21 octubre 2010

((SIN COMENTARIOS))


El enfrentamiento entre el gobierno y los sindicatos en Francia por
la nueva ley de pensiones.


© Raphaelle en Libération, 21 de octubre de 2010.

17 octubre 2010

¿Dónde está la grandeza de los pequeños países?

Billete de banco estonio de 100 krooni con la imagen
de la poeta Lydia Koidula (1843-1886; ved aquí).


El día 11 de este mes, el politólogo estonio Agu Uudelepp comentaba en el diario Postimees que la introducción del euro como unidad monetaria de Estonia, prevista para el 1 de enero de 2011 (un euro equivaldrá a 15,6466 coronas actuales), al margen de las polémicas que suscita en el país, supondrá la pérdida de una parte de la identidad nacional: los billetes de banco en krooni (coronas; EEK, según el código ISO), sobre todo porque en esos billetes se reproducen los retratos de algunas de las principales figuras de la cultura del país y son, por consiguiente, un medio de propaganda cultural.

Billete de 2 EEK, con el retrato
del eminente biólogo y geógrafo
Karl Ernst von Baer (1792-1876),
quien estableció las bases de
la embriología moderna.



Billete de 5 EEK, donde está
representado Paul Keres (1916-
1975), uno de los mejores
ajedrecistas de todos los tiempos.




Billete de 10 EEK, con la imagen
del folclorista, teólogo y lingüista
Jakob Hurt (1839-1907).





Billete de 25 EEK, con la figura
de uno de los escritores estonios
más populares y universales,
Anton Hansen Tammsaare
(1878-1940).



Billete de 50 EEK, con el retrato
del compositor Rudolf Tobias
(1873-1918).





La corona estonia sustituyó al rublo ruso-soviético el 20 de junio de 1992; mejor dicho, Estonia recuperaba con el kroon la unidad monetaria de la primera república, que había sustituido al mark (una corona equivalía a 100 marcos) y que desapareció en 1940, con la invasión soviética del país (un rublo se cambió entonces por 0,80 coronas).


Uudelepp propone que entre los numerosos espacios de memoria que hay en Tallinn, se dedique uno al kroon, y sugiere que sea en una plaza-parque céntrica de la ciudad: la dedicada al escritor A. H. Tammsaare, justo fuera de las murallas, ante la puerta medieval de Viru a través de la cual se accede, por la calle del mismo nombre, al centro histórico.


¿Qué es lo que caracteriza a los estonios en el conjunto de los Estados europeos?, se pregunta Uudelepp. “A nosotros también se nos plantea la cuestión de cómo poder sentirnos grandes como pueblo –viene a decir en su artículo–. No nos podemos considerar la cuna de la cultura occidental, como Grecia; nunca hemos construido un imperio ni hemos gobernado como los italianos, sucesores de los antiguos romanos, ni hemos sido una fuerza naval, como los británicos, en cuyo imperio jamás se ponía el sol cuando Isabel II accedió al trono. Los estonios tampoco ganamos grandes batallas, como los franceses o los venecianos, ni tuvimos un reino propio, como los polacos y los lituanos. También es difícil encontrar entre nuestros conciudadanos a grandes filósofos y científicos, como en el caso de los alemanes, que hayan sido decisivos para impulsar el mundo. ¿Qué nos queda, pues? Puesto que el deseo de grandeza también late en nosotros, los estonios, sólo tenemos la posibilidad de acogernos a la cultura. Nuestros poetas y nuestras grandes personalidades nos ayudan a definirnos como nación y a reforzar nuestra conciencia nacional”.


Efectivamente, la cultura, en todas sus manifestaciones, pero sobre todo en la literatura, el teatro y la música, ocupa un lugar de privilegio en Estonia y, pese a la crisis actual, está bastante bien subvencionada. Las grandes librerías de ciudades como Tallinn y Tartu dan fe de ello; los teatros y las salas de conciertos, repletos, son el mejor ejemplo. El número de museos, pequeños y grandes, es enorme en proporción al tamaño y la población del país (apenas 1.300.000 habitantes). La cultura es, sin duda, la gran fuerza de los estonios, su grandeza.


Una gran librería inaugurada recientemente
en un moderno centro comercial de Tartu.

(Foto: Albert Lázaro-Tinaut)

El que la moneda nacional, a punto de desaparecer, deje de ser un escaparate internacional en el que se expone lo mejor de la cultura del país, es algo que hace reflexionar a los estonios. Este apego al hecho cultural también debería invitar a la reflexión a otras naciones que, con o sin Estado, lo mantienen demasiado lejos de sus prioridades y provocan su estancamiento, sin tener en cuenta que si no se siembra, luego no se cosecha, y que ello lleva a la pobreza espiritual, a la decadencia.

Deberíamos tomar nota.

Haced clic sobre las imágenes para ampliarlas.


12 octubre 2010

((SIN COMENTARIOS))

Viñeta de J. R. Mora (2010).

03 octubre 2010

La multiplicidad intelectual de Cristiane Grando

Cerquilho durante las fiestas navideñas del año 2005.
(Foto ©Roberto Pontes Oliveira)

La brasileña Cristiane Grando (Cerquilho, São Paulo, 15 de enero de 1974) es poeta, traductora, investigadora literaria, fotógrafa, profesora –actualmente de lengua portuguesa y cultura brasileña en la Universidad Autónoma de Santo Domingo– y una mujer que desprende sensibilidad y simpatía a través de todas sus palabras. Por otra parte, como gestora cultural –otra de sus facetas– fundó y dirige desde 2004 el espacio cultural Jardim das Artes de Cerquilho, y desde 2009 el Centro Cultural Brasil-República Dominicana, en Santo Domingo. Si a todo ello añadimos que en 2002 fue laureada con la prestigiosa beca UNESCO-Aschberg de Literatura para jóvenes artistas, habremos completado bastante su cuadro biográfico.

