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26 enero 2014

Los pueblos originarios de América enfrentados a los pérfidos intereses de los gobiernos

Manifestación en Chile para reivindicar los derechos de los mapuches.
(Fuente: Radio Macondo)

El transeúnte siente una especial estima por las minorías en general, y las nacionales y étnicas en particular, sobre todo cuando son objeto de vejación y se encuentran sometidas –a menudo por la fuerza de las armas– por los gobiernos de los Estados donde habitan, los cuales utilizan injuriosas mentiras que difunden a través de los medios de comunicación para confundir a la opinión pública (una vieja táctica de la que, como sabemos, se ha hecho uso infinidad de veces a lo largo de la historia).  Por eso quiere publicar el texto que sigue, para que sus lectores sean conscientes de que la información que suele llegarles está distorsionada, y conviene que de vez en cuando salga a la luz la verdad, o al menos se oiga la voz de personas pertenecientes a esas minorías oprimidas.

Aquí va, pues, el texto de una carta del poeta peruano Feliciano Mejía Hidalgo a su amigo, el poeta mapuche (chileno) Cristian Cayupán Mora [1], la tercera que, según dice, le dirige.

 Feliciano Mejía Hidalgo y Cristian Cayupán Mora.

Querido Poeta del Mundo, Araucano y Mapuche:

 “Cayupán, por favor, corrígeme si me equivoco” te decía en mi primera carta y luego te envié una segunda, con fecha 13 de enero, preocupado por ustedes, pues supe –nunca sale nada en la TV o la prensa peruana– por voces amigas que habían enviado unas centenas de carabineros para atacarles y como consecuencia habían sido detenidos hasta 9 niños, ¡hasta un niño de 3 años detenido, preso, por ser Mapuche! Y hace unos días, medio centímetro en un periódico peruano, vi que decía que ustedes habían retomado sus tierras.

Esa carta se perdió, me parece. Pero, buscaré una copia que tengo acá en Lima, y te la haré llegar por otros medios. En esa carta trataba de analizar una parte de lo que ese empresario Piñera, que es Presidente de los blancos y ricos de Chile, dijo.

Los puntos a reflexión eran, dice el Piñera:

- El terrorismo y la delincuencia no van a prevalecer en la Araucanía.
- Vamos a establecer a plenitud el estado de derecho.
- Pequeña minoría, que no trepida ante nada con tal de conseguir sus perversos objetivos.
- Sobre las medidas para frenar  la ola de ataques en la zona.

Piñera adelantó que potenciarán los recursos con el fin de que la ciudadanía no se vea afectada por los eventuales conflictos: “Estamos experimentando un problema de seguridad. Lo que hemos hecho es tomar todas las medidas en materia de aumentar la dotación de carabineros, aumentar equipamiento, aumentar también las labores de inteligencia”.










La bandera 

del pueblo mapuche.

En mi segunda carta, trataba hasta el punto tres. Ahora quiero tratar de ver claro el cuarto punto.

Dice: “Sobre las medidas para frenar la ola de ataques en la zona”. Así decía el Piñera. Y eso ¿qué significa? Lo más importante a resaltar para mí es “ola de ataques en la zona”. Eso no lo dice cualquiera. Eso lo dice el Presidente de un país llamado Chile, que tiene un gran servicio de inteligencia y bastante dinero del Estado y del Gobierno.

Bien. Eso debe ser verdad y me alegro. Pues eso significa que ustedes “atacan”. Eso quiere decir que ustedes, con todas las limitaciones de los pobres e hijos naturales de la tierra, como acá en Perú, están o estuvieron en avanzada. Que la resistencia de siglos que ustedes, Mapuches o Araucanos, en instantes, esa resistencia se convierte en avanzada. Que la resistencia se convierte en ataque.



Detención de un mapuche
por las fuerzas de seguridad
chilenas.
(Fuente: www.lapala.cl)

Y eso en instante delicado para los intereses de los ricos de Perú y Chile: la inminente sentencia del Tribunal de La Haya, de Holanda, que se está usando como asqueroso argumento para acallar a los peruanos (ese es otro asunto, ya te hablaré de ello).

Pero fíjate, cómo serán de sometidos estos Estados de blancos y ricos del Perú y Chile: tienen problemas –a mi ver inventados por ellos para carrera armamentista, para que justifiquen que los países ricos nos vendan más armas– y se van a un tribunal de Europa para arreglar sus cosas. ¿Habrás visto a Estados Unidos resolviendo sus problemas en La Haya? ¿A Francia o Inglaterra arreglando sus diferendos y acatando fallos de Holanda? Eso jamás lo veremos porque esos países son independientes. No nuestro Perú y nuestro Chile actuales. […]

Hace 4 maeses salió la noticia que en Perú compraron tanques modernos, unos cuarenta, de 110 millones de dólares cada uno, y acá, la población se muere de hambre. Y a la semana salió que en Chile compraron unos 100 de tanques similares en calidad y precio.

Pero a los Mapuches les meten palo y lacrimógenas; y a los hombres de Cajamarca en Perú, hace tres días les meten palo, lacrimógenas y balas de caucho, caballería y cercos, por defender sus lagunas sagradas, una de ellas se llama Conga, lagunas que quieren vaciar –son cabecera de cuenca de agua para toda Cajamarca– para poner desechos de una mina que el Estado vendió a una transnacional sin permiso de los hombres de Cajamarca.


