder han transformado a Chile en uno de los diez países que peor distribuyen la riqueza en el mundo. Y hoy pareciera aceptarse sin chistar que el derecho de propiedad aquí es más importante que los derechos humanos.


El desastre que hoy nos conmueve es de magnitud aterradora. Hay miles de compatriotas que sufren. Hasta los que la ayuda demora en llegar. Pero, sin duda, la experiencia, por dolorosa que sea, servirá para que en una nueva oportunidad –que la habrá– estemos mejor preparados. Como ahora que, gracias a las construcciones antisísmicas, no tenemos que lamentar muchos millares de muertos.


Es imposible no reconocer que eso es un avance. Sin embargo, precisamente esto hace indispensable saber que la actitud dolosa de algunas constructoras cuyos edificios nuevos yacen en el suelo de varias ciudades del país, incluyendo Santiago, será castigada severamente. Tal como debiera castigarse la lenidad y la actitud abiertamente delictual de quienes construyeron las autopistas que colapsaron. Y saber como se sancionará a los responsables de la edificación de los hospitales de Talca, Parral o del recientemente inaugurado en Curepto.


Tal vez el terremoto de la madrugada del sábado nos trajo una oportunidad única para mirarnos profundamente. De saber qué haremos como sociedad para enfrentar este futuro incierto. Este porvenir en que el individualismo nos marca senderos viciados y peligrosos. En los que el éxito es la meta que reemplaza a la felicidad. Y la competitividad nos hace mirarnos como adversarios, en vez de miembros de un mismo equipo que tiene que trabajar de manera mancomunada. Pero para ello es necesario poner en marcha esquemas de valores que nos actualicen, sin perder por un instante la noción humanista que hace digna la vida. Una visión humanista integradora con la naturaleza, tal como con los otros seres humanos.


Sólo así será posible que el dolor nos sirva para crecer. Crecer como seres humanos, que es lo importante.


© de la fotografía inicial: Albert Lázaro-Tinaut.

28 febrero 2010

Chile, 27 de febrero de 2010

Uno de los cerros de Valparaíso. (© Chilefoto)

A las víctimas de la tragedia
y a mis amigos chilenos.
A la memoria de C. M. A.


El transeúnte ha sentido los pinchazos de largas agujas negras después de que la naturaleza de esta Tierra aún en formación, y en perpetua transformación, sacudiera primero Haití, y hace pocas horas, Chile, país en el que tiene y ha tenido amigos (alguno muy llorado).


Sabe que las palabras no resuelven nada, que el dolor suele ser silencioso y oscuro como la noche. El silencio, sin embargo, se rompió repentinamente en la madrugada de ayer, 27 de febrero de 2010, e hizo que el dolor temblara y el trueno telúrico se escuchara largamente, durante unos instantes infinitos, y resuene todavía en nuestro afligido asombro.


Sabe que los ojos que observan atónitos las imágenes de la tragedia las retendrán como instantáneas indelebles. Y sabe también que, a pesar de todo, el sufrido pueblo chileno continúa en pie y, al igual que otras veces, superará el drama y sus esfuerzos no cejarán hasta que todo vuelva a la aparente normalidad.


Al transeúnte, pues, sólo se le ocurre en estos momentos rendir un humilde homenaje a las gentes que sufren y a las que, tristemente, han dejado de sufrir, y reproducir unos versos del poeta porteño Patricio Bruna Poblete.*

Para todos los chilenos y los amigos del pueblo chileno, pues…


Avalpo


Traspone el cuerpo

Su menguante

Ojo en rojo el sol

Del viaje al gris del sepia

Allí donde siempre es noche

En esa foto

Te entrampó el recuerdo Valparaíso

Te entrampó el recuerdo Valparaíso

Porteños de tu diáspora

Comemos de tu destiempo

Comemos con tu ensalada Light de postales en colores

Comemos abisal carne de inpescado Valparaíso

Comemos abisal carne de inpescado Valparaíso

Porteños de tu diáspora

Bebemos de tu destiempo

Al trago embotante de tu tinto noche
Vino del silencio Valparaíso

Vino del silencio Valparaíso

Puerto que migras y transmigras

De añejo en añejo tu cada aliento nuevo

Pregón del despregón tu manida imagen lugar común

De la lisa repetición artesanos baratos

¡Explotadores de la nostalgia Valparaíso!

¡Explotadores de la nostalgia Valparaíso!

Vendiendo lo que resbala de la cáscara de tu tristeza

Al dejando intacto el cárneo filón de lo que no se puede de ti

Porque tu inasible no - se - seria Valparaíso

Porque tu alma no - se - seria Valparaíso

Fantasma porteño este espacio Valparaíso

Espacio fantasma este porteño Valparaíso

Que va por dentro Valparaíso

Que va por dentro Valparaíso.

Valparaíso.



* El poeta y artista plástico Patricio Bruna Poblete nació en Valparaíso en 1959. Licenciado y maestro en Arte con mención en pintura por la Escuela de Bellas Artes de Valparaíso, ha participado en múltiples exposiciones nacionales e internacionales. Forma parte del Centro de Investigaciones Poéticas Grupo Casa Azul.