Aunque una labor como la suya podría aplicarse a otras personas que siembran en el terreno fértil (aunque difícil y excesivamente desamparado) de la cultura contemporánea, el transeúnte quiere destacar, además de su talento, su gusto estético, que se refleja también en sus libros y sobre todo en los poemarios Caminantes (2004) y Fluxus (2005), este último magistralmente ilustrado por el artista y poeta chileno Leo Lobos, con quien alla colabora activamente desde que coincidieron en el Centre d’Art Marnay (CAMAC) de Marnay sur Seine (Francia). Esa estética está presente en Fluxus no sólo mediante imágenes plásticas, sino también visualmente en la distribución de los versos en las páginas, en esas “manchas” (como se denominaban tradicionalmente en la jerga de las artes gráficas las cajas de composición) que se diseminan por el libro a semejanza de seres vivos e independientes, pero que al juntarse forman el poema, lo cual es, sin duda, una propuesta personal para la lectura poética.

Además de los dos mencionados, Cristiane Grando ha publicado otros dos libros de poemas: Titã y Gardens. Como investigadora, ha dedicado grandes esfuerzos a difundir, sobre todo, la obra de la gran poeta brasileña Hilda Hilst (véase su breve ensayo sobre ella en Impedimenta).


Otra característica de los libros de esta mujer polifacética es su vocación por la multiplicidad lingüística. En Caminantes, por ejemplo, que se presenta también con el título Les flâneurs, los poemas aparecen en portugués, español y francés; Fluxus y Titã van más allá, pues a dichas lenguas se añade el inglés.


No será la última vez que el transeúnte se ocupe de Cristiane Grando y de su obra. Por el momento, tras esta imprescindible presentación, reproduce algunos de sus poemas, traducidos los de Caminantes y Fluxus por Leo Lobos, y los de Titã, por Espérance Aniesa.



De Caminantes


los amores de Edgar Allan Poe

Valéry admiraba a Mallarmé quien admiraba a Baudelaire

quien admiraba a Edgar Allan Poe quien admiraba a Virginia

la de cabellos negros como el cuervo.

Valéry murió después de haber proyectado el Ángel,
su última inspiración poética
Mallarmé buscaba “El Libro” esencial todavía

cuando encontró la Muerte

Baudelaire sufrió una larga agonía

antes de morir y ser enterrado

en el cementerio de Montparnasse en París
y Allan Poe se casó con Virginia

que murió a los 25 años



a mi padre,
in memoriam

yo te veo en el cielo, padre mío

ángel de alas frágiles


yo te veo en el río, padre mío

agua-viento que me baña en un sueño mágico


yo te veo en mi camino, querido padre

cóndor que vuela sobre el mundo


que mira a tu hija sobre la nieve

fulgurar


caminante en París

el promeneur du Luxembourg

y el ángel de rostro grave

atraviesan entre los amarillos

de las hojas del otoño

que habitan en los árboles

y en la tierra


luz y sombra de alas danzan en los abisales

y en el misterioso azul del viento


una ala mira el mundo

y la otra se mira a sí misma



Fragmentos de Fluxus


¿piensas

que estoy hecha

de carne, huesos, sangre?


no


soy viento, lluvia, fuego, nada


*

algunas veces

es bueno sentir hambre

para morir sólo después

de nostalgia


*

escribir puede ser un acto de amor

y también el suicidio
de las palabras
*

la muerte y su doble vienen

seducciones y misterios

marmuertemar

la muerte viene

la muerte que habita en mí

la muerte y sus ecos



De Titã



el amor


un tormento indomable
onda, tremor, tsunami

furor divino cuando el yo se astilla

para ser otro


blanco y bermejo se disuelven

en tierra, agua, viento, fuego


delirios de un ángel que alza el vuelo

con los auspicios de un demonio



Gustav Mahler


Como si dirigiese una sinfonía secreta el éxtasis de la velocidad en todos sus átomos arremolinándose en pensamientos rápidos en busca de una luz y de un espacio muchísimo mayor energía y poder de un ángel sin nombre y sin alas y de un demonio estelar en un reino inexplorado del infierno molto appassionato al allegro furioso y brutal en desesperada explosión casi infernal de pasión y dolor –monstruosa extravagancia en ondas de melancolía


…
…
…


…explosión desmedida del miedo …



génesis del poema


el poema nace

con la terrible simetría del tigre


temor y fascinación

de un poderoso animal cósmico


lo lanasciente de sus ojos

el ocre de la tierra en sus patas


el silencio pleno y profundo

lleva en el lomo el fuego sagrado













Cristiane Grando

caminantes / poesia em português e espanhol

les flâneurs / poésie en français

Tradução au espanhol: Leonardo Lobos Lagos

Marnay-sur-Seine, CAMAC, 2002-2003
(1ª edição, Santiago de Chile.

2ª edição, Cerquilho-SP, Brasil, junho de 2004)

50 páginas / ISBN: 956-299-025-7


Cristiane Grando
Fluxus

Ilustrações: Leo Lobos

Tradução ao francés: Espérance Aniesa
e Cristiane Grando

Tradução ao espanhol: Leo Lobos

Tradução ao inglés: Levana Saxon

Posfácio: Geruza Zelnys de Almeida

Cerquilho-SP, Ediciones Gato de Papel, 2005

ISBN: 956-299-779-0





Cristiane Grando
Titã

Espérance Aniesa, traducción / traduction

Angel Ortega, translation

Edición especial para la XII Feria Internacional
del Libro de Santo Domingo.