Manifestación de indígenas peruanos en defensa 
de sus derechos ancestrales (2009).
(Fuente: EFE / El Mundo)

Fíjate tú. Y, mira, hasta un gordo ex presidente del Perú llamado Allan García, un tipo que está cuestionado pues es autor intelectual de matanzas en los penales de guerrilleros y luchadores sociales rendidos del Perú, y cuestionado por robo de dineros sin cuento; este tipo se atrevió a decir que el país debe ser embanderado el día que el Tribunal de La Haya dé su veredicto.

Qué tal cuajo. Cómo si no supiéramos que exacerbar el nacionalismo a la larga lleva al fascismo. Y eso hacen los tipos de derecha, hacen fascismo y guerra civil, para prevalecer. Pero no nos engañemos. Ese Allan García del Perú no es sino muñecón de un partido peruano, la APRA (dice, como ironía: Alianza Popular Revolucionaria Americana) cuyo fundador, Haya de la Torre, se fue a la Alemania nazi a estudiar los métodos de propaganda de Joseph Goebbels, que aplicó con efectividad en el Perú. Por ello no nos debe engañar eso de embanderar el Perú; llamado que hace este tipo llamado Alan García.

Pero, para no apartarme de la lucha Mapuche o Araucana, en el punto 6, el Piñera también dice: “Estamos experimentando un problema de seguridad”. Eso es muy importante y se debe tomar con mucha seriedad. Que el Presidente de Chile diga eso a causa de las luchas de la Nación Mapuche o Araucana, es peligroso y terrible. Pero es peligroso y terrible para el Estado y Gobierno que oprime y mata de hambre al pueblo Araucano.


Manifestación en Santiago de Chile para reclamar
la libertad de los presos políticos mapuches.
(Fuente: Prensa Indígena, México)

Y yo te digo, querido poeta Cayupán, que me siento orgulloso de ustedes por ocasionar “un problema de seguridad” a los opresores de nuestro heroico pueblo hermano.

Pero no están solos. Así nos pongan fronteras y controles y en los medios de TV, radio y prensa y no sepamos nada de ustedes, y ustedes no sepan nada de nuestras luchas; algo se les filtra cuando nos llaman “terroristas”, “narcoterroristas” u otras palabras que se inventan para insultar nuestras luchas. Ustedes NO ESTÁN SOLOS.

Mira, mi querido poeta Cayupán, hermano Mapuche de la Araucanía. Acá siempre hemos luchado contra el opresor. Desde 1532, a hoy, 19 de enero de 2014, SIEMPRE HEMOS LUCHADO Y NUNCA NOS HEMOS RENDIDO. Y TE PROMETO: NUNCA NOS RENDIREMOS.

Manko Inca luchó 74 años, luego de la llegada de Pizarro y asesinato por estrangulación del Inca Atawallpa, luego que pagara rescate de cuartos de oro y plata. Y Manko Inka nunca fue vencido.


Las fuerzas de Manko Inca enfrentadas a los conquistadores 
españoles durante el sitio del Cusco (1536-1537), según
un 
grabado de la época.

Ya debes conocer sobre la lucha continental de Túpac Amaru II y su hermosa esposa la gran comandante de lucha armada doña Micaela Bastidas Puyucahua –mi paisana abanquina.

Después que botamos a los españoles, lamentablemente con San Martín y Bolívar, con quienes luchamos y dimos nuestra sangre por miles –carne de indio no vale nada, decían, solo para dar de comer a los perros– vino el domino franco-inglés, de 1821 a 1919, y seguimos peleando.

Cayó el dominio mundial de los de Inglaterra, y luego de la segunda guerra mundial, se metieron los norteamericanos acá, a Perú; y hasta ahora siguen matándonos, porque no nos rendimos ni nos rendiremos.

Ni nunca nos engañarán con fronteras, y patria y banderas, que la patria y bandera, acá lo sabemos, es la sangre y vida de nuestros hermanos, y la sangre y la vida no, NO TIENEN FRONTERAS.

Y te digo, mi apreciado Poeta del Mundo Cayupán, que la lucha del pueblo peruano sigue hasta hoy día, y que esa lucha es la de todos los oprimidos de América del sur. Siete regiones del Perú hoy están en Estado de Emergencia, y no es por nada.

Mira nomás, hoy domingo, en el periódico peruano La República, página 14, sección País / Política (antes lo ponían en la sección policial, nomás), sale la noticia titulada: “Sicarios al servicio del narcotráfico siembran terror en el Alto Amazonas”, y subtitulan: “Mafias al descubierto: agentes de Inteligencia PNP (es decir: Policía Nacional del Perú) afirman que obligan a jóvenes a dedicarse al cultivo de la coca”. “El jueves –es decir, hace tres días– 40 mafiosos se enfrentaron a la policía y secuestraron a un agente”.


Indígenas peruanos en actitud de defensa durante el Estado 
de Emergencia decretado contra ellos.
(Fuente: Desde abajo, Bogotá).

Ya te dije: cuando dicen narcotraficantes, narcoterroristas, etc., acá hay que parar la oreja. Allá el Piñera también le dice el mismo libreto: “El terrorismo y la delincuencia no van a prevalecer en la Araucanía”.

Bueno, acá, en esta nota periodística llaman “Sicarios del narcotráfico”. Ojo. El Perú es el primer productor de coca (nuestra HOJA SAGRADA) en el mundo, INSUMO PARA LA COCAÍNA, Y ESE ES UN SERIO PROBLEMA ECONÓMICO PARA EL PERÚ.

Pero hemos aprendido a leer entre líneas. La noticia de La República habla de: “sembrando terror” en el distrito de Santa Cruz en el Alto Amazonas – Loreto, “episodios violentos, registrados el jueves, hombres fuertemente armados abrieron fuego contra un grupo de la DIRANDRO” [2], “los mafiosos retuvieron por casi 10 horas al suboficial PNP Ronald Ríos Romero”. “Pobladores del Valle de Shishinahua y parte del caserío de Santa Gema (dicen gentes) están llegando de otros lugares, vemos que hay mucha gente extraña”.

Que la “DIRANDRO se ha enfocado en frenar a los narcotraficantes, cuya violencia podría ahuyentar a inversionistas y turistas”; que “operaciones policiales y militares son, hasta ahora, infructuosas para acabar con los narcos”; que solo en la cabeza del distrito de Santa Cruz “habría unos 40 sicarios a órdenes del narcotráfico”; que “la población de Santa Cruz, por intermedio de su gobernador, actuaron en forma muy rápida y con su desprendimiento y apoyo, más los refuerzo de la Marina de Guerra (el subrayado lo hago yo) se pudo rescatar al efectivo”. Y que en la zona del valle donde están los poblados de Alianza, Pampa Hermosa y el valle de Paranapura, “en ese valle, muchos indígenas Shawi han sido influenciados por los narcotraficantes”.


 Imagen de la violencia policial contra los indígenas en el norte 
de Perú durante un enfrentamiento que produjo 30 muertos 
y 113 heridos en abril de 2009.
(Fuente: El Universal)

Hasta aquí toda la información dice eso y bien podría ser verdad que se trate de traficantes de cocaína enfrentados contra los “custodios del orden” en Perú.

Pero, mi querido poeta Cayupán. Se les escapa la paloma. Sin querer ellos mismos te dan la información para aclarar las cosas. Dicen: “reconoció el general Vicente Romero, Jefe de la DIRANDRO –reconoció entre otras cosas– que la región Loreto puede convertirse en el nuevo VRAEM”.

Y ¿qué es el VRAEM, mi querido Cayupán? Es una zona de ceja de selva boscosa que antes se llamaba VRAE: Valle de los ríos Apurímac y Ene, que tiene la particularidad de estar enclavado en la zona donde se encuentran las siguientes regiones del Perú: Apurímac, Ayacucho, Junín y Cusco. No es una zona cualquiera. Cito: “La semana pasada hubo dos enfrentamientos armados de unidades militares con los senderistas del VRAE. El primero fue cerca de Rondayacu, en la provincia de Jauja. El segundo cerca a un caserío llamado San Isidro, en la selva alta de Tayacaja”. Es cita de un antiguo artículo aparecido en IDL-Reporteros, artículo del estudioso del fenómeno de la guerra popular en el Perú, periodista Gustavo Gorriti.

Ya todos sabemos que el llamado SENDERO LUNINOSO o SENDERISTAS es el Partido Comunista del Perú, en guerra bélica desde 1980.

Bien. Hace unos años, las fuerzas armadas peruanas y policiales, dirigidas directamente por los Estados Unidos, es decir, con personal norteamericano a la cabeza, decidieron aniquilar esa zona y finalizar la guerra en Perú. (Cada cierto tiempo deciden finalizar esa guerra y cada cierto tiempo dicen que la finalizaron, pero ya van para 34 años que la siguen finalizando.) Y entraron al valle con todo. Hay que puntualizar que en esa zona está Vizcatán, “El Faro”, según la terminología de los guerrilleros del PCP.


Un comando de Sendero Luminoso en las calles de Ayacucho.

(Foto © Gervasio Sánchez)
Entraron. Y ¿qué hicieron los maoístas? Aplicaron lo que ellos llaman CONTRACERCO. Salto de la pulga. Me atacan. Salto y voy a las espaldas de los que me atacan. Y expandieron su radio de acción hasta la zona de Huancayo en Junín, en el valle del Mantaro. A las fuerzas armadas y policiales y agencias de inteligencia del Perú no les quedó otra que agregarle la M de Mantaro, y ahora esa zona se conoce como el VRAEM.

Y ahora, un general del Perú, Vicente Romero, nos dice por el periódico que la zona de Loreto “puede convertirse en el nuevo VRAEM”. Y Loreto es gigante, mi querido Cayupán.

Y ¿para qué te cuento todo esto, mi muy apreciado poeta Araucano?: para decirte que NO ESTÁN SOLOS. Y QUE ESTA LUCHA DE LOS OPRIMIDOS NO VIENE DE AYER. Y QUE LA LUCHA ES CONTINENTAL, EN EL PATIO TRASERO DE LOS NORTEAMERICANOS QUE ES AMÉRICA DEL SUR ENTERITA.

Como parte de la información del periódico, al costado de una foto ponen este título: OCULTAN ARMAS, DROGA Y DINERO EN ‘HUACAS’: “se trata de una especie de búnker subterráneo”… que “les permite ocultar droga, armas de fuego, equipos de comunicación y sacos con dinero… Excavan grandes espacios y construyen pequeños túneles […], luego con mucho cuidado cubren el espacio con compuertas que luego son cubiertas con tierra y la propia vegetación de la zona, dándole un aspecto totalmente natural”.

Y yo me pongo a pensar con sorpresa: ESTOS MAOÍSTAS EN LUCHA ARMADA APRENDIERON BIEN LAS COSAS DE LAS LUCHAS DEL VICTORIOSO PUEBLO DE VIETNAM.

Paro aquí, mi querido Mapuche. Ya es 11h27pm. Tú sabes que trabajo de noche. No debo llegar tarde, porque si no me despiden y entonces, qué como y qué come mi familia.

Un abrazo a la distancia. Si puedes, muéstrales mi carta a otros Mapuches, para que sepan que no están solos. Ojalá no se pierda esta carta.

Mi madre y mis hijos te envían saludos. Mi esposa, cómo no.