País invitado de honor: Brasil. 2007

108 páginas / ISBN: 978-9945-420-55-5






20 septiembre 2010

José Antonio Labordeta ya no camina despacio por los días…


José Antonio Labordeta ha muerto en Zaragoza esta madrugada, la del 19 de septiembre de 2010, día en que el transeúnte comienza a escribir este modesto homenaje a ese hombre que no ha sido únicamente un poeta, un cantautor, un político, un andariego, sino que, genio y figura, ha traspasado con la humildad y la dignidad que siempre le caracterizaron el umbral a través del que se llega a la auténtica libertad, aunque no aquella que él deseó tanto y reivindicó con la palabra y la voz.

El transeúnte, privilegiado una vez más, tuvo ocasión de estar presente en el multitudinario y emotivo homenaje que se le rindió en el monasterio de Veruela con motivo del IX Festival Internacional de Poesía del Moncayo, el último día del pasado mes de julio. De ello dejó constancia en La Nausea, ese río de cultura que hacen fluir sus buenos amigos Marian Raméntol Serratosa y Cesc Fortuny i Fabré (ved aquí su crónica).


Momento final del homenaje a J. A. Labordeta en la iglesia del Monasterio
de Veruela, el 31 de julio de 2010. De izquierda a derecha: junto a
la fotografía de Labordeta que presidió el homenaje, el cantante Paco Ibáñez,
el poeta Ángel Guinda, el cantante y guitarrista Luigi Maráez, la cantante
catalana Marina Rosell, el cantante aragonés Pablo Guerrero, el poeta
argentino Carlos Vitale y el poeta estonio Jüri Talvet, entre otras personas.

(Foto © Albert Lázaro-Tinaut)

Nacido en Zaragoza el 10 de marzo de 1935, “en el seno de una familia pequeño-burguesa e ilustrada; en mi casa igual se leía a Virgilio que a Lautréamont” –según dice él mismo en su “Autorretrato”–, José Antonio Labordeta, hermano del poeta Miguel Labordeta (1921-1969),
“supo mirar sin resentimientos hacia el pasado con la intención de entenderlo y de entender el mundo en el que se ubicaba, al mismo tiempo que procurando entenderse a sí mismo, y ese acto de introspección, individual y colectiva, es el que le permitió lanzarse hacia un futuro prometedor y superador tanto del pasado limitador como del presente limitado”, como afirma uno de los estudiosos de su obra, Mario Ruiz Arganda [1], quien añade que “la voz del poeta se convierte así en un testimonio, personal y colectivo, comprometido y solidario, de lo cotidiano”.
Caricatura de J. A. Labordeta por Gusi Bejer,
publicada en El Cultural (8 de febrero de 2007).


Comprometido y solidario son, en efecto, los adjetivos que mejor definen la personalidad de José Antonio Labordeta. Compromiso y solidaridad, además de sensibilidad y amor, son las cualidades que transmiten sus poemas, sus canciones, esa obra suya de la que se han apropiado legítimamente las gentes de su querido Aragón que tanto le quieren (así, en presente), como quedó de manifiesto en el homenaje al que el transeúnte ha aludido.

Eso lo refleja muy bien Antón Castro en el texto que escribió a modo de prólogo en la antología de Labordeta Mal de amor. Canciones [2] al referirse a sus años mozos, cuando en la década de 1950 participaba con su hermano Miguel y otros poetas en las reuniones de la Peña Niké de Zaragoza, cobijo de artistas, periodistas, escritores e idealistas, entre ellos Vicente Cazcarra (1935-1998), que más tarde sería secretario general del Partido Comunista de Aragón. Dice Antón Castro que José Antonio Labordeta “lucía ya bigote y la gallardía de un viejo campesino: cantaba alto y fuerte. Cantaba por todos: era voz, eco y estandarte. Era el profeta en el viento muy a su pesar, porque siempre se ha confesado inseguro de casi todo, un dudante que ni quería construirse una trayectoria ni sabía qué iba a hacer mañana”.


J. A. Labordeta en un acto político
a finales de la década de 1970.

Sin embargo, J. A. Labordeta –un cascarrabias irónico, como él mismo se definió– jamás compartió las supuestas virtudes del comunismo, sino que acabó decantándose por un socialismo de algún modo utópico, sin la menor sombra de leninismo: de esas ideas nacería, primero, el Partido Socialista de Aragón (1976) y, más tarde, la Chunta Aragonesista, por la que fue elegido diputado en Madrid los años 2000 y 2004.

En el Congreso de los Diputados demostró sus firmes convicciones democráticas, que le llevarían a enfrentarse verbalmente, en marzo de 2003, con los parlamentarios del Partido Popular –entonces en el poder, con José María Aznar como presidente del gobierno– cuando desde los escaños de esa formación política empezaron a burlarse de él; lo hizo espetándoles tres palabras contundentes que se han hecho famosas: "¡A la mierda!" (es interesante a este respecto el artículo que publicó más tarde Juan Cruz en el diario El País; véase aquí ese artículo y aquí, el vídeo de la célebre intervención parlamentaria de Labordeta).