Un fuerte abrazo.

Feliciano.

PS. Con el Poeta del Mundo Luis Arias Manzo, a quien de cariño yo le llamo el Kirguise, te envío esta cartita, para que no se pierda. Sabrás disculpar las fallas en la escritura. Feli.

Lima, 19 de enero de 2014.



La bandera mapuche, creada por Jorke Weke en 1992, con
la representación de los elementos simbólicos que la componen.

(Fuente: Fiestoforo)


[1] Cristian Cayupan Mora, poeta del mundo: http://poetasdelmundo.com/detalle-poetas.php?id=7246

[2] DIRANDRO es la sigla de la Dirección Ejecutiva Antidrogas de la Policía Nacional del Perú.


El texto de esta carta ha sido divulgado por la organización Poetas del Mundo en la última edición de su boletín en línea El Manifiesto. Para completar esta información, el transeúnte recomienda la lectura del artículo “Chile: mapuches, ¿los nuevos terroristas?” en Globedia.


25 julio 2010

La Iglesia chilena: su reino sí es de este mundo

El presidente de la República de Chile, señor Sebastián Piñera, reunido
con el presidente de la Conferencia Episcopal chilena, el obispo
Alejandro Goic Karmelic, y con el cardenal Francisco Javier Erráuriz,
arzobispo de Santiago, en presencia del Ministro Secretario General
de la Presidencia de Chile, señor Cristián Larroulet.

(Foto © Presidencia de la República de Chile)


Gaspar II, que ha dejado un comentario interesante a la entrada anterior de esta bitácora, ha tenido la gentileza de enviar al transeúnte por correo electrónico el texto íntegro del documento emitido el pasado 21 de julio por el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile, lo cual es muy de agradecer; documento que el transeúnte reproduce abajo.

La viñeta de Erlich que publica esta bitácora recoge el titular de la noticia publicado por el diario El País de Madrid el 22 de julio, titular que no hace en absoluto honor a lo que debería ser el buen periodismo, ya que no refleja estrictamente el contenido del documento, sino que hace hincapié solamente en la solicitud de indulto para los militares condenados por crímenes durante la dictadura pinochetista.


De un tiempo a esta parte, el transeúnte ha venido observando ciertas tendencias amarillistas en la hasta hace pocos años “prensa seria”, y opina que un titular como este tiende al amarillismo propio de un típico tabloide anglófono, sin duda con la sesgada intención de atraer lectores y vender más ejemplares, lo cual dice poco a favor de unos rotativos que, por diversas razones, han ido perdiendo la pretendida independencia deseada por quienes los fundaron. Se equivocan al tender hacia el sensacionalismo, porque lo único que consiguen es perder la fidelidad de sus lectores de toda la vida, entre los que el transeúnte se cuenta. La influencia de las empresas editoriales y los intereses de éstas pesan ahora demasiado sobre el trabajo de los redactores y, por ende, sobre el prestigio profesional de éstos como elaboradores y garantes de la información.

Aun así, al transeúnte le parece fuera de lugar que la jerarquía religiosa tenga la desfachatez de pedir el indulto para quienes secundaron a un dictador sanguinario y colaboraron a dejar un rastro de dolor en muchísimas familias chilenas, al tiempo que impedían que cicatrizara una llaga que afectaba a la credibilidad de las instituciones de un país que había tenido el honor de figurar entre los más democráticos de la América latina. Ya no se trata sólo de la jerarquía católica, pues según comenta Gaspar II al transeúnte, “al día siguiente de presentado este documento, la iglesia evangélica, la cual representa a un número no menor de chilenos que profesan alguna religión (15% aprox.), entregó una solicitud en términos muy similares a los de la iglesia católica”.

Que las iglesias velen por el respeto a sus fieles, a los humildes, a los derechos humanos…, entra (o debería entrar) sin duda en sus obligaciones. En cambio, que traten de intervenir en cuestiones propias de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial e inmiscuyan al mismísimo presidente de la República, es inaceptable, porque se arrogan el poder fáctico e influyente que siempre han pretendido tener. Y doblemente, además, por lo que respecta a la jerarquía católica, cuando es bien sabido que ésta se mantuvo a las órdenes del dictador, como la Iglesia de Roma ha hecho siempre con quienes, como ella misma, ejercen la intolerancia de los totalitarismos fascistoides: respaldó a Hitler y Mussolini, respaldó al dictador Franco y no reprobó la sangrienta y horripilante represión en Chile, ni la no menos terrible que poco después tuvo lugar en la Argentina, por citar sólo algunos casos.



El general Augusto Pinochet saludando al papa Juan Pablo II
a la llegada de éste a Chile en visita oficial, en 1987.

(Foto © biocrawler.com)

Prueba de ello es que permitiera que el papa Juan Pablo II visitara Chile en abril de 1987 y respaldara públicamente la dictadura militar impuesta por Augusto Pinochet (conviene no olvidar, precisamente ahora, que aquella polémica visita papal tuvo lugar a instancias de los obispos chilenos, que en una carta dirigida al pontífice el 16 de julio de 1985 decían textualmente: "Los Obispos de Chile solicitamos por unanimidad vuestra visita pastoral a nuestra patria"). Muestra de aquella estancia de seis días de Juan Pablo II en tierras chilenas son los videos –difundidos por los servicios de propaganda del régimen pinochetista– de la recepción del pontífice en el Aeropuerto Internacional Comodoro Arturo Merino Benítez de Santiago (1 de abril de 1987, ver aquí) y de la comparecencia de ambos mandatarios en el balcón del palacio presidencial de La Moneda para saludar al público congregado frente a él (ver aquí).*

* Llama ahora mucho la atención que el cardenal Roberto Tucci, encargado durante años de la organización de los viajes del papa Juan Pablo II, afirmara en diciembre de 2009, en una entrevista publicada por el Osservatore Romano, que “Pinochet engañó al papa Wojtyła” y que el dictador “lo hizo asomar al balcón del palacio presidencial contra su voluntad”. Vale la pena leer, en este sentido, lo que publica el Diario de las Américas el 23 de diciembre del pasado año. ¡Curiosos estos mensajes vaticanos, enviados con retraso y, sobre todo, cuando conviene a los intereses de la denominada Santa Sede!


Chile, una mesa para todos en el Bicentenario

I.- UN SIGNO DE CLEMENCIA

Como ciudadanos y pastores queremos comprometernos con los esfuerzos de nuestro país por la paz: tanto por la paz que se abre espacio en nuestros corazones, como por aquella que anhelamos para las familias y todos los habitantes de nuestra Patria. Sabemos que la paz es obra de la justicia, pero estamos convencidos que también contribuyen a ella el perdón y la misericordia.


Por eso tenemos que seguir avanzando, como país, por los caminos de la justicia social, aquella que se construye sobre los derechos humanos y cuya alma es la dignidad del hombre y de la mujer, de la familia y de los niños, de los jóvenes y los ancianos. No escatimemos esfuerzos ni medios en la conquista de la seguridad y la paz ciudadanas. Apoyemos decididamente el trabajo de los tres Poderes del Estado en su lucha contra la delincuencia.


Pero para construir la paz, también debemos recurrir a la clemencia y al perdón. Por eso, en el contexto del Bicentenario, apreciando la libertad que otorga el Estado de Derecho, los pastores de la Iglesia Católica queremos ofrecer una nueva colaboración, a nuestro parecer necesaria, en el ámbito de los derechos humanos. Nos referimos a los derechos fundamentales de quienes han sido condenados, y a un indulto que nuestra sociedad puede conceder como expresión de la actitud humana y enaltecedora que construye la paz ciudadana y ayuda a la reconciliación.


Con ese objetivo, en el mes de agosto de 2009, los miembros del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile, presentamos a la Excma. Señora Presidenta de la República, Dra. Michelle Bachelet, y en el mes de abril del presente año, a Su Excelencia el Presidente de Chile, don Sebastián Piñera, una reflexión titulada «Misericordia y clemencia: signos del Bicentenario. Petición de la Iglesia Católica de Chile». En ese documento expusimos los fundamentos para un posible indulto, precedidos de una introducción acerca del sentido del Bicentenario de Chile, celebrado en el hoy de nuestra historia, haciendo memoria agradecida del pasado y asumiendo compromisos que lo proyecten hacia el futuro.


Citando al Papa Juan Pablo II, señalamos que nuestro jubileo del Bicentenario quiere tener un significado positivo. «Al igual que la misericordia de Dios, siempre nueva en sus formas, abre nuevas posibilidades de crecimiento en el bien, celebrar el Jubileo significa también esforzarse en crear nuevas ocasiones de recuperación para cada situación personal y social, aunque aparentemente parezca irremediablemente
comprometida» («Mensaje Jubileo en las cárceles», nº 4).

En nuestro mensaje, con el aval de tantos hombres y mujeres creyentes que acompañan a quienes han delinquido, recordábamos que el Papa nos advertía que abstenerse de acciones promocionales en favor del recluso significaría reducir la prisión a una suerte de venganza social.


II- EL HORIZONTE DE NUESTRA PETICIÓN DE INDULTO


Los creyentes en Cristo recordamos que Él ha inaugurado una historia basada no sobre la indiferencia, ni sobre la venganza, ni menos sobre la guerra, sino sobre el amor hasta el extremo del perdón. Quisiéramos que esta historia, respetando el sentido de la justicia, alcance a las personas que están encarceladas. Por ello, quisimos compartir las siguientes reflexiones para solicitar a las autoridades del país, con ocasión
del Bicentenario, un indulto a personas privadas de libertad. Los recordamos brevemente:

1. El País del Bicentenario quiere ser un país desarrollado, por lo mismo, reflexionemos acerca de un sistema penal y carcelario más humano. Como la delincuencia es una preocupación constante de la ciudadanía, queremos promover aquellos valores y aquella forma de convivencia que la evitan. Entre ellos, debemos procurar la rehabilitación y reinserción social de quienes han causado quiebres y daños en la
sociedad por sus crímenes y delitos. En contraste con este propósito, muchos recintos carcelarios no procuran oportunidades verdaderas y suficientes de rehabilitación a los internos, incluso las nuevas cárceles. Por el contrario, sabemos que con frecuencia los recintos penales son un hábitat más violento y deshumanizante que aquéllos que favorecieron el desarrollo de la delincuencia. Tales ambientes, tampoco propician la conversión interior ni los deseos de cambio en las personas. «La cárcel –decía Juan Pablo II– no debe ser un lugar de deseducación, de ocio y tal vez de vicio, sino de redención» («Mensaje Jubileo en las cárceles», nº 7).