Viñeta firmada por Carlos Azagra, publicada por El Periódico
de Aragón
, que alude irónicamente la intervención
de J. A. Labordeta en el Congreso de los Diputados
de Madrid el 5 de marzo de 2003 y, a la vez,
a su rechazo del régimen franquista.

“¿Cómo y por qué se hizo cantante?”, se interroga retóricamente Antón Castro en el prólogo citado, y explica que cuando el rey Juan Carlos le preguntó de dónde le venía eso de ser cantautor, Labordeta le contestó, no sin ironía: “Ya ve, de cantarles a las chicas de la Sección Femenina en un alberge de Canfranc” [3].


El presidente del Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias,
deposita la Medalla de Aragón, a título póstumo, sobre
el féretro de José Antonio Labordeta en la capilla ardiente
instalada en la Palacio de la Alfajería de Zaragoza.
(Foto: EFE / Heraldo de Aragón)

Poco más añadirá el transeúnte en esta crónica de urgencia: sólo transcribe los versos de tres de las canciones más populares de José Antonio Labordeta [4], convertidas por los aragoneses en auténticos himnos a su áspera tierra, acompañados de enlaces a sus respectivas audiciones.

Albada [audición]

Adiós a los que se quedan,

y a los que se van también.

Adiós a Huesca y provincia,

a Zaragoza y Teruel.


Esta es la albada del viento,

la albada del que se fue,

que quiso volver un día

pero eso no pudo ser.


Las albadas de mi tierra

se entonan por la mañana,

para animar a las gentes

a comenzar la jornada.


Arriba los compañeros

que ya ha llegado la hora

de tener en nuestras manos

lo que nos quitan de fuera.


Esta albada que yo canto

es una albada guerrera,

que lucha porque regresen

los que dejaron su Tierra.

(De Cantata para un país, 1979)


Banderas rotas [audición]


He puesto sobre mi mesa

todas las banderas rotas,

las que nos rompió la vida,

la lluvia y la ventolera
de nuestra dura derrota.


Rota permanece aquella

que levantamos al cielo

pensando que la justicia

crecería como un vuelo
de gaviotas en el mar

y vimos cómo al final

sólo nos quedó el recuerdo

de un mástil desarbolado
y unos jirones de tela

rotos por el vendaval.


He puesto sobre mi mesa…


Rota permanece aquella

que ponía libertad

y que aupamos convencidos

que al terminar la batalla

ésta íbamos a ganar;

pero todo fue una amarga

e inútil desesperanza

cuando vimos que las huellas

de los grilletes dejaban

duras marcas sin borrar.


He puesto sobre la mesa…


(De Trilce, 1989)



Canto a la libertad [audición]


Habrá un día en que todos
al levantar la vista

veremos una tierra

que ponga libertad.


Hermano, aquí mi mano,

será tuya mi frente,
y tu gesto de siempre

caerá sin levantar

huracanes de miedo

ante la libertad.


Haremos el camino

en un mismo trazado,

uniendo nuestros hombros

para así levantar

a aquellos que cayeron

gritando libertad.


Habrá un día en que todos…


Sonarán las campanas

desde los campanarios

y los campos desiertos

volverán a granar

unas espigas altas

dispuestas para el pan.


Para un pan que en los siglos

nunca fue repartido

entre todos aquellos

que hicieron lo posible

para empujar la historia

hacia la libertad.


Habrá un día en que todos…


También será posible

que esa hermosa mañana

ni tú, ni yo, ni el otro

la lleguemos a ver;

pero habrá que empujarla

para que pueda ser.


Que sea como un viento

que arranque los matojos

surgiendo la verdad,

y limpie los caminos

de siglos de destrozos

contra la libertad.


Habrá un día en que todos…


(De Recuento, 1995)



[1] José Antonio Labordeta: Hundiendo en las palabras la huella de los labios. Poesía y canción. Edición literaria de Mario Ruiz Arganda. Tarazona, Olifante, 2010.

[2] José Antonio Labordeta: Mar de amor. Canciones. Edición de Antón Castro. Tarazona, Olifante, 2010.
[3] La Sección Femenina fue una rama del partido Falange Española (el único tolerado por el régimen franquista, ya que era afín a su ideología), creada en 1934 por Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, y oficializada por el general Franco en 1937 para crear el Servicio Social de la Mujer, equivalente al servicio militar obligatorio para los hombres. Todas las jóvenes españolas debían pasar un período de instrucción en dicho Servicio para convertirse en “buenas patriotas, buenas cristianas y buenas esposas”. Esa obligación quedó derogada en 1977. En la localidad pirenaica de Canfranc, al norte de Aragón, había uno de los numerosos albergues destinados a las muchachas que cumplían el “Servicio Social”.

[4] Las letras de estas canciones están reproducidas de la edición de Antón Castro antes mencionada.


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14 septiembre 2010

Las “máquinas” de energía positiva y la irónica provocación de Mihael Milunovic

Mihael Milunovic con su obra Sucesión (2007),
en chapa de abedul y acero inoxidable.

El pasado día 10, el transeúnte tuvo el privilegio de vivir una experiencia extraordinaria: amablemente invitado por la Fundació Vallpalou de Lleida –creada en julio de 2008 por la pintora Teresa Vall Palou–, pudo permanecer todo el día en la sede de aquella entidad artística y convivir tanto con algunos miembros del Patronato (Teresa Vall Palou, Joan-Francesc Ainaud, Joan Marí) como con el artista que inauguraba aquella tarde su exposición Accumulate / Acumular, Mihael Milunovic, y el prestigioso historiador del arte húngaro Lóránd Hegyi, director del Musée d'art moderne de Saint-Étienne Métropole (Francia), que actuaba como presentador del artista y de su obra (es elogiable la tarea de L. Hegyi como divulgador del arte contemporáneo de la Europa central y oriental).