2. Prestémosles atención a los internos más débiles, a los que están gravemente enfermos o son adultos mayores. Para ello valoremos en su integridad los derechos humanos, especialmente el derecho a la vida, cuya conciencia es progresiva en nuestra Patria, pero aún insuficiente. Es imprescindible defender la vida, sobre todo la vida indefensa, ante quienes la amenazan; crear condiciones favorables para que se viva y se
trabaje conforme a la dignidad humana, y prestar especial atención a quienes, por estar en prisión, ven vulnerados sus derechos a una atención sanitaria apropiada o, incluso, a una muerte digna. Decíamos entonces que «la celebración del Bicentenario de la Patria puede ser un momento privilegiado para ejercer nuestra misericordia subsanando posibles distorsiones del sistema de justicia. En este contexto, comprendemos el enorme valor que tendría un gesto de clemencia hacia quienes, dentro del cumplimiento de sus penas, llevan un sufrimiento aún mayor a causa de su edad, salud y soledad».

3. Trabajemos para una promoción integral de los reclusos. En efecto, recordábamos que «si un sistema penitenciario busca sancionar un mal cometido con un castigo proporcional y, a la vez, rehabilitar al agresor para que se transforme en un bien para la sociedad, resultaría incomprensible no considerar acciones promocionales a favor del recluso. La prisión no tiene solamente un fin reivindicativo. En la legislación se contemplan rebajas de pena y estímulos para quienes, dentro de la normativa, demuestran un comportamiento apropiado y, pese a las dificultades y falta de oportunidades, cumplen con lo requerido por el sistema penal».


Por eso, en nuestra reflexión hacíamos un llamado:


a) A quienes tienen el conocimiento técnico y las facultades pertinentes, a promover integralmente la rehabilitación y reinserción de aquellos que, a pesar de sus condiciones vitales, muchas veces indignas, quieren salir del círculo de la delincuencia y la marginación del que hoy son parte.


b) A resolver definitivamente el drama de las cárceles de Chile: el estado estructural de un gran número de recintos penitenciarios, la superpoblación de los internos, las tensiones de convivencia marcadas por la agresividad y el temor, la discriminación y las luchas de poder, las dificultades y los conflictos que deben enfrentar quienes custodian a los internos, cuya magnitud la gran mayoría de los chilenos y chilenas desconocen.


c) A generar programas de acompañamiento hacia quienes salen de prisión y que muchas veces no descubren otro horizonte que la reincidencia, debido a la falta de oportunidades y al estigma que tienen que cargar.


4. Como comunidad eclesial estamos empeñados en que el Chile del Bicentenario se convierta, de verdad, en una «Mesa para todos»: mesa del pan, del trabajo, de la fraternidad, de la libertad, de la equidad, del respeto por la dignidad de cada cual. Este propósito nos obliga a fijarnos en quienes no están gozando de la mesa común, ya sea por los efectos del terremoto, por carecer de empleo, por vivir en la pobreza extrema, o bien, por ser jóvenes en situación de vulnerabilidad social. Todos tienen derecho a un puesto de honor en la mesa de todos. Entre quienes no son acogidos en la mesa de todos, están aquellos que llaman nuestra atención por estar privados de libertad.

Pedir un indulto que los beneficie, no es contrario al apoyo que damos al compromiso de las autoridades del país, que quieran velar por nuestra seguridad, luchando para que la delincuencia y el narcotráfico, con su alta cuota de violencia y muerte, no corroa el “alma de Chile”, y procurando una justicia pronta y eficiente para quienes atenten contra la integridad de otros chilenos, malogrando así los esfuerzos de lograr la paz y
el espíritu fraterno que debe caracterizar a la mesa para todos.

Pero sabemos que en Chile, también con los reclusos de diversos penales, tenemos una deuda que compromete el respeto por sus derechos humanos. No podemos tener cárceles inhumanas ni seguir permitiendo el hacinamiento, con toda su secuela de males. Se trata de personas humanas como todos nosotros. Es cierto, han cometido faltas, delitos y hasta crímenes, pero no por eso podemos negarles la dignidad que Dios les confirió desde el día de su gestación. El sólo recurso al encarcelamiento sin otras
medidas, como por ejemplo el trabajo remunerado para quienes caen en estas situaciones, no basta para que rediman sus vidas y puedan reincorporarse plenamente a la sociedad. En este ámbito tenemos una conversación pendiente como país.

III- EL INDULTO CON OCASIÓN DEL BICENTENARIO


Al presentar esta petición, no ha sido nuestro ánimo poner al Gobierno de Chile, ni al actual ni al anterior, en una situación de incomodidad ante la realidad de las personas recluidas y de las víctimas. El contexto de una sana laicidad reconoce las competencias propias del Estado y aquellas de las confesiones religiosas. Por esta razón, sólo presentamos algunas ideas que pueden enriquecer el espíritu y la práctica de nuestra convivencia y hacemos una petición, pero sin proponer un articulado de ley, tarea que corresponde a la autoridad política. Anhelamos que estas reflexiones sean discutidas por los ciudadanos y por nuestras instituciones, y que cada una asuma la responsabilidad que le corresponde.


En lo que se refiere a quienes están privados de libertad, dentro del respeto a la Constitución y a los Tratados Internacionales suscritos por Chile, solicitamos a las autoridades del Estado, en particular al Señor Presidente de la República y al Gobierno que preside, así como a los Honorables miembros del Parlamento, considerar y estudiar las siguientes proposiciones:


1. Que los condenados por sentencia ejecutoriada –con las restricciones que la autoridad competente considere prudente establecer como, por ejemplo, delitos de sangre–, que en los últimos años hayan tenido buena conducta en los recintos carcelarios, y no constituyen un peligro para la sociedad:


a. Puedan ver reducidas parcialmente sus penas privativas o restrictivas de libertad.


b. Además de lo señalado, que se conceda una reducción adicional a quienes tengan más de 70 años de edad.


c. Igualmente, que a las mujeres que tengan uno o más hijos menores de 18 años se les conceda también una reducción adicional.


d. Que a las personas condenadas privadas de libertad que padezcan alguna enfermedad invalidante, grave e irrecuperable, se les conmute su pena por otra, que no deba cumplir en las condiciones más aflictivas de la cárcel.


e. Que a los enfermos terminales, debidamente comprobados por la instancia competente, se les condone el saldo de las penas que les resten por cumplir.