Fue una experiencia única para el transeúnte ver, mientras mantenía una conversación con él, cómo Milunovic acababa de montar sus objetos de cobre y vidrio –“máquinas buenas”, las denomina–, que poco a poco iban adquiriendo las formas con que las había concebido.

Las cuatro "máquinas buenas" de Milunovic.

Pese a que firma sus creaciones simplemente como Milunovic, Mihael Milunović (que es su nombre escrito correctamente con la grafía serbocroata) es un artista polifacético nacido en Belgrado en 1967, en el seno de una de las innumerables familias mixtas que se habían formado en la antigua Yugoslavia (padre montenegrino, madre croata y algo de sangre albanesa, dijo cuando el transeúnte le preguntó cuál consideraba que era su nacionalidad: “Soy belgradense; el país donde nací ya no existe, no me siento vinculado a ningún grupo étnico”). Se formó artísticamente en la Academia de Bellas Artes de la Universidad de Belgrado (1987-1995) y finalizó sus estudios de especialización en la École nationale supérieure des Beaux-Arts (ENSBA) de París cuando en 1995, después de la guerra en el espacio ex yugoslavo, se estableció en Francia. Ahora reside en Bruselas, aunque viaja con frecuencia a Belgrado y ha expuesto sus obras tanto allí como en otras ciudades de Serbia.

Pulmones mecánicos (2009),
tinta sobre papel.

Milunovic, que hizo su primera exposición individual precisamente en Belgrado, en 1995, y que más tarde ha presentado su obra en numerosos países, es un auténtico artista poliédrico. Después de haberse dedicado inicialmente a la pintura, ha experimentado con la escultura, el dibujo, la fotografía, las instalaciones, el sonido, el vídeo y los objetos –las “máquinas”–, y ha seguido una trayectoria muy coherente que, a primera vista, puede parecer difícil de interpretar, sobre todo a quienes no estén algo familiarizados con la historia y las diversas realidades político-sociales de los países que durante más de cuatro décadas estuvieron sometidos a regímenes comunistas.

“Tout pour moi devient allégorie” (‘para mí todo se hace alegoría’), afirmaba en su primera época belgradense, cuando aún se dedicaba a la pintura, siguiendo el motivo poético de Baudelaire cuando se refería a los viejos faubourgs parisinos, y permanece fiel a esa idea, aunque la alegoría inicial tenga ahora otros matices: la política, las ideologías, las religiones, el consumismo y, sobre todo, los símbolos, son severamente cuestionados en su obra más reciente, lo cual convierte al artista en un provocador, un crítico implacable de todo lo que nos rodea y que constituye la gran mentira global (para usar la terminología generalizada en nuestros días) con la que se manipula a las masas, tanto políticamente como potenciando los impulsos consumistas.

Instalación Límites (2007), chapa, cables eléctricos y neón.

Como dice muy acertadamente Joan-Francesc Ainaud en uno de los textos que aparecen en el catálogo de la exposición, en las obras de Milunovic podemos percibir un denominador común: “la transgresión de los límites y tabúes para establecer un diálogo crítico con su (y nuestro) contexto moral, filosófico e histórico”. Y eso se manifiesta en algunas de sus creaciones “mediante una deconstrucción subversiva de la simbología nacional (escudo, emblema, signo)”, simbología sobre la cual, y sobre el uso que hace de ella el poder político, apropiándosela, el artista ironiza.

Por eso, y con pretendidos efectos “taumatúrgicos”, Milunovic crea (siempre irónicamente, pese a aparentar cierta credulidad) y presenta por primera vez en esta exposición cuatro “máquinas buenas” de pequeñas dimensiones (unos 50 centímetros de altura; unos objetos que podrían equivaler a aquellos iconos o imágenes de santos portátiles en pequeños armarios hechos a medida, que en este caso son recipientes de vidrio transparente) y de funcionamiento simbólico: Captor, Acumulador, Generador y Conspirador. Todos ellos, según él, transmisores de energía positiva.

Conspirador (2010),
cobre, vidrio y aluminio.

Lóránd Hegyi se refiere, en el mismo catálogo, al radicalismo de Milunovic con imágenes y objetos que producen un impacto emocional en el espectador, pero insiste en el hecho de que también “lo enfrentan a incómodas y provocadoras referencias procedentes de la historia y la política, la religión y la mitología, los contextos ideológicos y el onírico simulacro de la vida cotidiana de las nuevas sociedades de consumo”, y añade que “evidentemente, él trabaja con narrativas típicas de las llamadas experiencias poscomunistas, narrativas que cobran una determinación específica en la situación postyugoslava y posiblemente sean aún más confusas debido a que al público occidental le cuesta seguir sin dificultad la sofisticada estructura de citas y referencias a la historia y la política contemporáneas de la Europa central y del Este”.


Presentación de la exposición durante el acto inaugural,
el 10 de septiembre de 2010. De izquierda a derecha:
Joan Marí, director de la Fundació Vallpalou;
Lóránd Hegyi; Joan-Francesc Ainaud, director
artístico de la fundación, y Mihael Milunovic.

Desde este reiterado punto de vista, precisamente, al transeúnte le parece interesante la aproximación que nos propone Mihael Milunovic a estas concepciones, que poco tienen que ver con los estereotipos que se nos han presentado a menudo de aquellas sociedades que hasta hace poco más de veinte años constituían la “otra Europa”; una parte considerable del continente que se aproxima a nosotros, con muchas dificultades pero decididamente, y que hemos de entender si queremos construir una Europa común, tarea todavía difícil, pero probablemente posible o, por lo menos, esperanzadora.


Mihael Milunovic
Accumulate / Acumular

Fundació Vallpalou
Calle Roger de Llúria, 2, bajos, Lleida
10 de septembre - 30 de octubre de 2010










Fotografías de Albert Lázaro-Tinaut.
Haced clic sobre las imágenes para ampliarlas.

13 septiembre 2010

((SIN COMENTARIOS))

© El Roto, en el diario El País, Madrid, 13 de septiembre de 2010.
.

27 agosto 2010

Ronda en el recuerdo y en su historia

El centro de Ronda. En primer término, la plaza de toros.
En el centro, el Puente Nuevo, y al fondo, el nucleo
antiguo de la ciudad.


El transeúnte intenta congregar recuerdos de su primer y único viaje a Ronda, hace ya la friolera de… cuarenta años. Se desplazó allí desde Sevilla –donde había sido destinado como recluta del ejército–, invitado por su amigo y compañero de confinamiento Juan Gil, con quien se ha reencontrado al cabo del tiempo gracias a las redes sociales que pueblan el ciberespacio.

En cuatro décadas, huelga decirlo, los recuerdos se hacen imprecisos, se extravían en los laberintos del cerebro, pero algunos momentos continúan gratamente frescos en la memoria de este transeúnte. El del autobús en el que viajaba, por ejemplo, que se iba desvencijando a medida que recorría a velocidad de mulo una carretera polvorienta, de asfalto raído y torpemente remendado, y que pareció quedarse sin aliento mientras ascendía con insoportable estrépito una cuesta en las proximidades de la localidad gaditana de Algodonales, cuyos contrastes de teja y cal asomaban al fondo del paisaje. El vehículo se detuvo en lo alto de una loma con el motor humeante, y hubo que apearse mientras el conductor, entre improperios y súplicas a la Virgen de su devoción, trataba de reparar una avería con la que parecía estar muy familiarizado ante la mirada de tres o cuatro hombres que observaban con curiosidad y las manos cruzadas a la espalda las entrañas de la vieja máquina.


Algodonales, en la sierra de Líjar,
al noreste de la provincia de Cádiz.

(Foto © Andalucian Adventure.com)



La larga espera, bajo un sol de justicia, propició, como ocurre en estos casos, y más en Andalucía, c
onversaciones espontáneas, chistes y chismes. No faltaban los amistosos ánimos al improvisado mecánico, seguidos de las inevitables muletillas (que suelen escandalizar al resto de peninsulares) inseparables del lenguaje local.

A pesar de todo, el viejo cacharro con su paciente conductor y “to’l ganao”, como decía una mujer sin edad que se encargó de animar la espera, llegó a Ronda. Fue una más de las experiencias de un viajero todavía no muy experimentado, pero no la primera. Al entonces joven transeúnte aquello le pareció muy auténtico, digno del “color local” que tanto había entusiasmado a los viajeros franceses de hace un siglo y medio. Sin duda, la reciente lectura del Voyage en Espagne de Gauthier influía mucho en las fantasías de aquel muchacho curioso y anheloso de pequeñas aventuras. Aquella Andalucía, donde el analfabetismo era todavía una sangrante lacra y la miseria una realidad palpable, representaba para él, bien educado en una Barcelona gris, aunque permanentemente activa en lo cultural, un mundo lleno de secretos cuyo descubrimiento le cautivaba, como le habían cautivado sus gentes desde que llegó allí, su hospitalidad, su generosidad, su desapego de lo superfluo siempre que no tuviera que ver con el fervor religioso (en el que los elementos paganos, heterodoxos y excéntricos saltaban a la vista) que hervía en su sangre.



Vista de las huertas de Los Molinos
desde el mirador de la Alameda del Tajo.

(Foto © spain.on-map.net)

Los recuerdos que el transeúnte conserva de Ronda son momentos, lugares, personas, emociones, una sesión de cine en la que se quedó dormido de puro cansancio, un sol que caía a plomo sobre los tejados, el “Balcón del Coño”[1], en el parque de la entonces llamada Alameda de José Antonio, ahora Alameda del Tajo (con su bello quiosco), que se asoma sobre las abruptas paredes del espectacular precipicio de más de 180 metros de altura sobre las huertas de Los Molinos. Tierras abruptas en las que camparon a sus anchas bandoleros y contrabandistas –como los famosos “Tempranillo” y “Tragabuches” –, algunos retratados por Gustave Doré, cuando en la primera década del siglo XIX Napoleón las amenazaba, y que no abandonaron su provechosa labor hasta bien entrado el siglo XX. El Museo del Bandolero es una institución en Ronda.

El bandolero José María “El Tempranillo”
(1805-1833) retratado por el pintor
británico John Frederick Lewis
a principios de la década de 1830.
De él dijo Prosper Mérimée: “En
España manda el Rey, pero en Sierra
Morena manda'el Tempranillo".


Y poco más allá del mirador, el Puente Nuevo (del siglo XVIII), sobre la garganta del tajo formada por el río Guadalevín, que une el casco antiguo con los barrios altos y que conservaba entonces un tipismo acorde con la leyenda mítica forjada por los viajeros románticos, ejemplificada por el mesón que ocupaba su interior, cuyo personal atendía vestido de bandolero. Y ascendiendo por la calle de Tenorio, con sus viejas casas colgantes que dan, por su parte trasera, al precipicio, se llegaba hasta otro magnífico mirador, el del Campillo.