2. Que se mejoren sustancialmente las condiciones de vida de quienes cumplen penas privativas o restrictivas de libertad, aumentando las horas de convivencia fuera de sus celdas, favoreciendo el trabajo remunerado y el acceso a la enseñanza, el deporte, la cultura, y al auxilio espiritual. A pesar de los esfuerzos realizados en diversos gobiernos anteriores, no se ha logrado satisfacer estas necesidades, requiriéndose hacia adelante decisiones urgentes que la autoridad competente debiera ir adoptando por el bien común de la sociedad. Asimismo, considerando las especialmente difíciles circunstancias del ambiente laboral en que se desempeñan, y en el contexto del conjunto de los funcionarios públicos, que se mejoren las condiciones de vida, de convivencia y de trabajo de los gendarmes y empleados por el sistema penitenciario; éstas irían en directo beneficio de la dignidad y rehabilitación de los privados de libertad.


3. Que se modifique la legislación que se refiere a las penas, en lo que atañe a los condenados de edad muy avanzada y a quienes estén gravemente aquejados de una enfermedad terminal. Proponemos que se les condone la pena o que puedan cumplir el resto de su condena junto a su familia o en instituciones asistenciales. Este cambio o condonación de la pena se concedería siempre, salvo que el organismo competente excluya este beneficio para un reo determinado por juzgarlo un peligro para la sociedad.


4. No sería completa la “mesa para todos” si no considerásemos en esta petición a quienes cumplen penas por delitos contra los derechos humanos cometidos durante el Régimen Militar. Es un tema que debemos poner sobre la “mesa de todos” para conversarlo con la seriedad que corresponde, especialmente en el Parlamento de la República. No olvidemos que no todos ellos tuvieron igual responsabilidad en los crímenes que se cometieron. A nuestro parecer no cabe ni un indulto generalizado ni un rechazo general del indulto para todo ex uniformado condenado. La reflexión debe distinguir, por ejemplo, el grado de responsabilidad que le cupo a cada uno, el grado de libertad con que actuó, los gestos de humanidad que tuvo y el arrepentimiento que ha manifestado por sus delitos.


IV- EN EL CAMINO DEL EVANGELIO: JUSTICIA Y CLEMENCIA


No somos nosotros quienes debemos dictar las leyes, pero creemos que podemos interceder para dar paso a la “justicia con clemencia” como connotados juristas lo han pedido en el pasado. Es decir, velando por el imperio de la justicia –nada más injusto que la impunidad– y salvaguardando el pleno imperio de los derechos humanos en materia de crímenes de lesa humanidad, creemos que se pueden dar pasos de
clemencia.

Sabemos que estas peticiones tendrán opiniones encontradas. Las respetamos, especialmente cuando vienen de personas que sufrieron en carne propia o en sus familiares más cercanos los delitos condenados. Sólo solicitamos dar el paso de pedir justicia sin ensañarnos en el castigo, que nunca puede reparar totalmente el mal causado. Y solicitamos también, hablando al corazón de cada uno, que consideremos de qué manera quisiéramos ser tratados si estuviéramos en la situación de los condenados, y con qué espíritu fraterno podremos construir el futuro de Chile si no somos capaces de hacer gestos decisivos de reencuentro y reconciliación.


Más allá de los ordenamientos jurídicos y de sus interpretaciones, el mismo Jesús nos enseñó con su testimonio y su palabra, que la lógica del perdón es la única que restaña las heridas, devuelve la confianza e inaugura tiempos nuevos para quienes tienen la valentía de concederlo y de pedirlo. Nos conmueve el solo hecho de pensar que Jesús clavado en la cruz de la injusticia, antes de morir, pide al Padre que perdone a quienes lo han crucificado.

Ésa es la lógica y la pedagogía que anhelamos para cada uno de nosotros y la gracia que pedimos por intercesión de la Virgen del Carmen, Madre de todos los chilenos y chilenas, sin excepción alguna, pero especialmente de aquellos que por diversas causas atraviesan horas de angustia y de dolor.

EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE


- Alejandro Goic Karmelic, Obispo de Rancagua, Presidente
- Gonzalo Duarte García de Cortázar, Obispo de Valparaíso, Vicepresidente

- Francisco Javier Errázuriz Ossa, Cardenal Arzobispo de Santiago

- Ricardo Ezzati Andrello, Arzobispo de Concepción

- Santiago Silva Retamales, Obispo Auxiliar de Valparaíso, Secretario General


Santiago, 21 de Julio de 2010


23 julio 2010

((SIN COMENTARIOS))


© ERLICH. El País, Madrid, 23 de julio de 2010.

04 marzo 2010

Post scriptum. Chile: realidad y esperanza


El transeúnte ha recibido hace pocas horas el texto que se permite reproducir. Sabe que su autor es un destacado periodista y profesor universitario en Chile. No quiere opinar sobre sus palabras, pues prefiere que sean los chilenos –y los conocedores de la realidad de Chile– que siguen esta bitácora quienes lo hagan sin escrúpulos, ya que ésta pretende ser, esencialmente, un espacio de libertad.

Realidad y esperanza se mezclan estos días en Chile: después de la tragedia llega la hora de asumir la realidad, y de ella ha de nacer la esperanza. Los chilenos han demostrado siempre su fortaleza de ánimo y su capacidad para salir adelante en los momentos más difíciles.