Detalle del monumento a Rainer
Maria Rilke, en los jardines
del Hotel Victoria de Ronda.

(Foto © Miguel Borrego)


El transeúnte recuerda lugares que ahora le costaría mucho situar, con sus asnos, aguaderos, lavanderas y unos árboles aún jóvenes que apenas daban sombra. Recuerda su breve paseo hasta el lujoso Hotel Victoria, donde se había alojado Rainer Maria Rilke, en cuyos jardines se levanta hoy un monumento al poeta, y los paseos al caer de la tarde por el centro de la ciudad, que aprovechaban los jóvenes en busca de pareja para piropear y cortejar a las muchachas, que simulaban despreciarlos en ese universal juego de las seducciones. Y recuerda, cómo no, a una muchacha francesa que practicaba alegremente para nosotros un pícaro y muy ingenuo exhibicionismo sobre un banco, en una plazoleta desierta.


Los rondeños se sienten orgullosos de su plaza de toros, muy probablemente la más antigua del mundo (fue edificada en el siglo XVIII) y la que tiene el ruedo más grande. El ambiente taurino está muy presente en la ciudad, que se considera la cuna de la tauromaquia moderna, y goza de gran tradición. No en vano era rondeño el más histórico de los toreros, Pedro Romero (1754-1839), a quien retrató Goya con su hermano José.


Luis Cernuda en la Alameda de Ronda (1934).

No ha olvidado el transeúnte un aperitivo al que invitó a Juan y a unos cuantos amigos suyos junto a los mismísimos muros de aquella vieja plaza, con lo mejor de lo mejor, gambas y otros frutos de mar incluidos (un pequeño lujo para la época), y la sorpresa que tuvo cuando pidió la cuenta: no podía creer que todo aquel banquete regado con decenas de cervezas y algún fino costara menos de 40 pesetas de entonces (lo que hoy serían apenas unos 25 céntimos de euro). Pese a que por Ronda hubieran pasado personajes de la talla de Prosper Mérimée, Gustave Doré, Washington Irving, Rilke, el poeta Luis Cernuda, Dionisio Ridruejo (que estuvo allí desterrado en la década de 1940), Orson Welles o Ernest Hemingway [2], la ciudad estaba aún lejos de convertirse en la meta turística de nuestros días, uno de los lugares más visitados de Andalucía.


Ronda de noche.
(Foto © Perkins McQuail)

Estos recuerdos, a los que no va añadir más datos sobre la ciudad, fácilmente localizables en la Red, le sirven al transeúnte para referirse a la reciente publicación de un curioso libro: La historia de Ronda en versos, cuyo autor, Juan Antonio Ordóñez (rondeño de la cosecha de un año trágico: 1936) ha escrito en octavas y versos endecasílabos de rima asonante, a modo de romance. Sin pretensiones literarias, pero “sin caer en el uso de ripios ni de reiteraciones”, como dice en la carta que le escribió el erudito eclesiástico Gonzalo Huesa después de haber leído el manuscrito –y que publica póstuma a manera de prólogo–, Ordóñez relata la historia de la ciudad desde la época prehistórica hasta la actualidad, haciéndonos saber desde el principio algo que llama mucho la atención, y es que

Nuestro lugar bajo el mar
se encontraba en los comienzos,

cuando el mundo despertaba

de un largo y profundo sueño.


Hay fósiles en las rocas

y vestigios en el suelo

que demuestran que las aguas

cubrieron a Ronda en tiempos.


Restos de la ciudad Romana de Acinipo,
conocida como Ronda la Vieja.

(Foto © T. Hines)


Aunque el autor insista en que ha escrito el libro para los rondeños y para quienes conocen bien la ciudad, se trata, sin duda, de una rara curiosidad a lo largo de la cual se puede recorrer, así versificada, la larga vida de Ronda. El texto está ilustrado con numerosísimas fotografías en blanco y negro, algunas de indudable valor histórico, dibujos y mapas de situación, lo cual supone, sin duda, un rico valor añadido. Además, se destacan en negrita los nombres, topónimos y conceptos más relevantes.



Arco de Felipe V, que sustituyó
a una antigua puerta árabe
en 1742.
(Foto © Fernando / Picasa)

Tal vez Juan Antonio Ordóñez se haya sentido algo incómodo a la hora de narrar los tiempos más recientes (“El presente”) sin herir susceptibilidades, por lo que la obra pierde un poco de ritmo e intensidad a partir de la postguerra civil, es decir, cuando él era todavía un adolescente. Ello, sin embargo, no quita mérito al conjunto, que se lee con gusto y del que se obtiene mucha más información de lo que pudiera parecer. En este sentido, la obra es seria y honesta, y no estorba en la biblioteca del viajero inquieto.

No abundan las historias locales libres de toques eruditos y aparato crítico, por lo que este libro ofrece una oportunidad atractiva, amena, incluso divertida, a cualquier profano de conocer la historia de Ronda. Además, resulta una invitación simpática para ir a visitar aquella hermosa ciudad andaluza. Al transeúnte, por lo menos, se le han despertado las ganas de regresar allí, al cabo de cuarenta años.



Juan A. Ordóñez
La historia de Ronda en versos

Edición del autor, Ronda, 2010
236 páginas

ISBN: 978-84-614-1684-4

Precio de venta: 20 euros
Pedidos al autor: juorlopez@gmail.com







[1] Para quienes no conozcan el lugar, hay que aclarar que es la denominación popular de un mirador sobre la cornisa rocosa, desde el que se contempla un espléndido paisaje a los pies del promontorio, situado a más de 700 metros sobre el nivel del mar. La tradición sostiene que era frecuente que los visitantes exclamaran “¡Coño!” cuando se asomaban desde allí, por primera vez, al precipicio.