Se esté de acuerdo o no con sus opiniones, en el fondo de las palabras del profesor Wilson Tapia Villalobos se vislumbra la luz de un nuevo renacimiento de Chile, como se dio otras veces, como probablemente las circunstancias obliguen alguna otra vez a planteárselo.

Con respeto y solidaridad hacia el pueblo que sufre, el transeúnte les invita, pues, a leer este artículo y a comentarlo.



El nuevo Chile

Por Wilson Tapia Villalobos

Mucho dolor hay en esta nota. Dolor por las más de mil víctimas que se llevó hacia la inmensidad el desmesurado poder de la naturaleza. Dolor por la pequeñez humana, por su torpeza embadurnada de liderazgo, por lo esmirriado que hay debajo de tanta competitividad. Dolor que se transforma en esperanza al ver a tantos personajes anónimos que siguen pensando que la humanidad distingue cuando se da hasta que duela.


Las cifras son elocuentes. Al momento de escribir, el número oficial de muertos está detenido en 723. No hay aún información oficial de desaparecidos, aunque se estiman en muchos centenares, tal vez miles. Se calcula en dos millones los damnificados. Un millón y medio de viviendas afectadas. Para los aficionados a las comparaciones, el de la madrugada del sábado es el quinto sismo (8.8 grados en la Escala de Richter) de mayor intensidad que registra el planeta desde que las estadísticas comenzaron a interesarle a los norteamericanos. El costo estimado para Chile alcanza a los US$ 30 mil millones, con tendencia al alza. De acuerdo a la medición Richter, el terremoto que tuvo su epicentro en las cercanías de Cobquecura habría sido 18 veces más potente que el que asoló a Haití.


El desastre le ha dado una nueva cara a Chile. La geografía ha variado, tal como ocurre cada vez que la naturaleza nos golpea. Pero ahora el cambio es más profundo. Quizás si el manotazo cataclísmico sirvió para que lo viéramos en su atroz magnitud. Este Chile 2010 no es el mismo de antes. Es cierto que integra más avances tecnológicos. La inserción en la economía global es más profunda. Es reconocida su solidez económica hasta el punto de integrarlo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Tiene mejor conectividad vial y trata de ir a la vanguardia en comunicaciones. Pero las fuerzas tectónicas desatadas nos mostraron otras realidades. La primera, que pese a los avances, estamos lejos de encontrarnos en el nivel de desarrollo que muchos pretenden. La segunda son los efectos dejados por un terremoto anterior, de carácter moral.


Los asaltos a los supermercados fueron el indicio más reciente. Venía precedido de otros que no se quieren ver. Las ventas de las empresas estatales a precio vil fue un antecedente. Más cercano, la colusión de las farmacias. Y podrían sumarse muchos más, como los cobros abusivos por los servicios básicos, la práctica agiotista de los bancos, de las tarjetas de débito o de las multitiendas. Y si se quiere buscar referentes más amplios, está la propia crisis financiera global de la que aún no salimos. Si Bernard Madoff fue capaz de estafar US$ 50.000 millones, es difícil no comprender que estamos ante nuevos parámetros. Que los valores de antaño han saltado por los aires, aventados por un individualismo desenfrenado. Resulta indispensable abrir camino a una mutación valórica. Sin embargo, tal posibilidad la rechaza el pensamiento conservador que se refugia en añejos esquemas. Prefiere optar sólo por la represión para evitar abordar la realidad con nuevas herramientas.


Quienes detentan el poder económico abogan por legislaciones cada vez más severas para castigar los desmanes delictuales del lumpen. Pero se deja con sanciones menores o sin sanción, a quienes aprovechándose de su poder han transformado a Chile en uno de los diez países que peor distribuyen la riqueza en el mundo. Y hoy pareciera aceptarse sin chistar que el derecho de propiedad aquí es más importante que los derechos humanos.


El desastre que hoy nos conmueve es de magnitud aterradora. Hay miles de compatriotas que sufren. Hasta los que la ayuda demora en llegar. Pero, sin duda, la experiencia, por dolorosa que sea, servirá para que en una nueva oportunidad –que la habrá– estemos mejor preparados. Como ahora que, gracias a las construcciones antisísmicas, no tenemos que lamentar muchos millares de muertos.


Es imposible no reconocer que eso es un avance. Sin embargo, precisamente esto hace indispensable saber que la actitud dolosa de algunas constructoras cuyos edificios nuevos yacen en el suelo de varias ciudades del país, incluyendo Santiago, será castigada severamente. Tal como debiera castigarse la lenidad y la actitud abiertamente delictual de quienes construyeron las autopistas que colapsaron. Y saber como se sancionará a los responsables de la edificación de los hospitales de Talca, Parral o del recientemente inaugurado en Curepto.


Tal vez el terremoto de la madrugada del sábado nos trajo una oportunidad única para mirarnos profundamente. De saber qué haremos como sociedad para enfrentar este futuro incierto. Este porvenir en que el individualismo nos marca senderos viciados y peligrosos. En los que el éxito es la meta que reemplaza a la felicidad. Y la competitividad nos hace mirarnos como adversarios, en vez de miembros de un mismo equipo que tiene que trabajar de manera mancomunada. Pero para ello es necesario poner en marcha esquemas de valores que nos actualicen, sin perder por un instante la noción humanista que hace digna la vida. Una visión humanista integradora con la naturaleza, tal como con los otros seres humanos.


Sólo así será posible que el dolor nos sirva para crecer. Crecer como seres humanos, que es lo importante.


© de la fotografía inicial: Albert Lázaro-Tinaut.