[2] Hemingway, muy amigo del torero Antonio Ordóñez (1932-1998), a quien seguía en sus giras, visitó con frecuencia Ronda. Welles, otro gran amigo de Ordóñez, quiso ser enterrado en la finca que éste tenía en Ronda y que hoy pertenece a sus herederos. Hemingway escribió: “Es a Ronda a donde habría que ir, si vais alguna vez a España a pasar una luna de miel o con una amiguita. La ciudad entera y sus alrededores son un decorado romántico”.


Clicar sobre las imágenes para ampliarlas.

22 agosto 2010

¿Abuso o manipulación?


El transeúnte se ve obligado a informar que durante los últimos días esta bitácora está recibiendo cientos de visitas desde un servidor situado en la localidad de Centerville, en el estado de Tennessee (Estados Unidos). Proceden, concretamente, del servidor AMAZON.COM, y ello se puede apreciar en las imágenes que se muestran, tomadas en el día de hoy (el transeúnte se excusa por su mala calidad; si se pincha sobre ellas, pueden ampliarse para ver mejor los detalles).



Es difícil entender las razones de este abuso, que podría considerarse incluso manipulación para incrementar (¿por qué?) el número de visitas desde los Estados Unidos, que se ha duplicado en tres días. El transeúnte cree oportuno poner en evidencia este hecho, que falsea el número total de visitas a esta bitácora (17570 desde la fecha de instalación del contador, el 6 de diciembre de 2009, de las cuales 1027 procedentes de los Estados Unidos, cuando hace cuatro días las del país norteamericano apenas alcanzaban las 500).

¿Qué extraños intereses se ocultan tras este importante flujo de visitas? ¿Se trata únicamente del capricho de un blogger? Si alguno de los lectores de esta bitácora ha tenido experiencias parecidas, se agradecerá que lo comente.


15 agosto 2010

Post scriptum. Prensa, humor y confusiones toponímicas


Un mes y medio después de haber escrito su comentario sobre las confusiones toponímicas, en el que ponía en entredicho la deontología periodística, llega a conocimiento del transeúnte a través de Le Courrier des Balkans una evidencia que, si no fuera porque afecta a un hecho trágico (el terremoto de Haití, en enero de este año) –e incluso a pesar de ello– debería convertirse en paradigmático de las malas prácticas de la profesión y de la falta de rigor de agencias de prensa y medios, que divulgan noticias sin contrastar su veracidad.

En su edición del 20 de enero de 2010, la web satírica en rumano Trombon publicaba la increíble noticia titulada “Romania a tramis ajutoare in Tahiti” (‘Rumanía ha enviado ayuda a Tahití’, ver aquí), firmada por Ionut –Ionut Fortea, uno de los redactores de la publicación en línea–, que reproducimos traducida:

"En Tahití se produjo ayer un incidente cómico, cuando un batallón de tropas de montaña de Rumanía provocó hilaridad en la paradisíaca isla de la Polinesia Francesa.

Debido a una lamentable confusión del Ministerio de Defensa, se cambió el destino de la ayuda para las víctimas del terremoto de Haití, de modo que un batallón de tropas de montaña y 2000 toneladas de alimentos, agua, mantas y medicamentos fueron enviados en dirección totalmente opuesta, es decir, a la isla de Tahití, situada en el Pacífico Sur.

'Me dicen que no hay necesidad de convertir esto en un espectáculo. Quiero decir que hay nombres que se parecen mucho: Haití, Tahití, Mahití, Papití [por Papeete], y ¡vaya mierda!, suenan igual', afirmó el ministro de Defensa, Gabriel Oprea, a times.ro.”

Ni siquiera la foto trucada (cosa que resulta muy evidente y que el transeúnte reproduce al comienzo de este Post scriptum) hizo sospechar a algunos medios de comunicación que se trataba de una broma de mal gusto. La “noticia” se propagó por casi todo el mundo, y hasta se hizo eco de ella el Canal+ francés de televisión, cuyo programa Édition spéciale bromeó sobre la incompetencia de las autoridades rumanas, pese a que el semanario Courrier International ya había advertido de su probable falsedad.

Y para muestra, otros tres botones: un video del canal de televisión mexicano Televisa (aquí), otro del canal boliviano eju.tv (aquí) y el de otra cadena televisiva hispana que se encuentra en Youtube (aquí). Una sencilla comprobación de la fuente de la información, cuya línea editorial es clara y utiliza, para más inri, la supuesta agencia times.ro, que imita astutamente el estilo periodístico del diario británico The Times, habría bastado, por lo menos, para levantar sospechas.

La escasa formación de las nuevas generaciones de periodistas parece no tener remedio. Ayer mismo, la versión digital del prestigioso diario barcelonés La Vanguardia informaba sobre el incendio que destruyó más de 1100 hectáreas en el municipio de Barjas, en la provincia de León: en el titular, la localidad castellanoleonesa aparecía con el nombre de la madrileña Barajas, error que no fue corregido pese a los diversos comentarios de los lectores. Alegarán, quizá, que la mitad de la plantilla estaba de vacaciones, o culparán de ello a un infeliz becario…

¿Ver para creer o leer la prensa para no creer? He aquí la cuestión.

Foto: Trombon / times.co.